Un proyecto controvertido del nuevo Presidente

Maria Elena Álvarez de Vicencio

Puede ser una ventaja la hiperactividad del Presidente electo. Lo vemos impaciente por comenzar a realizar los proyectos que por varios decenios imaginó y ahora que por fin podrá hacerlo, no quiere desperdiciar ni un momento. El hecho de que los anuncie con anticipación da la oportunidad de que surjan opiniones a favor y en contra, lo cual da la ventaja de conocerlos antes y no cuando ya los inició.

El proyecto de la descentralización de la Ciudad de México es de gran trascendencia; ha sido propuesta hace tiempo, tiene seguidores y opositores. Quienes están en contra argumentan el costo que implicará y los inconvenientes que tendrán los empleados para cambiar su lugar de residencia, así como la intercomunicación del gobierno federal y de los ciudadanos con las Secretarías. Quienes están a favor opinan que el costo es una inversión que redituará, ya que es una gran oportunidad para contribuir a abatir la pobreza de casi la mitad de la población, ya que con ese propósito, cada sexenio, surgen programas que lo único que han logrado es evitar que los pobres mueran de inanición y, además de no cumplir el propósito, se han prestado para desaparecer cuantiosos recursos, sin lograr desaparecer la pobreza.

En los estados donde hay más pobreza se ha hecho un círculo vicioso: no hay inversión porque no hay desarrollo y no hay desarrollo porque no hay inversión. Ahora el Gobierno tendrá que invertir previamente en crear la infraestructura para que llegue una Secretaría al Estado: habrá de establecer escuelas de los distintos niveles, am pliar los servicios de salud y seguridad y al mismo tiempo tiene que interesar a la iniciativa privada, con estímulos fiscales y terrenos para que invierta en negocios productivos como vivienda, centros comerciales, bancos, teatros, cines, vías de comunicación de cuota, instituciones privadas de educación, etc. (algunos estados tienen reservas territoriales que se podrían utilizar).

El gobierno federal y la ciudadanía mantendrían la comunicación con las Secretarías a través de los medios que la modernidad ofrece: reuniones virtuales, internet, líneas telefónicas que ya no tiene alto costo., correos electrónicos, etcétera.

Nuestra Ciudad Capital también sería muy beneficiada con la descentralización: se disminuirían los problemas del agua y del transporte; obtendría mayor provecho de su riqueza turística y ese sector generaría nuevos empleos. Los edificios que desocupen las secretarías se adaptarían para alojamiento de turistas, así como las bellas casonas que ahora se trata de destinar a oficinas.

La Ciudad de México está considerada entre las más visitadas del mundo, este cambio la pondría en el primer lugar, ya que cuenta con valiosas riquezas naturales, históricas y arquitectónicas de gran calidad y sería más atractiva para el turismo nacional y extranjero si se le ofrecen alojamientos al alcance de los distintos niveles económicos. Hay ejemplos muy exitosos en grandes ciudades como Londres, Madrid y París que han adaptado para hospedaje casas particulares, antiguas o modernas, con sistemas coordinados de administración.

 La descentralización será efectiva si se hace con la recta intención del beneficio social. Si a las decisiones las contamina el propósito de satisfacer intereses personales de los futuros secretarios, el propósito será desvirtuado y nuevamente se perderá la oportunidad de sacar de la pobreza a quienes más lo necesitan. Querétaro y Puebla no están en pobreza extrema.

Los empleados que han dejado la capital, superado el primer momento difícil, han comprobado que el cambio les favoreció; las familias ganan con un sistema de vida en el que hay más convivencia familiar, al no emplear varias horas en la transportación de ida y vuelta de la casa al trabajo o a la escuela. Todo cambio tiene riesgo y oportunidad, este cambio promete muchas oportunidades.

 


Doctora en Ciencias Políticas
melenavicencio@hotmail.com

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