Los prejuicios, el empleo público y la autonomía técnica

Carlos Matute González

Juan Manuel Asai escribió sobre la negativa de los trabajadores de la Semarnat a trasladarse a Mérida, quienes alegan sus derechos para no reubicarse por decisión de su patrón equiparado, es decir, el gobierno. Lo contrasta con el espíritu cortesano, al más puro estilo priísta, que rodea al candidato triunfador, en el que nadie se atreve a contradecir al repartidor de huesos (La Crónica de Hoy, 30-07-18).

Esta reflexión mereció lo siguiente (cita textual): “Considero que es algo que debió de haber sido realizado desde hace mucho, si a los trabajadores les afecta que busquen trabajo en otro lugar, seguramente su miedo viene porque nadie los va a querer contratar debido a que la gente de gobierno es nefasta, no tienen vocación de servicio, solo ven como obtener beneficio personal en lugar de servir al pueblo y considero que deben de desaparecer tal cual se manejan hoy en día, así como también los sindicatos que los protegen.” Este es el comentario que un lector hizo sobre el artículo de Asai.

Hay prejuicios sobre lo que es el empleo público. En la encuesta del INEGI, respecto a los servidores públicos en las entidades federativas, se muestra que el nivel de escolaridad es más alto que en el sector privado y que la antigüedad promedio es mayor a quince años. Muchos trabajan en la administración pública por vocación, incluso se preparan toda una vida para ello, pero eso no los hace necesariamente ricos como se difunde en el ánimo social. Además, la inmensa mayoría vive del salario que recibe y, llegado el momento de la jubilación, con la pensión que se paga con base al monto básico, lo que significa una reducción sustancial del ingreso.

Por otro lado, la decisión de reubicar las oficinas de las dependencias, la mal llamada descentralización, genera incertidumbre e intranquilidad entre las familias. La afirmación de que no quieren renunciar al derecho a la estabilidad en el empleo por miedo que no se sean contratados es aventurada y peca de ignorante.

Muchas organizaciones públicas proveen de cuadros y capital humano a las empresas, ya que entrenan y capacitan en procesos complejos a médicos, financieros, abogados fiscalistas, especialistas en energía, entre un sinfín de expertos, y luego ven como migran al sector privado, que es el beneficiario de esta profesionalización. Entonces, no son tan nefastos.

Las políticas equivocadas de recursos humanos le pueden complicar al gobierno la captación y retención de talento o crear curvas permanentes de aprendizaje que pudieran afectar la prestación eficiente de los servicios públicos. El buen funcionamiento de las organizaciones públicas exige que haya profesionales competentes por el número de usuarios que atienden y el impacto de su labor.

También hay que considerar que una administración pública debe estar comunicada y coordinada en sus diversas dependencias y entidades para que logre dar los resultados esperados. La concentración de las estructuras en un lugar geográfico no es un capricho de la historia, ni un afán centralista. La cercanía geográfica es una necesidad que se impone si se quiere obtener los mínimos de eficacia, eficiencia y economía que son principios rectores de la gestión pública.

Otro aspecto a considerar en la propuesta de descentralización (sic) es la importancia de que este aparato subordinado al gobierno sea profesional y goce de la autonomía técnica que un experto tiene, en razón a su conocimiento, competencias y experiencia. Por eso es tan relevante la declaración del próximo Secretario de Educación Pública, Estaban Moctezuma Barragán, que inmediatamente dejó en claro, como demostrando que Asai se equivoca en su análisis, que los servidores públicos no son simples marionetas del funcionario electo y que también sirven cuando son capaces de decir no, si técnicamente una línea de gobierno no es factible, ni financieramente viable.

“Hay que considerar esto que va a pasar con los empleos y las familias… si después de analizar a fondo la descentralización mi conclusión es que no conviene, yo no tendría ningún empacho en decirle el resultado de la investigación al Presidente”. (La Razón de México, 30-07-18). No hay soluciones mágicas.

Hagamos votos para que la reubicación tome un ritmo pausado y una forma planeada tal y como lo propone Moctezuma Barragán. Esto contribuirá a mantener los estándares de eficiencia actuales y tener la oportunidad de mejorarlos, pero también evitará que se cometan injusticias con personas que han dedicado su vida al sector público por pasión y compromiso. Muchos han sacrificado su vida familiar y social. Estoy seguro que, si se da la descentralización, muchos seguirán trabajando en el sector público a pesar de las inconveniencias personales, no por miedo, sino por vocación.


Profesor del INAP
cmatutegonzalez@yahoo.com.mx

 

 

 

Imprimir

Comentarios