En México se hace buena ciencia, pero falta fortalecer a grupos: Sergio Revah | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Julio, 2018

En México se hace buena ciencia, pero falta fortalecer a grupos: Sergio Revah

Nuestros científicos. “La investigación en México se ha vuelto una cuestión relativamente individualista. Esto está relacionado con la manera como se evalúa a los investigadores en sistemas como el SNI, que premia el liderazgo en la publicación de artículos en revistas científicas arbitradas”

En México se hace buena ciencia, pero falta fortalecer a grupos: Sergio Revah | La Crónica de Hoy
El doctor Revah se ha especializado en la investigación de bioprocesos y usa bacterias para limpiar aire contaminado.

Cuando el investigador mexicano Sergio Revah Moiseev viajó a Francia, en 1986, para obtener su grado como Doctor en Bioprocesos, no se imaginaba que sus estudios sobre compuestos para aumentar el aroma y maduración de quesos le servirían, años más tarde, para atacar un problema que lo hizo famoso dentro y fuera de México: aprendió que algunos organismos microscópicos también sirven para eliminar los malos olores que generan algunas fábricas y depósitos de basura.

Originario de la Ciudad de México, platica con Crónica y cuenta que en su familia no había algún antecedente de personas dedicadas a la investigación, pues sus padres se dedicaron a la contabilidad y al cuidado del hogar, pero él considera que desde niño tuvo una curiosidad inagotable pues detrás de cada respuesta encontraba nuevas preguntas. Le gustó la química y la biología. Después vio que había ingresado a un campo muy amplio de trabajo por lo que hoy se describe a sí mismo como un investigador en Bioprocesos.

Ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010, en el campo de Tecnología, Sergio Revah acaba de ser nombrado como el primer Director de Apoyo a la Investigación de la rectoría general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), lo que significa que debe atender, ayudar y estimular colaboraciones entre los 3 mil 72 profesores-investigadores de la UAM, en sus cinco unidades: Azcapotzalco, Cuajimalpa, Iztapalapa, Lerma y Xochimilco. Entre ellos, mil 163 son miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

“La investigación en México se ha vuelto una cuestión relativamente individualista. Esto está relacionado con la manera como se evalúa a los investigadores en sistemas como el SNI, que premia el liderazgo en la publicación de artículos en revistas científicas arbitradas. Nosotros pensamos que se tiene que respetar el impulso creativo y la libertad de cada investigador, pero también que hay muchas oportunidades para enfrentar retos más complejos formando grupos interdisciplinarios, como lo hemos vivido en Biotecnología Ambiental, donde hemos formado grupos de expertos en energía y en tratamientos de suelos, aire y agua, que antes trabajaban separados y ahora tienen proyectos e infraestructura en común”, cuenta Sergio Revah en sus oficinas de la sede de rectoría de la UAM, en la zona de Tepepan, en el sur de la Ciudad de México.

LIMPIAR EL AIRE CON BACTERIAS. Cuando estudió Ingeniería Química en la UNAM, Sergio Revah, se interesó en los procesos de transformación de la materia por medio de microorganismos. Era muy joven cuando fue invitado e ingresó a trabajar como profesor asistente en la UAM-Iztapalapa, en enero de 1976. En ese momento la UAM era también una nueva alternativa para estudios superiores pues abrió sus puertas en 1974. Ahí comenzó a labrar su carrera en el campo de Bioprocesos.

En 1978 salió del país para obtener el grado de Maestro en Ciencias en Tecnología de Alimentos por la Universidad de California-Davis y posteriormente, en 1986, fue a Francia, donde obtuvo el grado de  Doctor en Bioprocesos por la Universidad Tecnología de Compiègne. En esa estancia en Francia, trabajó en el tema de mejorar el aroma de los quesos y ayudar, con procesos biotecnológicos, a acelerar la maduración de esos alimentos lácteos, para que ésta se redujera de semanas a días.

“Ahí aprendí también una nueva manera de valorizar la investigación, vinculándola al sector productivo, pues mi director de tesis era un investigador muy pragmático que trabajaba muy cerca de la industria y sabía la importancia de la transferencia de tecnologías y el patentamiento”, explica Revah, es un hombre alto, de movimientos apacibles con las manos y con una profunda mirada de ojos café claro.

Revah inició su carrera académica en la UAM en trabajando inicialmente con proyectos en procesos biotecnológicos en alimentos y posteriormente en aplicaciones al mejoramiento ambiental.

Nacido en 1953, el profesor-investigador de la UAM cuenta con varias patentes que han sido usadas por la industria, por ejemplo, creó un filtro biológico que utiliza bacterias para destruir algunas moléculas asociadas a malos olores, llamadas  compuestos reducidos del azufre, como  el ácido sulfhídrico (H2S).

Debido a que el aire tiene características diferentes al agua no se puede simplemente liberar estos microorganismos en el ambiente y esperar que limpien el aire contaminado con malos olores. La solución que diseñaron los científicos universitarios fue desarrollar biorreactores por los cuales debe cruzar la corriente de aire contaminado y adentro están los organismos vivos microscópicos creciendo sobre soportes plásticos y transforman el H2S para que salga aire limpio.

“Para darnos una idea de la eficiencia de estos sistemas, le puedo contar que hemos trabajado con emisiones de ácido sulfhídrico en bajas concentraciones, pero que son muy detectables por nosotros los humanos, por ejemplo concentraciones menores a 10 partes por millón, en reactores alcalinos, en donde el aire pasa a través del reactor en pocos segundos, que son tiempos muy rápidos para sistemas biológicos. Un reactor de mil litros, podría tratar 30 mil litros por minuto de aire contaminado”, añadió el doctor Revah, quien, entre otros cargos, se desempeñó como director de la División de Ciencias Naturales e Ingeniería de la UAM- Cuajimalpa.

Estos filtros de aire o biorreactores son pioneros en su tipo, no sólo por la esponja plástica que los soporta sino por el tipo particular de bacteria que purifica el aire y elimina los malos olores.

“Originalmente esta línea de investigación surgió para atender las necesidades de una empresa que fabricaba productos de celofán y rayón y que desprendía un aroma muy desagradable, como de huevo podrido. Esto lo abordamos con biotecnología y de aquí surgió una primera patente, registrada en Estados Unidos. Posteriormente, hemos hecho varias aplicaciones para muy diversos contaminantes”, añade.

Desde su punto de vista la ciencia del futuro debe ser, además, colaborativa, pues se generan aportaciones de grupos que están avanzando en caminos paralelos y muchas veces se desconocen entre sí.

“Ésta es una tarea que queremos abordar desde la nueva Dirección de Apoyo a la Investigación de la UAM, que la comunidad de investigadores se conozca, sepa lo que están trabajando y así se aborden proyectos más amplios. Queremos que la investigación de la UAM esté más vinculada y esto nos ayudará a otros dos objetivos: tendremos mayor visibilidad y también podremos hacer mayor acopio de recursos externos”, concluyó el doctor Sergio Revah.

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