Varazo al avispero - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 21 de Julio, 2018
Varazo al avispero | La Crónica de Hoy

Varazo al avispero

Aurelio Ramos Méndez

Agitó el avispero la presentación por Andrés Manuel López Obrador de medio centenar de propuestas para combatir la corrupción y propiciar ahorros en el sector público federal, algunas de las cuales ya han empezado a ser combatidas con tenacidad y aun con virulencia, sobre todo la reducción de sueldos y la designación de sólo un delegado del gobierno central en cada entidad federativa.

El grueso de los planteamientos de este prontuario apenas esbozado, de un gobierno que está a cinco meses de iniciar, no está siendo valorado en sus méritos y ni siquiera de manera prejuiciosa, sino intencionalmente sesgada.

De la readscripción del Estado Mayor a la Sedena y la venta del avión presidencial, pasando por el traslado de dependencias a los estados, la revisión de contratos del nuevo aeropuerto y la suspensión de compras de equipos de cómputo el primer año, los proyectos han sido distorsionados, caricaturizados.

En lo tocante a la poda de emolumentos, como si una voz desde las alturas y al grito de Todos somos Fox hubiera instigado a la movilización, funcionarios, legisladores, ministros y otros servidores públicos salieron a tratar de obstruir la medida.

Defienden hasta con las uñas pensiones, sueldos, dietas, igualas, bonos de marcha, compensaciones y toda la gama de instrumentos con que la alta burocracia abulta hasta el insulto sus ingresos, con cargo al dinero de los contribuyentes.

Vigorosos pataleos se han dado incluso en las instituciones tradicionalmente más sobrias. El mismísimo presidente de la Corte, Luis María Aguilar Morales,  saltó a la palestra con una explicación reveladora.

Los regios sueldos en ese Poder del Estado, según su criterio, no son un beneficio personal de los jueces ni mucho menos privilegios inconfesables, sino condiciones necesarias, indispensables e ineludibles para un desempeño con verdad, libertad, independencia, imparcialidad, y para la emisión de fallos libres de influencias.

Más aún —según él—, para que todo aquel que se queje por justicia tenga un tribunal que lo escuche y lo defienda contra lo arbitrario, y nadie pueda doblar la vara de la justicia. Ámbito donde la venalidad —le faltó decir—es una extravagancia…

La reducción de sueldos de la alta burocracia fue planteada principalmente como medida para propiciar ahorro, no tanto como estrategia contra la corrupción; pero el Jefe Diego Fernández de Cevallos opinó que en modo alguno esa medida contribuirá a reducir la deshonestidad…

“Lo único que logrará con esos caprichos será un mal desempeño de servidores públicos”, dijo el ex legislador y litigante. Abonó así, entre una legión de opinantes, la argumentación de que bajos sueldos se traducen en mediocridad e incompetencia en un sector público sin competitividad, mientras en el privado refulge el cacumen pagado en oro.

¡Ni la más remota noción de lo que entraña el servicio público denotan esos críticos inamovibles en la aplicación de criterios estricta y únicamente financieros como medida de desarrollo personal, cívico y profesional!

La verdad de las cosas, nunca ha existido relación alguna entre sueldos, ya sean altos o bajos, y la eventual propensión del recipiendario a meterles mano a los recursos públicos. O a usar el empleo para enriquecerse ilegalmente. La corrupción —se ha dicho hasta el cansancio— es asunto de moral, no de economía.

Sostener que un sueldo modesto induce a la corrupción como una necesidad para completar ingresos, es ingenuidad. Y más candoroso aún —por decirlo con suavidad— es creer que ingresos hasta la estratósfera conjuran tentaciones de improbidad.

Establecer una relación sueldo-inmoralidad es creer con inocencia que cuando un funcionario ladrón ya ha resuelto sus apremios económicos, toma sin más la determinación de dejar de ser corrupto.

Como si, de pronto, ese funcionario se detuviera a reflexionar y verbalizara así su pensamiento: “He resuelto los problemas económicos que me atosigaban, ahora voy a dejar de robar”. ¿Alguien sabe que algo así haya ocurrido?

No nos engañemos. La realidad ha probado que servidores públicos de tal calaña un día superan —por vías lícitas o ilícita— sus dificultades; pero, lejos de meter freno, continúan sin límite la acumulación de riqueza. Alcanzan uno, dos o tres millones de pesos en demasía y continúan hasta alcanzar cien o mil o más millones.

En todo caso, ahora sabemos a golpe de crudo realismo y por confesión de parte, que en el Poder Judicial los fallos podrían ahora no estar libres de gérmenes de corrupción. Y que si los sueldos de jueces, magistrados y ministros bajasen de manera drástica, las resoluciones serán aún más sospechosas de falta de probidad.

En cuanto a la supresión de delegaciones, ¡quien lo creyera!, los mismos periodistas que trataron con infamante blandura a presidentes de la República que tuvieron en un puño a gobernadores y alcaldes, lo mismo que a mandatarios estatales erigidos en genuinos virreyes, se han metamorfoseado ardorosos defensores del federalismo para criticar a los súper delegados.

Basta hacer somero recuento de los cierres de medios de comunicación y despidos de periodistas por órdenes “del centro” y hasta asesinatos de líderes sociales –dirigentes del PRD incluidos--, en administraciones pasadas, para saber qué clase de atrocidades fueron consentidas por muchos de los ahora severos críticos de la centralización del poder y el presunto irrespeto a la autonomía de gobiernos locales.

Apologistas lo mismo de dedazos que de defenestraciones en gubernaturas y alcaldías, y hasta de abiertos fraudes electorales y concertaciones, ponen el grito en el cielo porque políticos oriundos del mismo estado podrán construir candidaturas desde la plataforma de delegados federales únicos, previsiblemente mangoneando congresos locales, montados en los gobernadores y fuerzas regionales.

Menos visceralidad y más serenidad se necesita para juzgar las medidas apenas bosquejadas. La mayoría de las cuales, en efecto, requieren ser ajustadas con sensatez para evitar pasar de la sartén a las brasas.

aureramos@cronica.com.mx

 

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