Camboya vota en medio de la mayor represión desde Pol Pot | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Julio, 2018

Camboya vota en medio de la mayor represión desde Pol Pot

Dictadura. Hun Sen estuvo a punto de caer en 2013 tras unas ajustadas elecciones y unas protestas masivas que duraron meses, así que decidió no correr más riesgos: ha cerrado periódicos, asesinado activistas y destruido a la oposición para asegurarse la victoria este domingo

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Si se relaciona en el mundo a Camboya con algo, es con el genocidio que llevó a cabo el breve pero devastador régimen de Pol Pot y los jemeres rojos entre 1975 y 1979. Genocidio que incluyó el asesinato de unos 200 mil intelectuales y la aniquilación de las ciudades, que a su vez provocó la muerte por hambruna en el campo de más de un millón de los poco más de siete millones de habitantes del país.

Las agresiones de Pol Pot a Vietnam en la frontera motivaron la invasión vecina y la rápida caída del dictador. Lo que siguió fue otro régimen, esta vez títere de Hanoi y prosoviético, que se alargó hasta la caída de la Unión Soviética en 1991 y el plan de la ONU que derivó en la restauración de la monarquía y elecciones libres en 1993.

Pero hay algo que une todos estos períodos históricos hasta la actualidad. Mejor dicho, alguien: Hun Sen. El actual primer ministro camboyano formó parte de los jemeres rojos como jefe de batallón, y perdió un ojo en la toma de la capital, Nom Pen, en 1975. Luego se pasó al bando vietnamita, y en el nuevo régimen socialista ejerció como canciller desde 1979 y como primer ministro desde 1985 hasta las elecciones de 1993.

Fue entonces cuando el Partido Revolucionario del Pueblo de Kampuchea que había llamado a Pol Pot “traidor de la ideología socialista” se reconvirtió en el Partido Popular de Camboya (CPP) y Hun Sen se presentó a los comicios tutelados por Naciones Unidas.

Aunque en aquellos primeros comicios el CPP quedó en segundo lugar tras el FUNCINPEC, el partido monárquico que desde entonces dirige el príncipe Norodom Ranariddh, Hun Sen logró ser designado viceprimer ministro, y en la práctica fue quien ejerció el poder gracias a los altos funcionarios del antiguo régimen prosoviético que continuaban al frente de puestos clave del Estado.

Desde 1998, Hun Sen ha logrado ganar las cuatro elecciones que se han celebrado en estos veinte años, y no existe duda alguna de que en los comicios generales de este domingo, el dictador, aún provietnamita, de 65 años, volverá a imponerse. Si esto ocurre, y concluye su mandato en 2023, Hun Sen alcanzará 39 años en el poder.

Un inciso: en Camboya no existen los apellidos; al nombre de pila de la persona se le antepone el nombre de pila de su abuelo paterno para formar el nombre completo e indivisible.

LAS PROTESTAS DE 2013. La única vez desde entonces en que Hun Sen ha visto tambalearse su poder fue en las últimas elecciones generales, en 2013. Las acusaciones de corrupción endémica y la recesión económica iniciada en 2008 propiciaron que la oposición se congregara en torno al Partido del Rescate Nacional de Camboya (CNRP), fundado en 2012 por el carismático opositor Sam Rainsy, que pudo presentarse a las elecciones gracias a que recibió un perdón real días antes de la contienda, después de exiliarse en 2005 y ser condenado por cargos políticos en ausencia en 2010.

El resultado fue que Hun Sen obtuvo una ligera ventaja sobre el CNRP, lo que desató las acusaciones de fraude electoral, llevó a Sam Rainsy a boicotear la formación del Parlamento y derivó en masivas protestas que durante 11 meses exigieron la renuncia de Hun Sen.

El gobierno democrático de la vecina Tailandia apoyó las protestas, pero tras el golpe de estado militar de mayo de 2014, en medio de sus propias protestas internas, la oposición perdió ánimo y Sam Rainsy claudicó y accedió a ingresar en el Parlamento.

