Autocracia real, no imaginaria

David Gutiérrez Fuentes

Furibundos nostálgicos del Ancien régime, acusan con índice flamígero a AMLO de “autócrata” y se lamentan por la posible pérdida de un sistema superdemocrático que todavía privilegia a un puñado de medios que perdieron hegemonía. También están los que anticipan desastres (y acaso inconscientemente los desean) por la mayoría ganada por Morena en el Congreso, por la descentralización de algunas funciones del Ejecutivo y por ciertas figuras elegidas por el Presidente electo para componer su gabinete, como Manuel Bartlett y Octavio Romero. Se alebrestan, se remontan al 88 aunque nunca reconocieron el fraude, olvidan selectivamente o minimizan a comentarios de tres líneas las pillerías de los exdirectores de Pemex o del gran vividor Romero Deschamps.

Los cronistas de la “autocracia” o del “populismo” por venir, podrían voltear la vista a varios estados todavía gobernados por el tricolor. Hay especímenes sobre los que no es necesario especular: son autócratas de pura cepa. El gobernador de Hidalgo puede figurar sin ninguna reserva en un bestiario despótico. Famoso por sus actos de exhibicionismo, antes del cierre de campañas le llenó un estadio a su candidato presidencial. Ese acto de acarreo masivo no sirvió de nada porque Fayad lo echó todo a perder, traicionado por la emoción soltó las siguientes e inolvidables palabras desde su postura como gobernador electo: “Piénsenle. Razonen su voto e inviten a platicar a las amigas y amigos, a la familia y a todo el que conozca, porque si tienen tantito cerebro saben que el próximo primero de julio para el campo, para la ganadería, para la economía, el mejor y el que debe ser Presidente de México es Pepe Meade”.

Una vez asimilada la derrota, dijo en una reunión de la Conago con AMLO: “Trabajaremos de la mano con Andrés Manuel López Obrador, todos debemos de poner nuestro granito de arena para transitar a un mejor México.” Pero de buenas intenciones está lleno el infierno.

Hace un par de días, con un despliegue policiaco inusitado, a toletazo limpio y con gases lacrimógenos, el gobernador de Hidalgo, por medio de la presidenta saliente de la LXIII Legislatura, María Luisa Pérez Perusquía, les impuso a los hidalguenses que los repudiaron el 1 de julio, una serie de medidas que tendrán ocupados a los nuevos legisladores. Medidas que se aprobaron en una sede alterna, a pesar de que se requería la presencia de 21 diputados para que fuera legal el cambio de sede y sólo había 16; algunos medios consignan 17 y otro más 18. Pero en ningún caso se alcanzó la cifra legal.

Tan pronto asuma funciones, la mayoría electa de Morena, reprimida ayer con lujo de violencia, se mantendrá ocupada tratando de revertir una serie de nombramientos y propuestas a modo, para que el señor Fayad siga disponiendo de los recursos públicos de Hidalgo sin rendirle cuentas al nuevo Congreso puesto que su bancada fue borrada de las urnas.

Con su torpeza política, Fayad Meneses y Pérez Perusquía están apostándole a la división del estado en lugar de transitar por el camino del diálogo, que el gobernador ofreció de dientes para afuera en la citada reunión con la Conago.

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