El doctor Varela ama trasplantar hígados: “Se siente bonito salvar una vida” | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 23 de Agosto, 2018

El doctor Varela ama trasplantar hígados: “Se siente bonito salvar una vida”

El doctor Varela ama trasplantar hígados. El Hospital Infantil de México tiene uno de los programas de trasplante más exitoso del país; ahí se realizó el primer trasplante pediátrico de riñón en México y todo América Latina, en 1967

  • cronica.com.mx
  • cronica.com.mx

"Hacemos lo que nos gusta y es algo que no puedes controlar, simplemente salvar vidas te apasiona, hace que le hierva la sangre a uno, aunque sea difícil por lo demandante que es este trabajo y que muchas veces te obliga a descuidar a la familia”, expresó el doctor Gustavo Varela Fascinetto. Sin embargo, ama su trabajo, ama trasplantar hígados y además, ama a los niños.

Esta pasión lo ha llevado a participar  en casi mil trasplantes de hígado y riñón, desde su formación en el extranjero y en el Hospital Infantil de México Federico Gómez, en donde es jefe del Departamento de Trasplantes.

En diversas ocasiones —compartió en entrevista con Crónica— con sus tres hijos pequeñitos y su esposa ya se iban de vacaciones en carretera, pero comenzaba a sonar incesantemente el radiolocalizador: “daba vuelta al volante, debíamos regresar…. Había surgido un donador…”.

“Cuando mis hijos estaban chiquitos (hoy son tres jóvenes de 21, 19 y 16 años), me los traía una vez al año al hospital a que vieran a los niños enfermos y a explicarles que por ellos a veces regresábamos de vacaciones … Creo que no hay ninguna otra área de la medicina que sea tan demandante como el trasplante”, señala.

EL MANEJO CONTINUO DEL CAOS. “El mejor cirujano puede planear sus intervenciones, pero en trasplantes dependemos todo el tiempo del recurso más importante, que es el donador, y cuando la oportunidad se presenta, debemos ir sin demora a la procuración de órganos, porque si no se toman en el momento adecuado se echan a perder, esto es un constante manejo del caos, afirma.

Como profesional se confiesa totalmente satisfecho de lo que le apasiona, aunque ello le obliga prácticamente a desaparecer para la familia un día y medio. Cuando surge la emergencia e ir a procurar el órgano “dejas todo: esposa, hijos, consultas privadas, hay que dedicarse a esto de lleno. Todos los que estamos en esto, es porque realmente nos gusta, porque nos apasiona, porque somos gente que tenemos que estar medio loca; porque es mucho el esfuerzo y poca la remuneración económica, pero lo haces por los niños y cuando los ves recuperarse, o cuando te invitan a ser padrino de XV años de una paciente que trasplantaste, o a que vayas a la boda, porque ya eres parte de su familia, eso te llena de felicidad el corazón”.

TRASPLANTES A NIVEL MUNDIAL. El doctor Varela Fascinetto resalta que el Hospital Infantil de México tiene uno de los programas de trasplantes más exitoso del país; ahí se realizó el primer trasplante pediátrico de riñón en México y todo América Latina, en 1967. Después, cuenta con orgullo, en 2001 encabezó el primer trasplante de hígado de donador vivo en el país, que fue todo un éxito y también se realizó el primer trasplante de corazón.

“Contamos con el programa de trasplante más activo del país, con la particularidad de ser probablemente el único centro a nivel nacional que tiene capacidad de hacer trasplantes de órganos sólidos (hígado, corazón y riñones) en forma casi simultánea: primero hígado y corazón, a dos receptores diferentes, e inmediatamente después los dos riñones.

ESTÁNDARES INTERNACIONALES. Al año se hacen alrededor de 40 trasplantes renales, entre ocho y diez de hígado y uno o dos de corazón “en conjunto son cerca de 50 trasplantes en niños, que es un número muy bueno incluso para cualquier estándar mundial, con tasas de éxito iguales a las de Estados Unidos o Europa; pese a tener recursos mucho más limitados”, sostiene.

Además, la productividad de trasplantes es equiparable a los mejores hospitales pediátricos en Estados Unidos: los hospitales del Niño en Boston, en Filadelfia y el de Cincinnati, e incluso el Hospital ­John’s Hopkins. Este nosocomio cuenta con una sobrevida promedio de trasplante de hígado al año de 93 por ciento; a los cinco años es de 85 por ciento y a los diez años ronda el 82 por ciento.

Los resultados del exitoso programa de trasplantes del hospital Federico Gómez se observan en gráficas comparativas en la oficina del doctor Varela Fascinetto, donde se aprecia que, en el periodo 1998-2015, ese nosocomio realizó el mayor número de trasplantes de riñón con 524, aunque en trasplantes de hígado y riñón —en conjunto es como se mide en estándares internacionales— se ubicó en segundo lugar, con 640 trasplantes, superado por el hospital de Cincinnati con 676; los hospitales de Filadelfia, Boston y John Hopkins, registraron 530, 450 y 318 trasplantes, respectivamente.

El órgano cuesta y mucho. El doctor Varela Fascinetto, resalta la necesidad de contar con una adecuada infraestructura de trasplante de órganos, que cuesta mucho dinero, y eso generalmente lo absorben los hospitales públicos.