DESTRUCCIÓN DE LA OPOSICIÓN. Tras salvar el escollo, Hun Sen decidió que no podía volver a correr el riesgo, y a medida que se fueron acercando las nuevas elecciones, pisó el acelerador.

El 10 de julio de 2016, Kem Ley, un prominente activista y comentarista político, muy crítico con Hun Sen, fue asesinado a tiros en una gasolinería en Nom Pen, apenas días después de que denunciara la fortuna familiar del dictador, valorada en más de 200 millones de dólares.

Sam Rainsy acusó a Hun Sen de orquestar el asesinato, lo que le valió una condena por difamación, que fue leída en ausencia. Poco después, el líder del CNRP optó por exiliarse, puesto que, además, el régimen le revocó el perdón real concedido en 2013.

A inicios de 2017 Sam Rainsy optó por abandonar el liderazgo del partido para facilitar la preparación de la contienda electoral de este domingo, pero el 3 de septiembre del mismo año, su sucesor, y cofundador del CNRP, Ken Sokha, también fue arrestado y encarcelado, acusado de traición a la patria por, supuestamente, instigar a la revolución.

Finalmente, en noviembre pasado, Hun Sen culminó su obra, y el Tribunal Supremo camboyano decretó la disolución del CNRP, e inhabilitó por cinco años a 118 de sus miembros. La mayoría de ellos se han exiliado, sobre todo a Tailandia, donde la policía sigue instrucciones del régimen de Nom Pen para perseguirlos y, si los encuentra, regresarlos a Camboya.

ASALTO A LA PRENSA. Otro de los grandes frentes de Hun Sen para retener el poder a toda costa ha sido la guerra contra la prensa libre. En agosto de 2017, el ‘Cambodia Daily’, el mayor periódico independiente del país escrito en inglés, recibió la notificación de que debía 6.3 millones de dólares en impuestos, sin que de por medio hubiera auditoría o prueba alguna. Así, el rotativo se vio obligado a cerrar, y el 4 de septiembre publicó su última edición, bajo el titular: “Descenso hacia una dictadura absoluta”.

Poco después, Radio Free Asia se vio obligada a cerrar su oficina en Nom Pen después del arresto y encarcelamiento de dos de sus periodistas, Oun Chhin y Yeang Sothearin, acusados de espionaje. Para rematarlo, en mayo Hun Sen liquidó también la independencia del ‘Phnom Penn Post’, cuando el gobierno le reclamó también supuestas deudas de impuestos y forzó su venta a un grupo satélite del régimen.

FARSA ELECTORAL. Varias potencias internacionales, incluyendo a Estados Unidos y la Unión Europea, han retirado toda asistencia al proceso electoral. La campaña ha sido tan descarada a favor del CPP de Hun Sen que hasta oficiales de policía y del ejército han llamado abiertamente a votar por el dictador.

Además, el régimen ha prohibido una manifestación tras otra y Hun Sen llegó a avisar el año pasado que planeaba “eliminar a entre 100 y 200 personas”, e instó a sus opositores a “preparar sus ataúdes”. Además, el dictador amenazó con empezar una guerra si perdía las elecciones.

En las boletas habrá 20 partidos, todos ellos o bien satélites de Hun Sen, además de bufones varios. Así, lo que resta de la oposición ha tratado de sabotear los comicios, pero en junio el ente electoral, totalmente dependiente del gobierno, amenazó con enjuiciar a quien llamase al boicot.

Por si quedan dudas de lo que ocurrirá el domingo, el 25 de febrero se celebraron elecciones al Senado, y el CPP de Hun Sen ganó todos los 58 escaños.

 

 

Pie de foto: Hun Sen es un superviviente nato: Fue jemer rojo, luego dirigió el gobierno socialista, se transformó en demócrata y finalmente en dictador.

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