Reconciliación para la paz

Guillermo Puente Ordorica

A  finales de la semana pasada, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (CS) emitió un comunicado de prensa para reconocer la importancia de continuar con la implementación del acuerdo de paz en Colombia y encomiar los esfuerzos del gobierno saliente en ese sentido y del gobierno entrante de perseverar en su aplicación y conducir el proceso hacia la inclusión de todos los sectores de la sociedad de ese país en la vida política e institucional del país. (en www.un.org/press/en/2018/sc13438.doc.htm)

El tema cobra particular importancia tanto para el país concernido como para la comunidad internacional. Por un lado, el CS considera que el proceso colombiano es una fuente de inspiración en diversas partes del mundo para terminar con los conflictos y construir la paz. En lo interno, en referencia a Colombia, es claro que el respaldo del CS es también un reconocimiento tácito a su proceso político amplio y de reconciliación. Si bien no es el papel del CS calificar elecciones, destaca que las elecciones presidenciales, celebradas en dos rondas —mayo y junio de 2018— han sido las más inclusivas y pacíficas en décadas. Asimismo, el CS atribuye especial relevancia a la inauguración de un nuevo congreso el pasado 20 de julio, que incluye representantes de las FARC a las primeras audiencias públicas de la Jurisdicción Especial para la Paz y el trabajo de la Comisión de la Verdad, la Coexistencia y la No Repetición, en la que han comparecido el líder de la FARC, Rodrigo Londoño, y la mayoría de los miembros de la FARC que ocuparán escaños en el Congreso.

Por el otro lado, el respaldo del CS al proceso colombiano refleja un caso raro de unidad y coincidencia en la actual coyuntura internacional. No hace falta elaborar sobre las desavenencias atestiguadas entre los propios aliados occidentales, miembros permanentes algunos de ellos en el CS (Reino Unido y Francia), cortesía fundamentalmente del actual mandatario estadunidense, y de las contradicciones de la relación que mantiene Estados Unidos con los otros dos miembros permanentes del CS (Rusia y China) en una amplia gama de temas políticos, económicos y sociales en el mundo. No está de más recordar que los comunicados de prensa son parte de las herramientas que posee el CS para fijar posturas y dar a conocer sus decisiones a la comunidad internacional y la opinión pública, pero deben ser producto del consenso entre sus quince miembros y contar particularmente con el consentimiento de sus cinco miembros permanentes. Razón de más para destacar la unidad del CS en su respaldo a la evolución de la situación en Colombia. Más allá de ello, se ponen de manifiesto las sinergias que han resultado de la colaboración internacional en apoyo de complejos esfuerzos nacionales. Sin ser gratuito, los miembros del CS ofrecen tributo a la labor del saliente presidente Manuel Santos y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP) por su compromiso y determinación para remontar el legado de cinco décadas de conflicto armado.

No todo es miel sobre hojuelas dadas las complejidades del proceso transicional de conflicto a la paz. El informe del Secretario General de la ONU al CS (S/2018/723 en www.colombia.unmissions.org), por ejemplo, da cuenta de que en las semanas siguientes a las elecciones, aumentaron las muertes de líderes sociales, subrayando la urgencia de frenar la dinámica de la violencia que sigue afectando principalmente a las zonas rurales. La plena reincorporación de las personas en las zonas afectadas por la presencia del conflicto permanece como asignatura pendiente.  Seguramente frente a ello, el CS ha concluido su pronunciamiento reiterando la importancia de la plena reincorporación política, legal y socioeconómica de los miembros de la guerrilla, a fin de asegurar el acceso a tierras y a establecer proyectos productivos en los que puedan involucrarse. También ha refrendado su voluntad de seguir cooperando con el nuevo gobierno, cuyo presidente electo asumirá funciones el 6 de agosto entrante, a través del Secretario General de la ONU y de su Representante Especial, así como mediante la Misión de Verificación de las Naciones Unidas en ese país, con el propósito de consolidar una paz duradera.

Permanecen sendos objetivos pendientes de ser alcanzados. La reconciliación implica polarización para ciertos sectores de la sociedad, pero la unidad de propósitos y el objetivo de paz y desarrollo de largo plazo merecen la pena. Colombia se perfila como ejemplo a seguir en el mundo.

 

gpuenteo@hotmail.com

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