Tusada a partidos - Aurelio Ramos Méndez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 27 de Julio, 2018
Tusada a partidos | La Crónica de Hoy

Tusada a partidos

Aurelio Ramos Méndez

El sistema de partidos, tal como lo conocemos, ya está desahuciado.  En pocas semanas les será retirado a las formaciones que lo componen el oxígeno que aún las mantiene artificialmente con vida. Eso anticipa la iniciativa de ley de Morena que propone reducir a la mitad el financiamiento público para esas pymes electorales.

Suman una veintena los proyectos acumulados en el Congreso, a lo largo de varias legislaturas, supuestamente con idéntica motivación a la radicada este miércoles en la Permanente por la diputada Alicia Barrientos.

La diferencia estriba en que el partido de Andrés Manuel López Obrador y sus aliados carecen de pretextos para incumplir, pues se hallan en aptitud —qué bueno, en este caso— de mayoritear la aprobación de su pretensión.

Sobre advertencia no hay engaño, podría decirse con razón si se repara en que, prácticamente desde su instauración, el sostenimiento de los partidos con dinero de todos ha sido motivo de indignación social.

La irritación deriva del abuso con el dinero. Ostensible hasta el punto de haberse  configurado en nuestro país la democracia más cara del mundo. Por fortuna hay razones fundadas para afirmar que esto se acabó.

Visto por el lado positivo, la medida servirá para reivindicar la mística, el compromiso de los militantes con su partido, traducido esto en trabajo de campo, talacha, ­horas de botear para recaudar fondos, ­repartir volantes, pegar carteles, perifonear, reclutar adeptos…

Se conseguirá por esta dura vía imbuir en esos militantes el amor por la camiseta y, a final de cuentas, evitar el acaparamiento de candidaturas por advenedizos, desclasados, beneficiarios del ­nepotismo, el amiguismo, el compadrazgo; logreros sin más mérito que el ser herederos del capital político de algún cacique, dirigente, coordinador, mandamás…

Se evitará que aspirantes a puestos de elección emigren avergonzados de sus partidos, en busca de candidaturas independientes, y que a esos institutos lleguen en paracaídas candidatos externos por una total indigencia de gente honorable.

Conmueve  la inocencia, real o fingida, de quienes suponen que sin dinero del erario público la actividad político-electoral —y, por consiguiente, el gobierno— quedará en manos del poder económico, y aun orillada a tener que aceptar dinero de la delincuencia.

Difícil probarlo; pero se necesitaría haber sido abducido por marcianos para no haberse percatado de que durante todo el tiempo que ha regido el ­financiamiento del Estado los partidos —o los políticos en lo personal—no han dejado de recibir ­dineros calientes. Práctica de la cual puede decirse lo mismo que de las brujas: no hay que creer en ellas; pero, de que existen, existen.

A lo largo del sexenio de Enrique Peña Nieto ha sido clamorosa la exigencia de austeridad, al punto de que el propio mandatario así lo reconoció desde el primer día de su gestión.

Conviene recapitular sobre este punto en prevención de lo que viene.

“Los gobiernos tienen la responsabilidad moral de ser medidos y austeros en sus gastos”, preconizó Peña Nieto en la última de sus 13 decisiones inmediatas anunciadas el mismo día de su ascenso al poder. ¡Lástima que nunca hubo intención siquiera de hacer corresponder las palabras con los hechos!

El Presupuesto de Egresos 2013 y el pomposamente llamado Decreto de Austeridad y Racionalidad en el Gasto del Gobierno de la República fueron confeccionados bajo la impronta del despilfarro.

Sonó a burla el que el referido Decreto contuviera 40 medidas específicas de austeridad y ahorro, entre otras, el recorte de plazas y la reducción de cinco por ciento en los sueldos de mandos superiores, e incluso que se promoviera la captación de agua de lluvia, el uso de paneles fotovoltaicos y hasta la adaptación de azoteas verdes en busca de ahorros en edificios públicos.

En honor a la verdad, sin embargo, resultaría mentiroso decir que aquel Decreto –aparecido en el Diario Oficial el 10 de diciembre de 2012— resultó en su totalidad una tomadura de pelo.

En su artículo 4° establecía que el Consejo de Seguridad Nacional determinaría las instancias específicas de este campo que, por la naturaleza de sus funciones, se podrían exceptuar de las medidas de austeridad y ahorro.

Se cumplió a cabalidad tal disposición. Hubo dinero a manos llenas, con nula fiscalización, para la Defensa Nacional, la Marina y la Policía Federal, encargadas de librar la inútil guerra contra el narcotráfico, entusiastamente recibida como herencia de Felipe Calderón.

El decreto de austeridad también anticipó una poda considerable a la alta burocracia. Nada. A decir de César Camacho entre el 2000 y 2012 el número de mandos superiores del gobierno federal subió 127 por ciento. Pasó de 4 mil 177 a 9 mil 498 puestos directivos.

¡Faltaba lo peor! El crecimiento hasta la estratósfera de los puestos de confianza, como estrategia de Calderón para debilitar el sindicalismo.

Y el IFE, encabezado entonces por Leonardo Valdés Zurita, pidió y obtuvo en 2013 —año no electoral— 11 mil 159.9 millones de pesos para financiar sus gastos y los chuchulucos de los partidos. Monto ya grotesco que, sin embargo, Lorenzo Córdova planteó inicialmente en ¡25 mil millones de pesos! ­para los comicios de 2018.

Por este camino los partidos pasaron de ser útiles, imprescindibles para la ­vida política del país, a entidades corruptas, irresponsables e intocables, perniciosas y hasta genuinas asociaciones para delinquir.

Frente a los partidos que han entrado y salido de la pista en las últimas décadas, la mayoría para una sola elección— entre los que se cuentan aberraciones como el Partido de la Sociedad Nacionalista, el partido del ferrocarril, el PST, el Humanista, Alternativa Social Demócrata y muchos más—, los anteriores a la primera reforma política aparecen como poderosas fuerzas sociales —el PARM, el PPS, el PDM, el partido del gallito.

Comenzó temprano la perversión. Cosa de nada más de recordar que hace veinte años, en su carácter de dirigente nacional del PAN, Calderón urdió la pantomima de devolver, por única vez, cheques destinados a su partido.

El cónyuge de Margarita Zavala hizo la única devolución supuestamente porque consideraba el financiamiento público “un exceso” y “una ofensa para millones de mexicanos que viven en la ­miseria”. Ya como Presidente, ni un dedo movió el ­michoacano para tratar de ponerle límite al indecente derroche de los partidos.

Ahora se anuncia una nueva tusada a los inmensos recursos partidistas. Bienvenida. Pudieron haberlo hecho por su cuenta y de manera gradual los partidos, pero se resistieron; ahora tendrá que ser a otro precio. Y a rascarse con sus uñas.


aureramos@cronica.com.mx

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