El primero de varios - Manuel Gómez Granados | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 04 de Agosto, 2018
El primero de varios | La Crónica de Hoy

El primero de varios

Manuel Gómez Granados

El miércoles de la semana que recién concluyó, tuvo lugar la primera audiencia del juicio en el que el expresidente del comité de la campaña de Donald Trump a la Presidencia, Paul Manafort, es acusado de 18 cargos de fraude bancario, evasión fiscal y conspiración para realizar esos dos tipos de delitos. No se le enjuicia, por el momento, por lo que hubiera podido hacer durante la campaña presidencial de 2016. El juicio es resultado de los poderes amplios que Robert Mueller, el fiscal especial y exdirector del Buró Federal de Investigaciones, recibió y que le permiten proceder contra cualquier caso que pudiera descubrir durante sus investigaciones.

El actual es, además, el primero de por lo menos dos juicios a los que será sometido Paul Manafort y el primero de una serie de juicios derivados de las investigaciones de Mueller, cuyo número total es difícil de calcular, pues muchos, para evitarse los onerosos costos de un abogado, prefieren declararse culpables de los cargos imputados o prefieren ofrecer algún tipo de cooperación para obtener una sentencia más favorable. El fraude y la evasión de que se acusa a Manafort tienen que ver con dinero que recibió como pago en Ucrania. Ese dinero fue puesto en paraísos fiscales, de donde Manafort lo tomaba para pagar lo que la Fiscalía describe como una “vida opulenta”, sin reportar esos ingresos al gobierno de su país.

La defensa de Manafort ha sido básicamente la de culpar a su subordinado, Rick Gates, por la operación financiera que sostenía el ritmo de vida del enjuiciado. Ello abre la puerta a que Mueller ofrezca a Gates un trato a cambio de información que fortalezca sus alegatos durante el segundo juicio al que será sometido Manafort, que se centrará en su relación con Trump y con distintos personajes del gobierno y la vida pública en Rusia.

Más allá de que el juicio de Manafort ha demostrado qué tan frágil y desordenada es la defensa del presidente Trump, que ahora alega el despropósito de que la colusión no es un crimen, además de exigir en Twitter que se cancele la investigación, lo que para muchos es el equivalente al delito de “obstrucción de la justicia”, lo que es envidiable del sistema político estadunidense hoy, como lo fue en los setenta con el caso Watergate, es que no hay dudas acerca de la capacidad del poder judicial federal de aquel país para llevar delante de manera autónoma este tipo de juicios sin que el Presidente tenga la capacidad para intimidar o incluso forzar a un juez a hacer lo que él diga.

Por el momento, lo que más le conviene a Manafort es que Trump siga como presidente para que, si es declarado culpable, pueda indultarlo por decreto, algo que está contemplado en la legislación federal de EU, pero que los presidentes suelen reservar para casos en los que se han cometido injusticias flagrantes.

En el caso de Trump es difícil saber cuánto tiempo le queda en la Casa Blanca, porque el juicio a Manafort es el preludio de algo más grande, que involucrará, a querer o no, al actual presidente que, además, enfrentará en noviembre en la arena electoral los efectos devastadores, para muchos de sus más fervientes seguidores, de la guerra de aranceles que él mismo inició.

A pesar de ello, la imagen de un gobierno en el que existe una efectiva división de poderes, que ayuda a evitar o modular los excesos de presidentes arrogantes, que quieren compensar con desplantes lo que no pueden lograr con inteligencia y sensatez, prevalece y sigue siendo una ventaja envidiable del modelo estadunidense.

 


manuelggranados@gmail.com

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