Integridad pública y auditoría superior - Sergio González | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 18 de Julio, 2018
Integridad pública y auditoría superior  | La Crónica de Hoy

Integridad pública y auditoría superior

Sergio González

Creo que en la moderna arquitectura institucional de integridad pública y rendición de cuentas, las entidades de fiscalización superior (EFS) son ejes fundamentales.

Dotadas de estructura, atribuciones, recursos y autonomía de gestión adecuados pueden vertebrarse en auténticos soportes de la legitimidad social del sistema político entero. Dye (exauditor general de Canadá) y Stapehurst así las califican en su ensayo Pilares de la Integridad: la importancia de las Auditorías Superiores.

En el texto, un clásico en la materia, alegaron que, definida por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, la gobernanza es el ejercicio de la autoridad económica, política y administrativa para gestionar los asuntos de un país en todos los niveles. Comprende los mecanismos, procesos e instituciones a través de los cuales los ciudadanos y grupos articulan sus intereses, ejercen sus derechos, cumplen sus obligaciones y median sus diferencias. Encuadra al Estado pero lo trasciende al incluir al sector privado y a la sociedad civil organizada y una de sus notas distintivas es la rendición de cuentas.

La corrupción, afirman, mina en sus cimientos la gobernanza moderna pues “libera” al funcionario de “comparecer” ante la sociedad y darle cuentas de su trabajo. Señalan que el papel de las EFS radica en ser herramientas importantes en la promoción de la integridad pública, la transparencia y la rendición de cuentas en el combate a la corrupción. Inclusive proponen una fórmula para explicar la corrupción:

C= M + D – A,T

En la fórmula, C es la corrupción, M es monopolio de poder, D es discrecionalidad, A es Rendición de Cuentas (Accountability) y T es Transparencia.

Es decir, la dimensión de la corrupción depende del tamaño del monopolio del poder y la discrecionalidad del funcionario en cuestión y sólo puede reducirse en la medida en la que crezcan la Rendición de Cuentas y la Transparencia.

Sin embargo, lo más interesante del texto tiene que ser el concepto de Sistema de Integridad Nacional, que retoman de Ibrahim Seushi, otrora presidente de Transparencia Internacional Tanzania, que describen como un conjunto de ocho “pilares” que se implican y referencian entre sí y sostienen la salud ética de una nación: voluntad política, reforma administrativa, Congreso, Sociedad informada y activa, Poder Judicial, Medios de Comunicación, Sector Privado, y Agencias de Vigilancia (Ombudsman y Auditorías Superiores). Cuando uno de estos pilares falla o cae, la carga se multiplica para el resto, poniendo en riesgo la estructura institucional entera.

Sin duda, el trabajo de las auditorías superiores brinda credibilidad a lo que el funcionario o gobierno respectivo hayan informado y proveen invaluables elementos de información y validación, o contradicción, revistiendo el ejercicio completo de rendición de cuentas de un soporte técnico dotado de razonabilidad pericial y, por lo tanto, de credibilidad.

Al potenciar la integridad, la transparencia y la rendición de cuentas por la vía preventiva, contribuyen sin duda a una mejora continua de la operación de procesos y programas de alto impacto social y, al mismo tiempo, impulsan una más clara percepción ciudadana sobre la productividad social, útil y oportuna de la que tanto requieren nuestras democracias modernas.

gsergioj@gmail.com

@Elconsultor2

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