Contaminación del aire, el asesino silencioso

Ma. del Rocío Pineda Gochi

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, la salud ambiental es aquella disciplina que comprende aspectos de la salud humana, incluida la calidad de vida y el bienestar social, que son determinados por factores ambientales físicos, químicos, biológicos, sociales y psicosociales. También se refiere a la teoría y práctica de evaluar, corregir, controlar y prevenir aquellos factores en el medio ambiente que pueden potencialmente afectar la salud humana.

Se estima que al año mueren más de 7 millones de personas —una de cada ocho del total de muertes en el mundo— como consecuencia de la exposición a la contaminación atmosférica. Estas conclusiones duplican con creces las estimaciones anteriores y confirman que la contaminación atmosférica constituye por sí sola, el riesgo ambiental para la salud más importante del mundo.

De acuerdo a sus investigaciones, se ha encontrado una alta correlación y un vínculo estrecho entre la exposición a la contaminación atmosférica en general y la del aire de interiores y las enfermedades cardiovasculares. Además de la función que desempeña la contaminación atmosférica en el desarrollo de enfermedades respiratorias, como las infecciones respiratorias agudas y las neumopatías obstructivas crónicas.

En las defunciones relacionadas con la contaminación atmosférica el 40% fueron por cardiopatías isquémicas; 40% accidentes cerebrovasculares; 11% neumopatías obstructivas crónicas; 6% cáncer de pulmón y 3% infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en los niños. Respecto a las muertes vinculadas con la contaminación del aire de interiores: el 34% fueron por accidente cerebrovascular; el 26% por cardiopatía isquémica; el 22% por neumopatía obstructiva crónica; el 12% por infección aguda de las vías respiratorias inferiores en los niños y el 6% por cáncer de pulmón.

En el caso de nuestro país, se estima que mueren 17 mil 700 personas al año por enfermedades ocasionadas por respirar aire contaminado. Lamentablemente los niños son el sector más vulnerable, como lo constata el informe de Greenpeace México y la Red por los Derechos de la Infancia en México, donde se refiere que, cada año, al menos mil 680 niñas y niños menores de cinco años fallecen por enfermedades relacionadas con la mala calidad del aire. Se documenta también que el número de muertes atribuibles a la contaminación atmosférica se ha incrementado casi en un 60% entre 1990 y 2015, debido a las altas concentraciones de contaminantes.

Sin duda estos datos son alarmantes y ponen en evidencia que se han subestimado las políticas ambientales en los tres niveles de gobierno. En la Estrategia Nacional de Calidad del Aire 2017-2030 se reconoce que si las normas adoptaran los índices recomendados podrían prevenirse 2 mil 170 muertes prematuras asociadas a la exposición de partículas suspendidas menores a 2.5 micras (PM 2.5), sólo en Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.

Sin embargo, las Normas Oficiales Mexicanas no establecen límites rigurosos que obliguen a reducir la cantidad de contaminantes en el aire, y tampoco existen medidas coercitivas para que los estados y municipios implementen políticas ambientales sostenibles para reducir el nivel de emisiones contaminantes.

Ante esta situación es apremiante implementar políticas sostenibles horizontales en sectores como el del transporte, la energía, la gestión de desechos y la industria pesada para garantizar el derecho humano a la salud y a un medio ambiente sano. De no hacerlo, millones de vidas de mexicanas y mexicanos estarán muriendo lentamente por respirar aire contaminado, por lo que no podemos subestimar la importancia de la salud ambiental.

 

Senadora de la República
Michoacán de Ocampo
@RocioPinedaG

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