Paradero Tacubaya: desorden, caos vehicular, inseguridad, suciedad... | La Crónica de Hoy
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Paradero Tacubaya: desorden, caos vehicular, inseguridad, suciedad...

Autoridades delegacionales intentaron rescatar, sin éxito, este espacio. 200 mil personas transitan diario por este paradero con el riesgo de accidentes, asaltos o infecciones

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El paradero Tacubaya concentra casi todos los problemas que padece la CDMX y a pesar de que las autoridades delegacionales han intentado recuperar este espacio, la inseguridad, el tránsito caótico, baches, focos de infección y el ambulantaje continúan reinando en la zona.

El paradero está en la delegación Miguel Hidalgo y se caracteriza por ser una zona caótica por ser la colindancia de tres líneas del Metro, la Línea 1, que va de Observatorio a Pantitlán; la Línea 7, que va de Barranca del Muerto a El Rosario; y la Línea 9, que va de Tacubaya a Pantitlán; además de que se estima que alrededor 200 mil personas pasan por la zona diariamente.

Uno de los mayores problemas es el tránsito que se genera en horas pico, pues los taxis se forman hasta en tres filas para esperar a los pasajeros y dejan un solo carril para que autos, tráileres y camiones circulen.

Además de que se debe bajar la velocidad sobre la avenida Jalisco, debido a los baches que hay.

En meses pasados se llevó a cabo la rehabilitación del paradero, aunque solo dos rutas lo utilizan.

Lo más alarmante, aseguran usuarios y comerciantes, es la inseguridad. Crónica constató que entre los pasillos de Tacubaya y en la salida del Metro, personas interceptan a los peatones y los despojan de sus pertenencias. “Y en la noche se pone peor, es cuestión de que camines rápido y no pierdas tiempo”, comentó una mujer que vende productos.

INSEGURIDAD. Crónica constató que en el perímetro del paradero Tacubaya, a plena luz del día, personas asaltan y despojan de sus pertenencias a los ciudadanos, aprovechando las horas pico y la falta de elementos de seguridad.

El modus operandi: mientras una persona camina entre los puestos ambulantes, dos hombres o tres interceptan al peatón de manera intimidatoria e, impidiéndole el paso, comienzan a revisar sus pertenencias y poco a poco la despojan de cartera, celular y objetos de valor.

“¿A ver, qué traes ahí carnal”, comentan los hombres mientras le cierran el paso a la víctima y revisan sus pertenencias.

Si la víctima no se opone, sólo le retiran sus pertenencias y la dejan ir, pero si se resiste, los delincuentes lo toman del brazo y lo alejan de la multitud; así, entre los puestos o lugares solitarios, los asaltan con un poco más de violencia.

Incluso las mujeres deben caminar con precaución entre los largos pasillos repletos de vendedores ambulantes, ya que en cualquier descuido las jalan a las zonas abandonadas y además de ser asaltadas sufren acoso sexual.

“Ya era un poco tarde, llevaba prisa y al salir del Metro, entre los puestos, un tipo me jaló, me tapó la boca con su mano y me pidió el celular y la cartera, preferí darle la bolsa completa con tal de que me dejara. Pero ahí no paró, aprovechó para tocarme. Pensé que me violaría. Cuando intenté gritar fue cuando me dejó y corrió”, contó Noemí Alonso, quien vive a tres cuadras del paradero.

Comerciantes del lugar cuentan que los asaltos y acoso a las mujeres son pan de cada día, sin embargo, no pueden hacer nada porque a ellos los señalarían de “borregos”.

“Los primeros en molestar a las chavitas son los checadores de rutas, nunca falta el que chifla o hasta se les acerca. Los que las manosean y asaltan se encuentran siempre ya tarde, cuando no hay policías y está oscuro, pero siempre vemos cómo salen de los pasillos las niñas espantadas y llorando”, comentó un vendedor.

Además, aseguran que los robos con navajas se presentan más en los cruces de puentes o las escaleras de cada pasillo que hay en el lugar.

“Los pasillos donde venden toda la ropa, y que están tapados con hules, son también inseguros porque ahí se resguardan los drogadictos y asaltantes, siempre se ponen en las escaleras y ahí roban. A la gente le da miedo por ser un lugar muy sólo, y sin decir nada, entregan lo que les piden”, comentó un transeúnte.

MOVILIDAD. La avenida Jalisco es una de las vialidades más utilizadas tanto por el transporte público como por automovilistas que bajan de Santa Fe o provienen del Estado de México. Sin embargo, el principal conflicto de tráfico es ocasionado por el transporte público que hace base hasta en tercera fila o en calles colindantes.

A lo largo de la avenida Jalisco pueden observarse decenas de combis, camiones, peceras y taxis que esperan a que los transportes se llenen, obstruyendo el paso de las unidades que entran al paradero.

Los camiones que se dirigen hacia Naucalpan, Valle Dorado o Cuatro Caminos se estacionan sobre la calle Parque Lira y Avenida Jalisco, dejando sólo dos carriles de para la circulaciòn de transporte público y automovilistas.

Más adelante, saliendo del Metro, un paradero de taxis también hace base tomando tres carriles para esperar a que se llenen los cuatro asientos disponibles.

Funcionan como taxis colectivos que se dirigen a puntos estratégicos, pero esperan en medio de la vialidad o se detienen para dejar el pasaje en medio de la avenida.

Sin importar que un micro o carro se encuentre atrás y toque el claxon sin descanso.

“¿Por qué no te haces a un lado?”, gritan los conductores a los taxistas que obstruyen la libre circulación.

A unos cuantos metros se encuentra un paradero, que solo es utilizado por dos rutas de transporte que se dirigen a Cuajimalpa y Plaza Santa Fe. Las demás rutas se establecen en donde pueden.

CAOS. Además del tráfico que se genera en horas pico, otro problema que alberga el paradero de Tacubaya es el de los vendedores ambulantes y los baches en la carpeta asfáltica.

Crónica contó al menos 18 baches a lo largo de la avenida Jalisco, 10 sobre la calle Manuel Dulán y 12 más en la calle Tordo, los cuales no permiten el libre tránsito de los vehículos, y por los que los conductores se ven obligados a bajar la velocidad para no ponchar sus llantas.

Incluso los peatones aprovechan para cruzar las avenidas cuando los carros reducen la velocidad, ya que no funcionan los semáforos y deben cruzar a su suerte.

En tanto, los vendedores ambulantes, a pesar de que han intentado regularlos, vuelven a colocarse, y ante la falta de regulación o vigilancia por parte de las autoridades, prefieren vender sus productos debajo de las banquetas o colocarse en el lugar que encuentren vacío.

“Son tantos puestos y se concentra tanto la gente que es necesario bajarse a la vialidad y caminar por ahí, además de que en la parte de adentro de los pasillos asaltan”, señaló Daniel Rosas, habitante de la zona.

 

 

 

 

Pie de Foto: Baches y coladeras en mal estado dificultan no sólo el tránsito de vehículos, también el de peatones que deben sortear las oquedades.

 

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