La cuarta transformación: ¿un salto al pasado o al vacío? - Isidro Pedraza | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 02 de Agosto, 2018
La cuarta transformación: ¿un salto al pasado  o al vacío? | La Crónica de Hoy

La cuarta transformación: ¿un salto al pasado o al vacío?

Isidro Pedraza

No comparto la visión reduccionista de Andrés Manuel López Obrador respecto a la historia de México. No han sido la Independencia, la Reforma y la Revolución los grandes momentos históricos, estos acontecimientos han sido sólo cristalizaciones de crisis diversas en la construcción del Estado-Nación.

Pero aun siguiendo la simplificación del discurso que nos propone el casi Presidente electo, señalaré algunas particularidades de esos tres momentos.

La Independencia fue acordada por el grupo criollo conservador en los tratados de Iguala, sólo para evitar la revolución social; fue un acuerdo entre los militares criollos y los enviados de la corona española para excluir a los combatientes vinculados al proyecto de Morelos contenido en la Constitución de Apatzingán. El acta de Independencia llama a un miembro de la familia real a ocupar el trono de un inexistente Imperio Mexicano, no a la construcción de una democracia o una república. Ésta surgió del Congreso Constituyente de 1823-24 con el triunfo de los federalistas.

Tras 33 años del periodo de la anarquía la Constitución de 1857 separó al Estado de la Iglesia y creó las instituciones de la sociedad civil. Habían triunfado los liberales en los campos de batalla y en el Congreso y se establecía la Segunda República que enfrentaría a tres imperios y a los mexicanos que no confiaban en sí mismos y querían un emperador. La aventura terminó en el Cerro de las Campanas.

Juárez y sus seguidores restablecieron la República. Siete años después llegó al poder Porfirio Díaz que modificó la organización del Ejército y desapareció los cuerpos de Guardias Nacionales que daban poder a los gobernadores, limitó el poder e influencia de los caciques regionales por medio de “jefes políticos” enviados desde el Centro, completando la disolución de los dos corporativos coloniales que disputaron a lo largo del siglo XIX la hegemonía del naciente Estado.

La política de Díaz se basaba en el poder centralizado en su persona. Sus enviados ejercían un poder irregular y limitaban el de los gobernadores; Díaz, que aplicaba dos principios: divide y mandarás, para lo cual dividía el poder local, el segundo era el del silencio: acotó a la prensa liberal limitando a sus propios seguidores e imponiendo una prensa “a modo”.

Nos anuncian que el nuevo líder gobernará con el primer principio y que conducirá la cuarta transformación. Cuidado con los afanes de trascendencia, son el discurso de los líderes más notables del siglo XX: Stalin, Hitler, Mussolini, Mao, Perón… todos quisieron ser fundadores de patrias nuevas.

Volvamos a México: con el gobierno liberal los corporativos históricos, Iglesia y Ejército, habían sido desarticulados, aunque seguían actuando. La Reforma recuperó el poder económico que representaba la propiedad de la tierra y creó una nueva distribución del territorio. La desamortización y venta de tierra dio origen a una amplio sector de pequeños propietarios que en 1910 tenían el 44 por ciento del territorio. La Constitución del 17 reamortizó muchos de los bienes desamortizados, devolvió a comunidades y pueblos las tierras concedidas por los reyes españoles, y entregó tierras a los campesinos, pero les negó el derecho de propiedad individual creando una figura de posesión colectiva de la tierra que se sumó a las formas tradicionales. Recientemente la reforma energética añadió la servidumbre legal como amenaza permanente a la posesión y propiedad de la tierra.

En los años 20 se crearon las instituciones marco del nuevo corporativismo mexicano: las Ligas de Comunidades Agrícolas y Sindicatos Campesinos y en 1938 la Confederación Nacional Campesina; también las grandes centrales obreras: CROM, CNT, CTM, CROC, y los sindicatos nacionales de industria. En 1938, con esos componentes, se creó el primer partido corporativo, el Partido de la Revolución Mexicana. Este esquema corporativo de control, hoy en franca decadencia, pero no muerto, lo heredó el PRI.

Lo que está en duda es con qué estructura corporativa se hará fuerte AMLO. Sabemos que no le gusta crear cuerpos intermedios, quiere gobernar solo, apoyado en “el pueblo”, en un gobierno desestructurado. De nuevo, cuidado, algunos de los movimientos más importantes en la historia política tienen una historia negra y sus resultados han sido pobreza, desorden, violencia. Ya tenemos demasiado de estos graves asuntos. Esperemos que rectifique algunos de los anuncios que pueden generar conflicto y entremos en serio a una etapa de paz social.

 


Senador de la República

 

 

Imprimir

Comentarios