Una elección histórica - Voces de la UAM | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 25 de Julio, 2018
Una elección histórica | La Crónica de Hoy

Una elección histórica

Voces de la UAM

Pablo Xavier Becerra Chávez*

La jornada electoral del primero de julio culminó los trabajos de varios meses de organización de las elecciones. La misma noche de ese día conocimos las encuestas que ya adelantaban  el resultado final de la elección presidencial y los de las elecciones de gobernadores. Más tarde se dio a conocer el conteo rápido del INE que no dejaba lugar a dudas. Se confirmaban las tendencias que las encuestas adelantaron a lo largo de varios meses: el triunfo holgado, por más de treinta puntos porcentuales, como no se había visto al menos desde hace tres décadas, del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia (JHH) Andrés Manuel López Obrador.

Todas las especulaciones de las semanas previas, que anunciaban un gigantesco fraude electoral, se vinieron abajo en unos instantes conforme fluía la información. Los candidatos ubicados en segundo y tercer lugares reconocieron, apenas minutos después de cerradas las casillas, su derrota y el triunfo del ganador. De pronto parecía que vivíamos en otro país. Parecía cumplirse una de las características de la democracia: no sólo la certeza sobre quién es el ganador, sino, sobre todo, que los derrotados acepten su derrota.

Por supuesto, no hay que regatear el papel del INE en la calidad del proceso electoral. He criticado en otras ocasiones el nombramiento de los consejeros con arreglo a cuotas partidistas, pero debemos reconocer que organizó unas elecciones impecables, a pesar de los obstáculos que una y otra vez puso el Tribunal electoral.

Un elemento que enturbió el proceso electoral fue la utilización de la PGR para golpear permanentemente al candidato ubicado en el segundo lugar de las encuestas, Ricardo Anaya, con filtraciones permanentes. Curiosamente ahora no hubo ataques desde el gobierno contra el candidato puntero, lo que permitió que el propio López Obrador reconociera que el gobierno federal y particularmente el presidente Peña Nieto estaban respetando el proceso. Por supuesto, hubo intentos tímidos de ataques contra el puntero (como miles de llamadas telefónicas para denostar a AMLO), pero en lo fundamental la ofensiva gubernamental se dirigió contra Anaya, tal vez con el objetivo de permitirle al candidato oficialista ubicarse al menos en el segundo lugar.

Con todo, hay que reiterar que el esfuerzo del personal del INE, así como de varios miles de capacitadores y supervisores temporales, se tradujo en una jornada electoral impecable. Además el INE recontó en sus 300 órganos distritales alrededor de 75% de los paquetes electorales, debido a pequeños errores o inconsistencias que no ponían en riesgo la elección. Todo ello permitió que en unos cuantos días conociéramos los resultados de los cómputos distritales de las tres elecciones federales: presidencia, diputaciones y senadurías.

En cuanto a los resultados, destaca el hecho de que López Obrador alcanzó 53% de los votos en la elección presidencial, algo que no se lograba hace más de dos décadas, y obtuvo el triunfo en 31 entidades federativas, casi todo el país, con la única excepción del estado de Guanajuato, donde triunfó Ricardo Anaya. Este candidato, postulado por la coalición formada por el PAN, el PRD y MC, quedó en segundo lugar, a treinta puntos porcentuales del ganador. José A. Meade, candidato de la coalición formada por el PRI, el PVEM y PNA, fuerza gobernante hasta ese momento, cayó al tercer lugar, casi a cuarenta puntos del ganador, lo que constituye la peor derrota del partido que entre 1929 y el año dos mil fue el partido hegemónico en nuestro país.

Otro hecho que debe ser subrayado es el vertiginoso ascenso del partido Morena, que apenas obtuvo su registro hace cuatro años, a la condición de primera fuerza electoral del país. Por sí solo obtuvo el 44% de la votación presidencial y el 37% de la de diputados. La coalición que postuló a AMLO  se convertirá en la fuerza mayoritaria en las dos cámaras del Congreso de la Unión: con 43% de votos (diez por ciento menos que la votación para Presidente, debido al voto diferenciado) controlará 62% de la cámara de diputados y 54% del Senado. Paradójicamente, uno de los partidos integrantes de esa coalición, el PES, pierde su registro porque no alcanzó 3% de la votación válida emitida, a pesar de lo cual tendrá un grupo parlamentario de 55 diputados obtenidos por la vía de la mayoría relativa. A esta coalición le bastaría lograr el apoyo de unos 24 diputados de otros grupos parlamentarios para alcanzar la mayoría calificada en la cámara baja, indispensable para reformar la constitución.

Sin embargo, en el Senado la coalición JHH tendrá una mayoría menos acentuada (54%), por lo que costará un poco más de trabajo alcanzar la mayoría calificada por medio de alguna alianza. Además, la coalición lopezobradorista ganó cinco de las nueve gubernaturas en disputa, incluyendo la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México, que le arrebató al PRD, del cual proviene Morena, y seguramente tendrá mayoría legislativa en 17 congresos locales. Todo lo anterior permite pensar en la posibilidad de lograr reformas constitucionales impulsadas por la nueva fuerza mayoritaria.

La coalición que postuló a Ricardo Anaya se convierte en la segunda fuerza parlamentaria, pero a gran distancia de la primera, con 25%en diputados y 30% en senadores. El PAN se consolida como el principal partido opositor, mientras el PRD queda reducido a una condición marginal (4% en diputados y 6% en senadores), por debajo del PT y MC, antiguos aliados suyos.

Por el lado de la coalición formada en torno al PRI, el resultado fue verdaderamente desastroso. El PRI cayó al cuarto lugar en diputados (9% de la cámara) y al tercero en senadores (10% del Senado). De su condición de partido gobernante nada quedó pues no logró ganar ni una sola gubernatura, bajó de tener 203 diputados a apenas 45 y de 54 senadores a apenas 13, y en la mayoría de las legislaturas locales quedará reducido a una minoría. Se trató de una auténtica debacle para el partido que regresó a la Presidencia en 2012.Sin lugar a dudas, la política nacional cambiará sustancialmente, pero será materia de futuros análisis.

* Profesor-investigador del Departamento de Sociología de la Unidad iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolitana

Imprimir

Comentarios