AMLO y Trump - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 24 de Julio, 2018

La carta que le envió Andrés Manuel López Obrador al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nos puede dar varias pautas de lo que será la relación del nuevo gobierno mexicano con su poderoso vecino del norte.

Para darle contexto a la carta, habría que ponderar al menos tres cosas, que tienen que ver con la visión dominante en Estados Unidos y, también, con la concepción de política exterior que, al parecer, predomina en el equipo de AMLO.

La primera está relacionada con la percepción en EU de la fortaleza del gobierno mexicano. En esta percepción, lo determinante son las encuestas de aprobación: Enrique Peña Nieto es visto como un mandatario débil, sin consenso social. Bajo la misma lógica, Andrés Manuel López Obrador es todo lo contrario: un político con un amplio consenso favorable y un colchón de popularidad que le puede durar bastante. Adicionalmente, EPN no cuenta con una mayoría en el Congreso, y la de AMLO es amplia.

Esto significa que López Obrador tiene un mejor apalancamiento en los ojos de los estadunidenses. Sus decisiones serán tomadas más en serio.

La segunda tiene qué ver con las campañas. En EU consideran que la corrupción en México tiene como fuente principal a los gobiernos, y en primerísimo lugar al federal. El énfasis del candidato AMLO de que haría un gobierno austero y combatiría la corrupción también tuvo efecto en Estados Unidos. A pesar de sus dudas acerca del pasado “izquierdista” del ganador de las elecciones, el del combate a la corrupción es un punto que también compraron los norteamericanos. Ya veremos qué tanto dura esa impresión, pero, por lo pronto, es algo que tiene a su favor el mexicano en la relación general con Estados Unidos.       

La tercera está relacionada con la concepción estricta de la Doctrina Estrada, de no intervención en asuntos de otras naciones, que prevalece dentro del equipo de López Obrador. En esta visión, los gobiernos no deben juzgar a los de otros países, ya que ello violaría su soberanía.

Si bien el ejemplo más conocido de la Doctrina Estrada es el mantenimiento de relaciones de México con la Cuba revolucionaria, a pesar de las presiones de Estados Unidos, invocarla en la actualidad puede servir por igual para callar los abusos contra los derechos humanos de parte de las dictaduras de Nicaragua y Venezuela que para no opinar acerca de los excesos xenófobos del gobierno de Trump, en Estados Unidos.

Todo esto nos lleva, por fin, al tema de la carta.

En primer lugar, hay que hacer hincapié en una obviedad aparente: está dirigida a Donald Trump. Eso significa que está pensada en el receptor de la carta. El problema —se verá— es que, como el contenido de la misiva es público, hay otros que se enteran, aunque no esté dirigida a ellos.

Se trata de una oferta de cooperación, en la que algunas de las posiciones están formuladas casi en forma de petición. Es el caso de la renegociación del TLCAN: el argumento de AMLO, que la incertidumbre que se ha generado puede frenar inversiones y dificultar su estrategia de gobierno. El tono es “ayúdeme a acabar rápido la renegociación”, y la oferta viene a continuación.

La oferta es reducir la migración de México hacia Estados Unidos, a través de un programa de desarrollo, generar condiciones para que la frontera norte de nuestro país sea un lugar económicamente más atractivo y colaborar (75% en combate a la pobreza en América Central; 25% en control fronterizo y seguridad) para que se frene el flujo de migrantes centroamericanos hacia Estados Unidos.

En el camino, López Obrador dibuja un panorama atractivo para las inversiones en el sur-sureste de México, que tendría dos virtudes a los ojos de la derecha estadunidense: oportunidades de negocio y freno a la migración.

Hasta ahí, todo dentro de los parámetros de una suerte de carta de buenas intenciones. Pero hay dos elementos que llaman la atención, sobre todo pensando que el mensaje a Trump también ha sido leído por otros actores políticos.

El primer elemento es el mensaje político del párrafo final, que es todo un guiño acerca de las afinidades entre ambos personajes políticos. “Ambos sabemos cumplir lo que decimos y sabemos enfrentar la adversidad con éxito”, le dice AMLO a Trump. En lenguaje trumpiano: “somos winners”. Y poco más adelante: “Conseguimos poner a nuestros votantes y ciudadanos al centro y desplazar al establishment…”.

Si la carta no hubiera sido pública, se entiende el deseo de encontrar puntos de convergencia entre uno y otro mandatario. Pero lo es. Por una parte, López Obrador se identifica abiertamente con Trump (que es algo que hubiera sido dañino durante la campaña); por la otra, en ese esfuerzo, coloca en el otro lado de la trinchera al establishment político estadunidense. En el juego de espejos, Hillary Clinton es el equivalente gringo de “la mafia del poder”.

Si la carta tal vez pudo haberle caído bien a Trump —al menos eso comentan sus allegados—, es seguro que su parte final le cayó en el hígado a la gran mayoría de los miembros del Partido Demócrata. Y México necesita también de una buena relación con los miembros de ese partido, tanto en el Congreso como en las ciudades y estados que gobiernan. La relación bilateral no es sólo con el gobierno.

El segundo elemento es lo que no está en la carta. No encontramos la más mínima defensa de los derechos de los mexicanos que viven en Estados Unidos (los que votaron, lo hicieron mayoritariamente por AMLO, dicho sea de paso). Ni una palabra de las políticas migratorias de Trump, ni una de los dreamers y nada de las familias separadas por la cruel política de Tolerancia Cero aplicada por el republicano.

Esperemos que ese silencio, ya ominoso, no sea parte de una interpretación estricta de la Doctrina Estrada. Y que AMLO recuerde que una cosa es ser amable y otra, muy diferente, es dejar de lado los intereses de nuestros compatriotas en el extranjero.

fabaez@gmail.com

www.panchobaez.blogspot.com

Twitter: @franciscobaezr

Imprimir

Comentarios