Las 50 sombras de AMLO - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 20 de Julio, 2018
Las 50 sombras de AMLO | La Crónica de Hoy

Las 50 sombras de AMLO

José Fernández Santillán

El pasado fin de semana Andrés Manuel López Obrador, en conferencia de prensa, en su casa de transición ubicada en la colonia Roma, dio a conocer los ejes sobre los cuales se moverá su gobierno. Dijo que “son la suma de las principales acciones que de manera conjunta se van a llevar a cabo para acabar la corrupción y para que haya austeridad republicana en el gobierno”.

Entre las medidas que han llamado más la atención y que han provocado preocupación está la descentralización de las instituciones del gobierno federal. Justificó esta medida afirmando que cuando las ciudades concentran gran cantidad de población se incrementan los problemas. Puso como ejemplo los sismos que ha sufrido la capital de la República. Indicó que en la Ciudad de México podrían permanecer la Presidencia de la República y las secretarías de Hacienda, Gobernación y Relaciones Exteriores, en tanto que habría que sacar de la zona metropolitana a las demás. Por ejemplo: la Secretaría de Marina a Veracruz, Educación Pública a Puebla, Economía a Nuevo León, Comunicaciones y Transportes a San Luis Potosí, Pemex a Campeche; el SAT y la Administración de Aduanas a Tamaulipas y la Comisión Forestal a Tamaulipas.

Hay que tomar en cuenta que AMLO estudió la carrera de licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, la misma profesión en la que me gradué. Maestros como Julieta Guevara, Elena Jeannetti, Mario Martínez Silva y Alejandro Carrillo Castro nos enseñaron que para llevar a cabo un proceso de descentralización es necesario poner en práctica lo que los franceses llaman “el equipamiento del territorio”; o sea, se debe llevar a cabo un trabajo previo para dotar a las ciudades que van a recibir a esas instituciones de una infraestructura básica como la construcción de casas para los funcionarios y trabajadores, escuelas para los hijos de esa burocracia, centros de abastecimientos, transporte, vialidades, seguridad, comercios. En este desplazamiento también deben de entrar sectores como la iniciativa privada, las instituciones académicas y las organizaciones civiles. No se trata nada más de mandar al “aventón” a unas estructuras administrativas que requieren estar en coordinación con otros órganos del gobierno federal.

Ese es el problema de haber tardado quince años en terminar la carrera y haber acreditado varias materias mediante exámenes extraordinarios: cosas elementales que saben los estudiantes de nuestra carrera desde los primeros semestres, López Obrador no las aprendió. Las consecuencias de su ignorancia las vamos a pagar todos y especialmente quienes trabajan en el sector público.

Otra cosa que también ha inquietado a las personas que laboran en el gobierno federal es el anuncio de que el tabasqueño despedirá al setenta por ciento del personal de confianza. Actualmente hay 278 mil 293 servidores que entran en ese rango, el número de afectados, en consecuencia, serían 194 mil 805 personas (Pablo Hiriart, “Todo el poder al presidente…y a echar personas”, El Financiero, 17-VII-2018). De golpe y porrazo el hombre de Macuspana ha dispuesto poner en la calle a una cantidad enorme de jefes de familia con el argumento de la austeridad republicana. Lo mismo pasa con su ocurrencia de bajar el sueldo de la alta burocracia.

Lo que se hace para calcular esos sueldos, en países como Estados Unidos, es compararlos con los ingresos que reciben las personas en el sector empresarial con el propósito de que haya incentivos de que el Estado cuente con personal calificado y que no vaya a ser atraído por las empresas privadas. Si ya de por sí en nuestro país había una disparidad negativa para el sector público en términos comparativos con el sector privado, ahora con esta disposición hecha sobre las rodillas, la brecha se ahondará aún más.

A esto debemos agregar una cosa que también parece haber olvidado López Obrador: los servidores públicos necesitan estar bien remunerados con el fin de que no se inclinen a recibir sobornos o estén predispuestos a llevar a cabo malos manejos. Ese fue el motivo, por ejemplo, de que se les dieran ingresos de buen nivel a los consejeros del naciente IFE en los años noventa.

Son ahorros mal entendidos porque la descentralización del gobierno federal va a salir bastante cara y no va a resolver el problema del hacinamiento que ha experimentado durante décadas la zona metropolitana. Para eso se necesitan crear polos de desarrollo regionales (como también nos lo enseñaron en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM).

Su “austeridad republicana” parece seguir los cánones neoliberales del achicamiento del Estado. Entonces ¿qué pretende cambiar respecto de la política económica establecida por la “mafia del poder” que tanto combatió en sus discursos?

La estrategia parece moverse por el lado de no pensar en el Estado sino pensar en beneficio propio: concentrar el poder personal. Ese muestra ser el sentido de los llamados “coordinadores estatales.” Desaparecer las delegaciones gubernamentales y poner a un representante del gobierno federal (coordinador estatal) en cada una de las entidades federativas; o sea, una especie de virreyes.

Así tendremos un Estado débil y un Presidente fuerte: la clásica mentalidad del autócrata populista.

jfsantillan@itesm.mx

@jfsantillan

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