Las migraciones - Maria Elena Álvarez de Vicencio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 14 de Julio, 2018

Hoy se da en el mundo una intensa movilidad de población y encuentros entre personas de países diferentes. Las comunicaciones aumentan la notoriedad de los artistas, de los eruditos, de los deportistas y de los que luchan por la paz y la justicia. Unos y otros se transportan y se comunican con personas de los cinco continentes. La globalización de la economía obliga a los empresarios a trasladarse a todos los rincones del planeta y las empresas empujan a los obreros a desplazarse a los lugares en donde puedan encontrar trabajo.
Este movimiento internacional es favorable, pero no lo es el hecho de las migraciones, como la mexicana que viene de tiempo atrás hacia el vecino país del norte y la de los países que están emigrando a Europa por la guerra y por el hambre que azota en sus regiones.
Los países industrializados son un imán para la población de los países pobres, que intentan por todos los medios, adquirir mejores condiciones de vida y otros quieren escapar de la violencia que azota sus países. La guerra o las dictaduras, las persecuciones o los atentados terroristas, son causas de los desplazamientos de población y a ellas se suman los efectos del calentamiento climático y las sequias y los ciclones que provocan.
Los expertos aseguran que en el siglo XXI muchos hombres y mujeres tendrán que marcharse de su país de origen y adoptar, de forma provisional o definitiva, el carácter de extranjeros, lo cual no es fácil para ellos, hay dolor y sufrimiento ya que deben someterse a las leyes del país en el que vivirán, aun cuando no participen de su gestión y sin embargo, no dejan de ser hombres y mujeres como los demás, con aspiraciones y deseos, pero la miseria los azota con más frecuencia que a los otros.
Todas estas personas lanzan a su alrededor una silenciosa llamada de ayuda, la cual nos concierne escuchar a todos, ya que los extranjeros no sólo son nuestros prójimos sino que debemos vernos reflejados en ellos a nosotros mismos, ya que el destino es incierto y todos somos “extranjeros en potencia”.
México ha tenido una considerable migración originada por el deficiente desarrollo de sus zonas agrícolas, aumentada por la imposibilidad de obtener buenos salarios en las zonas urbanas debido a la deficiente capacitación de los solicitantes. Por otra parte, el envío de las remesas de los migrantes mexicanos ha sido de gran ayuda para paliar la pobreza de sus familias.
La presencia de extranjeros en una comunidad puede llegar a crear problemas, no por su procedencia sino precisamente porque son extranjeros y todos necesitan recibir un reconocimiento social para sentirse vivos; cuando no lo encuentran pueden intentar obtenerlo por medios violentos. Al extranjero les cuesta mucho más conseguir ese reconocimiento social, a menos que conviva con un grupo de compatriotas exiliados como él. Todo es difícil para los migrantes porque no manejan el idioma ni las prácticas culturales del país donde habitan; por esas circunstancias es fácil que el índice de delincuencia entre los extranjeros desfavorecidos sea más elevado.
México tiene ahora el problema de la migración —aunque sea de paso— de algunos países del sur y el de nuestros compatriotas mexicanos, que como migrantes en el vecino país del Norte, pagan muy alto el precio para satisfacer su deseo de mejorar.
Esperamos que esos países del Sur muy pronto superen las condiciones que están expulsando a sus ciudadanos y que los mexicanos, con el nuevo gobierno, encuentren aquí condiciones para su desarrollo y que su propósito de ir al extranjero sea por un deseo de superación y no de subsistencia.

 


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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