Las herederas, el filme que exhibió la homofobia del Senado de Paraguay | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 26 de Julio, 2018

Las herederas, el filme que exhibió la homofobia del Senado de Paraguay

Entrevista. Marcelo Martinessi comparte con Crónica los detalles de la cinta que hizo historia en la Berlinale, la cual narra las consecuencias del pensamiento represivo de la dictadura

Las herederas, el filme que exhibió la homofobia del Senado de Paraguay | La Crónica de Hoy

El pasado mes de febrero el filme Las herederas, de Marcelo Martinessi, se convirtió en la primera producción paraguaya en competir por el Oso de Oro de la Berlinale. No alcanzó el máximo galardón pero sí obtuvo dos Osos de Plata, incluido el de Mejor Actriz para Ana Brun y el Premio de la crítica internacional en una competencia en la que también estaban nombres como Wes Anderson, Gus Van Sant y el mexicano Alonso Ruizpalacios.

A su regreso a tierras paraguayas el Senado del País había organizado un homenaje para reconocer a los creadores por la hazaña fílmica. Primero fueron recibidos en el aeropuerto como estrellas de rock, pero al entrar al Congreso de su país no fueron aplaudidos, se cruzaron con una fila de legisladores del oficialista y conservador Partido Colorado paraguayo que salía para intentar bajar los ánimos, sólo unos pocos aplaudieron el logro de Martinessi y su equipo.

“Atentan contra la familia estas lesbianas partidas”, exclamó la senadora del opositor Partido Liberal, Zulma Gómez, una reacción a la historia de Chela (Ana Brun) y Chiquita (Margarita Irún) quienes llevan décadas como pareja en Asunción, que heredaron suficiente patrimonio para vivir cómodamente, pero a sus 60 años, el dinero ya no alcanza y la situación de ambas cambia.

“Lo que sucedió es lo que ocurre en todos nuestros países, que las autoridades no están preparadas, son mucho más conservadoras que el pueblo, que la gente. Entonces cuando se nos dio un reconocimiento en el Senado de Paraguay, gran parte de los representantes de partidos más conservadores, se salieron de la sala y una senadora en particular comenzó a gritar ‘lesbiana, no quiero que vengas acá’ a las actrices”, explicó Marcelo Martinessi, en entrevista exclusiva con Crónica.

“Creo que representan a los pataleos finales de un pensamiento de sociedad que está muriendo, es decir, aquella que es intolerante, la de un modelo que nadie quiere. A mí me sorprendió de inmediato pero con el tiempo me di cuenta de que de alguna manera es bueno que suceda porque esos pataleos dieron mucho de qué hablar sobre si tenemos en realidad a las autoridades que nos representan y replantearnos por qué insisten tanto en mirar al pasado y no al futuro”, añadió el realizador.

Las herederas, que inauguró la segunda etapa del Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF), representa ahora un filme emblema en la cinematografía paraguaya que tiene una industria en desarrollo. Martinessi entra en ella primero como cortometrajista con títulos como Karai Norte (2009), Calle última (2010) y La voz perdida (2016), hasta llegar a esta película que representa su opera prima y que surgió por la necesidad de hacer una reflexión sobre la herencia del pensamiento represivo que dejó la dictadura militar de Alfredo Stroessner:

“Viajo mucho fuera de Paraguay y cada vez que vuelvo tengo esa sensación de estar encerrado en una clase social, en lo que una sociedad espera de uno y eso me parece que limita mucho al ser humano, a partir de esa reflexión empecé también a escribir la historia. Creo que la película está marcada por la relación protección-represión que siempre hubo en Paraguay con el dictador”, explicó el cineasta.

“Nosotros tuvimos una dictadura militar de 35 años de Alfredo Stroessner, pero también una dictadura en la que la burguesía tenía un romance con el dictador, por eso duró tanto. Quería que esos elementos estén en la película como en consecuencia, esa gente ahora ya no vive en ese régimen opresivo, de repente no puede pensar o expresar sus ideas pero permanece debajo de la piel esa sensación tan fuerte de no poder ser y no tener libertad, y eso se ve muy fuerte en la película”, añadió.

La película también simboliza un reconocimiento a las historias femeninas que, el cineasta considera que son pocas en el cine, y cobra aún más trascendencia si uno considera que sus protagonistas simbolizan una resistencia ideológica de la diversidad sexual en uno de los países con mayor arraigo de la ideología católica, por lo cual se ha dado una recepción contradictoria entre los ejes de poder:

“Para mí era muy importante hablar del tiempo, que se sintiera en el rostro de los personajes, en sus arrugas, en sus cuerpos desgastados. Era muy importante y agradezco que las actrices me permitieran hacerlo con honestidad. La película se lanza en un momento en el que se habla mucho de la mujer, por las reivindicaciones naturales que tienen que ver con cosas que repercutieron en los últimos años”, comentó.

“Los procesos creativos no se pueden controlar. Tenía la necesidad de contar algo sobre mi país, sentía que debía hacerlo con mujeres por el rol que tienen en Paraguay. Son fundamentales en nuestra historia. Hemos pasado por muchas guerras y las mujeres fueron las reconstructoras de nuestra sociedad”, dijo.

Su punto de partida fueron las experiencias cercanas, “con base en los cortometrajes que había hecho, me di cuenta que siempre había contado historias más lejanas a mí, más rurales. De repente sentí una necesidad de echar la cámara a mi entorno más cercano, que es una clase social como una pequeña burguesía, con su enorme carga de decadencia y con sus dramas, por eso me pareció importante hablar desde ese lugar, con personajes, incluso marginales dentro de esa misma burguesía”, enfatizó.

“Cuando uno escribe, lo primero que se te viene a la cabeza son las voces que ya conoces. En este caso son cuestiones que me remontan a mi infancia, sobre mis tías hablando; yo me crie muy rodeado de mujeres y de esos personajes tomé muchas cosas puntuales. Están inspirados en gente que conozco porque me parecía importante que fuera lo más honesto y creíble posible. En el ejercicio de guion aprendí que los personajes no tienen un solo color, que pueden empezar a moverse en un tono gris pero con la idea de que uno pueda ir construyendo como espectador la imagen que tiene de ese personaje”, agregó.

Finalmente, el director expresa con entusiasmo que su filme forma parte de una ruptura de pensamiento latinoamericano y se refleja en el gusto del público: “En Paraguay la gente estaba preparada para la película. Así pasa con muchas películas latinas cuando llegan a sus salas de cine después de pasar por festivales importantes. Poco a poco vivimos una revolución de pensamiento que nos permite pensar en positivo”, concluyó.

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