La herencia libanesa en el cine mexicano | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 05 de Agosto, 2018

La herencia libanesa en el cine mexicano

Primera Parte. Miguel Zacarías, Antonio Badú y Antonio Montauk fueron figuras de la Época de Oro del Cine Mexicano

La herencia libanesa  en el cine mexicano | La Crónica de Hoy

"La capacidad de adecuarse a los diferentes momentos que requiere el cine mexicano y las historias que se están buscando es una de las grandes virtudes de los libaneses”, expresó el investigador Carlos Martínez Assad, en entrevista con Crónica, para hablar de la herencia libanesa en la historia del cine mexicano.

El investigador presentó en el Festival Internacional de Cine de Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) una actualización de su libro Libaneses en el Cine Mexicano, en el cual explica que la incursión de la comunidad libanesa se da en el contexto de dos hechos históricos: el social y político, con el proceso de institucionalización revolucionaria a raíz de la crisis que generó el asesinato de Álvaro Obregón, y cinematográfico en el que se da la transición del cine mudo al sonoro con el estreno de Santa (1932).

“He querido que nacieras en una patria de amplias, ilimitadas posibilidades”, se lee en una carta fechada a principios del siglo pasado que le escribe don Elías a su hijo Miguel Zacarías, la primera gran figura de la lista, quien en 1932 debuta como director en el cine mexicano con Sobre las olas (sexta película del cine sonoro). Él fue hijo de inmigrantes y en su filmografía figura un fuerte nacionalismo mexicano, de hecho su primera película se inspira en la historia del compositor mexicano Juventino Rosas.

Zacarías fue fundamental en la Época de Oro del cine nacional. Además de ser pionero del cine sonoro, destacó como un cineasta con mirada aguda para descubrir talentos, pues fue él quien hizo debutar en cine a la diva María Félix en su filme El Peñón de las Ánimas (1942), en la que también participa Jorge Negrete.

“Es muy difícil saber cuál es el mayor aporte de los libaneses en el cine mexicano, pero es importante reconocer que los ha habido muy significativos en términos de producción, de manejo de personajes y de montaje. Pienso que Miguel Zacarías revolucionó mucho el lenguaje cinematográfico, sobre todo en esa capacidad de edición”, explicó Martínez Assad.

“Hay dos momentos muy importantes de don Miguel en la filmación de una película inicial de Los enredos de papá (1938), de la cual hizo una filmación pero después hizo tres películas distintas y son películas con trama propia. También lo hace con ediciones bien logradas en Ahí viene Martin Corona, con Pedro Infante y Sara Montiel, en la cual hace dos películas, una secuela de la otra, y las dos con muy buena costura, aún queda la vigencia de esa forma de captar el lenguaje”, añadió.

Zacarías fue importante para consolidar el melodrama en México, de la mano de Libertad Lamarque y Maga López en filmes como Flor de durazno (1945), Soledad (1947), La loca (1950) y La infame (1953), por mencionar algunos. En su carrera fue nominado a los Premios Ariel como Mejor Director en dos ocasiones, primero por Soledad y luego por El dolor de los hijos (1949), no lo ganó hasta que le dieron en 1993 el Ariel de Oro a su trayectoria, pero un día Alejandro Galindo, ganador por Una familia de tantas (1948), le escribió para reconocer su trabajo: es obvio que “a un árabe no le daban el Ariel”.

Y es que en esos tiempos también ocurría un fenómeno de discriminación a los inmigrantes por lo cual hubo algunos actores que trabajaron en una serie de producciones como una campaña en su defensa. Entre ellos destaca el trabajo de Joaquín Pardavé y Sara García, que hicieron de esposos inmigrantes libaneses en varias películas, entre las que destacan El baisano Jalil (1942) y El barchante Neguib (1946).

La caracterización de Pardavé fue tan buena que resultaba sorprendente saber que no era descendiente de libaneses, sino nativo de Pénjamo, Guanajuato. Antes de llegar al cine El baisano Jalil se estrenó como obra de teatro, como una adaptación de la comedia argentina El Gringo Bariateri, sobre un inmigrante italiano. El mismo Zacarías elogió la versión mexicana, reconoció el valor de hablar del tema porque él mismo no había podido hacer un trabajo similar “por temor a que se me juzgara exagerado o parcial. Mi ascendencia libanesa hubiera despertado desconfianza (…) Sin embargo era necesario hacer algo”, dijo.

Otro cineasta de origen libanés fue Antonio El Chato Helú, él mostró en sus películas también un nacionalismo arraigado, Martínez Assad destaca su filme Cuando la tierra tembló (1942) en la cual está la coincidencia de la caída de El Ángel de la Independencia como ocurrió en el sismo real de 1957: “Al final sus películas no son tan logradas; es un personaje muy interesante por todo lo que captó y quiso decir en su cine”, expresó el investigador.

En cuanto a talento actoral la figura más importante es Antonio Badú, cuyo verdadero nombre era Antonio Namnum Nahes, y conocido también como El emir de la canción. Debutó en el cine mexicano con El mercader (1938), participó en ¡Ay Jalisco, no te rajes! (1941) donde se hizo amigo de Jorge Negrete y luego tuvo su primer protagónico en La feria de las flores, en la que recomienda a un joven aspirante a estrella, Pedro Infante, con quien muchos años después quisieron enemistar, pero Pedro Infante siempre le guardó respeto a Badú por esta oportunidad.

Con el tiempo se convirtió en una de las grandes figuras de la época con nominaciones al Ariel por filmes como Me he de comer esa tuna (1945) y Cantaclaro (1946). A él le sentó bien tanto el sombrero de charro como el de catrín o gánster de arrabal, pero sobre todo la cantada.

La otra figura destacada era el productor Antonio Matouk, que entre sus trabajos más destacados estuvo el de renovar la imagen del ídolo del momento, “él era el amo para captar los nuevos tiempos, por ejemplo, la carrera de Pedro Infante se había detenido porque la gente ya no quería ir a verlo sufrir más, después de Pepe el Toro y todas sus secuelas de Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, y todo eso, ya no querían esa imagen y el que lo capta es Antonio Matouk. Entonces lo mete a comedia simpática”, destaca Martínez Assad, al incluirlo en proyectos como Escuela de vagabundos (1954) y El inocente (1955).

Otras figuras de origen libanés de la época son las actrices Leonora Amar y Esperanza Issa; los actores Jorge Ché Sarelli, Julio Ahuet, Hermes Yerye Beirute, Michel Grayeb Feres y Gustavo Rivero; los productores Santiago Riaci, Jorge Trade, José Yázbek, Alberto Zacarías, Said Slim y Tufic Sayeg que además fue El Fotógrafo de las Estrellas.

 

 

 

Pie de foto: Sara García y Joaquín Pardavé representaron a inmigrantes libaneses en El baisano Jalil (1942).

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