¿Cuál falta de contrapesos? - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 13 de Julio, 2018
¿Cuál falta de contrapesos? | La Crónica de Hoy

¿Cuál falta de contrapesos?

Aurelio Ramos Méndez

Cegados por el resentimiento, fingidamente convencidos de la irrupción del castrochavismo, pero, en realidad, interesados en acaudillar sin pérdida de tiempo una oposición obcecada, a la venezolana, profesionales de la insidia están escandalizados por la supuesta falta de contrapesos para el futuro gobierno.

Con mal disimulada resignación, esos acechantes críticos examinan todo lo que hace o deja de hacer el candidato triunfante Andrés Manuel López Obrador, ya se trate de palpable incongruencia o de plena consecuencia con sus ideas y postulados de campaña. Como en la milonga: “critican si voy, si vengo o si fui”.

En apariencia, duros de persuadir, desdeñan y hasta tienen por indignos o convenencieros y traidores a quienes ya han depuesto su ojeriza, o han manifestado adhesión y hasta disposición de trabajo conjunto con el próximo gobierno.

¿A quiénes? En primer lugar a los dirigentes de las poderosas organizaciones del sector privado, los miembros del Consejo Mexicano de Negocios, del CCE, la Concamin y la Concanco, y en particular empresarios con peso específico propio como Carlos Slim y Germán Larrea.

Pero, también, a los miembros de la Conago, los ex candidatos presidenciales, ministros de la Corte, consejeros del INE, ex presidentes de la República, líderes de partidos, funcionarios del presente gobierno, y todos aquellos que han engavetado su antipatía y le han dado vuelta a la página de la contienda electoral.

En el puñado de tempraneros adversarios de un gobierno con la mayor legitimidad lograda en las urnas en muchos sexenios, se cuentan legisladores, periodistas, dirigentes políticos, directivos de ONG y colaboradores de las últimas campañas electorales…

Erigidos en rigurosos fiscales de la futura administración, aspiran reeditar en estas tierras el piquete de opositores inconciliables entre sí, a quienes sólo los une la inquina al gobernante, configurado por Henrique Capriles, Leopoldo López, Antonio Ledezma, Lilian Tintori, Henri Falcón y unos cuantos llaneros más.

Con semejante intención hablan de falta de contrapesos, algo que sólo el rencor o un afán tramposo les hace ver.

Fingen ignorar que en los últimos años los presidentes han  sido despojados de gran parte de los poderes constitucionales y políticos que en otras épocas los hicieron omnipotentes.

Obstinados como Gabino Barrera, el del corrido, aquel que nomás no entendía razones, han llegado —especialmente los periodistas—- al extremo de exhibirse a los cuatro vientos en lo profesional.

Si hasta el último minuto esos líderes de opinión —¿cuáles serán sus sensores de la realidad?— daban por muy probable la derrota del de Macuspana, no se han percatado de que, desde sus respectivas trincheras, ellos forman parte del conjunto de instrumentos de control institucional, social o político del poder, plenamente vigentes.

Si no están pensando colgar la pluma, son ellos quienes deberán hacer la valoración periodística —éticamente objetiva y sin obstinaciones— de los actos u omisiones gubernamentales. Tal como corresponde a la prensa en un régimen democrático.

Están, además, como poderosos contrapesos del obradorismo, los grupos de presión y de poder, las organizaciones empresariales, los sindicatos, la iglesia, las centrales campesinas, las incontables asociaciones civiles —cuyos mecenas, debe decirse, se hallan en el sector privado—, los gobiernos estatales y municipales…

Se escandalizan esos indomeñables opositores porque regresamos al carro completo. Consideran esta circunstancia no como algo conveniente, que le dará funcionalidad al Legislativo, sino como una desgracia nacional.

Potenciales émulos de Julio Borges, Henry Ramos,  Teodoro Petkoff y algunos más, advierten una peligrosa concentración de poder en un solo hombre, a quien ellos mismos se encargaron de colgarle el sambenito de propensión al autoritarismo.

Que no cunda el pánico. El 1 de julio, en efecto, cambió la correlación de fuerzas en el Congreso, el sistema de partidos, los tres órdenes de gobierno y quizá hasta en las representaciones vecinales; mas  en modo alguno esta modificación eliminó los contrapesos que, obnubilados por la animosidad, algunos no quieren ver.

No nos engañemos. La mayoría de esos tozudos opositores que posan de demócratas, ven cercano el riesgo de que los intereses económicos y políticos que abrazaron dejen de tener el control del Legislativo.

Nada garantiza las lealtades de nuestra clase política, ni la eliminación de la compraventa —con dinero contante y sonante o mediante prebendas— de votos, o el alquiler o préstamo de diputados y senadores para configurar mayorías artificiales.

Hay razones, sin embargo, para confiar en una mejor y más eficaz representatividad social del Congreso.

Por lo mismo, hay indicios también para avizorar el fin de perniciosas prácticas cuya consecuencia última se traduce en el hecho de que en nuestro país la élite encaramada en el poder ni siquiera ha tenido necesidad de violar las leyes, sencillamente porque es ella quien las hace.

Ante la cerrada fiscalización de quienes no le perdonan el triunfo aunque disimulan el resentimiento, el futuro gobierno está en la necesidad de no dar pie a la crítica sistemática y ponzoñosa.

Y esto sólo se evita con eficiencia gubernativa y propuestas y programas con amplio respaldo de la sociedad, sin ocurrencias ni palos de ciego. Algo de lo cual claramente carecen algunas de las iniciativas presentadas el pasado miércoles. Por ejemplo las concernientes a los medios de comunicación.

En octubre de 2015, López Obrador dijo en París, en la Casa de América Latina, que en México el grupo en el poder posee y controla la mayoría de los medios de comunicación. Cuidado.

Porque, a reserva de conocer detalles de los proyectos oficiales en este campo, vale advertir –por lo poco que ha trascendido— que a despecho de lo dicho por el ahora inminente gobernante, no se atisba una mayor democratización sino una mayor concentración de  medios en grandes conglomerados económicos. Veremos.

 


aureramos@hotmail.com

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