Todo lo que rodea el trasplante cuesta, porque se debe tomar en cuenta que un paciente con muerte encefálica, debe estar en una unidad de terapia intensiva, conectado a un ventilador, con medicamentos que permitan al corazón seguir funcionando; hacer el diagnóstico con estudios muy caros como: electroencefalograma, angiotomografía de anagramas, ultrasonidos, pruebas de serología VIH, hepatitis B o C y pruebas de compatibilidad con el receptor.

A veces hacer estudios especiales para ver el funcionamiento del corazón, riñones o hígado, contar con una solución para preservar los órganos, transportarlos en una hielera, llevarlos al hospital donde estará el receptor.

Además hay que transportar al grupo de médicos que operarán para obtener el o los órganos; los costos de aviones, ambulancias y todo esto no están contemplados en nuestro Sistema Nacional de Salud, son gastos que a veces se cargan a los programas de trasplantes. En Estados Unidos, refiere, hay cuotas de asignación dependiendo de la región y se deben pagar varios miles de dólares, no por el órgano, sino para cubrir todos estos gastos.

La urgencia de atender dichos gastos, indica, es porque algunas proyecciones señalan que, en 20 años, la demanda aumentará, y quizá el 50 por ciento de todas las cirugías a nivel mundial sean trasplantes de órganos, debido a la alta prevalencia de enfermedades crónico-degenerativas y padecimientos terminales de todos los órganos: corazón, riñones, hígado, intestino, páncreas y la única manera de resolver la demanda es con un trasplante.

370 años de vida. Cuando su equipo de trabajo se siente agobiado, confiesa, les muestra una base de datos de todos los trasplantes de hígado que han hecho “y ahí tengo la sobrevida en días de todos los niños atendidos a la fecha…

“Si sumamos todos esos días de sobrevida, son miles y miles de días-niño vivos… iban alrededor de 370 años-vida de todos estos niños, porque muchos de ellos ya son adultos, incluso con dos o tres hijos. Si multiplicamos la vida de esos niños y los años de vida de sus hijos… ya son un montón de años”.

Eso lo uso, confiesa, “cuando en mi equipo se me ponen —ríe—, medio flamencos, les digo: ‘Miren todo lo que hacemos, son más de 365 años de vida que a través de los trasplantes se han regalado a todos estos pacientes’. Es bonito, pero sí es muy cansado”.

10 ABSOLUTO. Egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, graduado con promedio absoluto de 10, ganador de la Medalla Gabino Barreda otorgada por la máxima casa de estudios, con un posgrado en Trasplante de Órganos por la Universidad de Harvard, el doctor Gustavo Varela no lo admite, pero su trayectoria deja ver que quería convertirse en uno de los mejores médicos especialista en trasplantes.

Para ello se capacitó en el extranjero en los mejores hospitales de Estados Unidos, en Boston, Massachusetts, en el Centro Médico de la Universidad de Nebraska en Omaha.

En el año 1997, viajó a Japón, porque allá era el único lugar en el mundo donde se hacía trasplante hepático de donador vivo “y me especialicé allá, y quería regresar a México, porque sabía que aquí se requería tener el entrenamiento para trasplante de donador vivo. Se habían hecho algunos intentos, pero todos habían fallecido”.

AMOR POR LOS NIÑOS. Durante toda la entrevista el doctor Gustavo Varela, se mostró serio, pero cuando se le pregunta por qué se especializó en trasplante de hígado y por qué en pediatría, no duda al responder que el trasplante de hígado es el más difícil que hay, y cuando tuvo que decidir no se hacía en nuestro país y en particular se enfocó a la pediatría (sonríe, levanta un poco los hombros, hace una ligera mueca con la boca y responde directo sin pensarlo): “porque me encantan los niños y me gusta hacer algo por ellos”.

Recuerda el caso de una niña que esperaba un hígado y debía viajar a la Ciudad de México del interior de la República, pero perdió el único vuelo, “acababa de despegar el avión, y el siguiente salía hasta el otro día. La mamá les lloró y les explicó a los de la torre de control la situación. El avión regresó por la niña para que pudiera llegar por su hígado que tanto esperó. Los pasajeros, al enterarse, juntaron dinero para que la niña tomara un taxi y pudiera llegar a tiempo al hospital… así es la vida en este hospital, cada paciente es una historia de vida”.

“Se siente bonito salvar una vida y que todo salga bien, es una palmada al ego, pero no te puedes confiar, porque se te aparece el diablo a cada momento”, establece.

 

Costos del trasplante
Todo lo que rodea el trasplante cuesta, porque se debe tomar en cuenta que un paciente con muerte encefálica debe estar en una unidad de terapia intensiva, conectado a un ventilador, con medicamentos que permitan al corazón seguir funcionando; hacer el diagnóstico con estudios muy caros como: electroencefalograma, angiotomografía de anagramas, ultrasonidos, pruebas de serología VIH, hepatitis B o C y pruebas de compatibilidad con el receptor.

Hay que transportar al grupo de médicos que operarán para obtener el o los órganos; los costos de aviones, ambulancias y todo esto no están contemplados en nuestro Sistema Nacional de Salud, son gastos que a veces se cargan a los programas de trasplantes.

En Estados Unidos, refiere, hay cuotas de asignación dependiendo de la región y se deben pagar varios miles de dólares, no por el órgano, sino para cubrir todos estos gastos.

 

 

Pie de foto: Gustavo Varela Fascinetto ha participado en casi mil trasplantes de hígado y riñón, desde su formación en el extranjero y en el Hospital Infantil de México Federico Gómez.

 

Imprimir