El año terrible - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 28 de Julio, 2018
El año terrible | La Crónica de Hoy

El año terrible

Manuel Gómez Granados

Es difícil saber cómo se escribirá la historia de la Iglesia católica en los próximos 50 o 100 años, pero es probable que los historiadores de principios del XXII, volteen a nuestra era y vean algo parecido a lo que nosotros vemos en esos años negros, terribles de la segunda mitad del siglo XVIII en que, para cumplirle el capricho a los reyes de Portugal y España, en Roma se decretó la disolución de la Compañía de Jesús, que no se materializó porque un número importante de los jesuitas europeos huyó a Polonia y Rusia, mientras que otros se refugiaron en Estados Unidos y mantuvieron viva, a pesar de todo, a su orden. Esos historiadores del futuro encontrarán a un Papa jesuita que, a pesar de sus mejores esfuerzos, ha debido desayunar muchos de los días de su pontificado con malas noticias sobre su Iglesia, provenientes de todas partes en el mundo.

Dirán, con toda probabilidad, que la crisis empezó por ahí de principios de los ochenta, cuando legionarios de Cristo como José Barba, hartos con la doble vida de su fundador, Marcial Maciel, empezaron a denunciar la manera en que fueron sometidos a abusos en México, Roma, España y Estados Unidos. Continuará con la salida subrepticia de Bernard Law de Boston a Roma, luego de que The Boston Globe publicara su, ahora famosa, serie de artículos. La crisis aparentemente habría alcanzado una solución cuando, en 2001 y 2002, la conferencia de obispos de EU anunció su Charter, es decir, las medidas con las que se esperaba poner fin a la crisis y empezar a pensar el futuro de la Iglesia en otros términos. Los historiadores verán, sin embargo, que pocas

conferencias de obispos siguieron el ejemplo de los de EU. Lo que predominó fue la prisa por negar y ocultar la magnitud de la crisis.

Verán cómo 2018 se ha convertido en un año terrible para Francisco. Durante su viaje de enero de 2018 a Chile y Perú confrontó los efectos de décadas de mentiras y simulación de casi todos los obispos de Chile, lo que lo obligó a pedir la renuncia de todos ellos, hecho sin precedentes. Casi al mismo tiempo, Francisco ha debido conocer de la resolución de los tribunales australianos de juzgar a quien fue su hombre fuerte en materia de finanzas, George Pell, por encubrimiento y abuso sexual y, semanas después, enterarse de que cargos similares se han elevado contra el cardenal y arzobispo emérito de Washington, Theodore McCarrick.

McCarrick es especialmente doloroso para la Iglesia porque, a pesar de todos sus errores, supo usar la influencia que tuvo en los pasillos del poder en la capital de EU para abogar por causas justas, como la reducción de la deuda de países de América Latina y África. Cuando distintos países fueron azotados por huracanes o terremotos, McCarrick fue un referente para quienes buscaban algún tipo de ayuda. Siempre que pudo, ayudó a quien lo necesitara y lo hacía sin esperar sumisión o imponer su forma de entender el mundo.

Año difícil, pues, porque la tribulación ya no involucra, como hace 20 o 30 años, a curas aislados. Ahora ha tocado a las puertas del Colegio de Cardenales, y ha puesto en juego la credibilidad de la Iglesia, que sólo podrá salir de la crisis si demuestra pronto su capacidad para autorregularse. Es una tribulación más dolorosa, porque se trata de heridas auto-infligidas, que sólo podrán sanar si la Iglesia, no sólo el Papa, se toma en serio su difícil situación actual y, por medio de actos de justicia, recupera la confianza de sus fieles.

manuelggranados@gmail.com

 

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