¡Cuántas cosas tenemos que cambiar y cuántas otras que no hemos hecho son ahora impostergables! El reclamo social expresado en la votación del mes pasado responde a esos olvidos, errores y asignaturas pendientes, sin duda. No hay tiempo que perder y quizás a ello se deba esta febril actividad del nuevo gobierno, a la que ya me he referido en otras colaboraciones. El compromiso de AMLO y los suyos es del tamaño de las expectativas generadas: monumental.

Entre las iniciativas que dicho equipo mandará al Legislativo se encuentran, según se ha dicho, las reformas sobre el aumento al salario mínimo. Éstas se supone que propondrán aumentar el salario mínimo de manera anual, hasta alcanzar los 171 pesos para 2024 y duplicar el salario mínimo en la frontera. También, se propone una reforma para que el salario mínimo sea suficiente para satisfacer las necesidades normales de un hogar, “en el orden material, social y cultural, y para proveer a la educación obligatoria de los hijos”; y se fijarán montos según las condiciones de las distintas actividades económicas.

Durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el salario mínimo pasó de 60 pesos diarios a 88.36 pesos y se llevó a cabo una reforma para pasar de tres regiones de salarios a dos (frontera y resto del país). En noviembre de 2017, se anunció el aumento más reciente, de 8.32 pesos. Sin embargo, entre los países que fijan salarios mínimos en la OCDE, México tiene los más bajos. Es necesario considerar que Italia, Suecia, Finlandia, Austria o Alemania no tienen una política de salarios mínimos.

La CNDH advierte que aun con el incremento a 88.36 pesos diarios, equivalentes a 2 mil 650 pesos mensuales, el salario mínimo era menor al costo de la canasta básica de noviembre, el cual ascendía a 2 mil 924 pesos. Un fenómeno derivado de los bajos ingresos laborales consiste en la llamada pobreza laboral, la cual se define como una situación en la que los ingresos laborales no alcanzan a cubrir el monto de la canasta alimentaria.

Según Coneval, desde 2007, el poder adquisitivo del ingreso se ha reducido, alcanzando un periodo estable entre 2015 y 2018. Esto representó un salto en el porcentaje de personas en pobreza laboral, la cual aumentó de 33% en 2007 a 45% en 2015. En 2018, se ha estabilizado en 39.1%.  Chiapas, Oaxaca y Guerrero tienen porcentajes de pobreza laboral mayores al 60% de su población con ingresos laborales. Entre 2017 y 2018, en 18 de las 32 entidades federativas se incrementó el porcentaje de población que no puede adquirir la canasta alimentaria con su ingreso laboral.

El debate estadunidense sobre el salario mínimo se sitúa en argumentos similares a los de México en los que la legislación no ha alcanzado un monto para superar la línea de pobreza. La pobreza laboral en Estados Unidos representa 6.3% de la población con ingresos laborales. En aquel país, el salario mínimo ha perdido hasta 30% de su valor desde los años ochenta. Un salario entre 7.25 a 9 dólares (según el estado) por hora representaría un salario por debajo de la línea de pobreza para este país.

Debido a que las leyes sobre salario mínimo son estatales en Estados Unidos, es posible comparar el desempeño de diferentes niveles de salario. Las diferencias regionales en salarios mínimos tienen un efecto en la competencia entre estados. Los modelos que estiman la relación entre salario mínimo y empleo señalan que hay una relación en la que las ciudades con salarios mínimos más altos podrían atraer a empleados intensivos en habilidades y mano de obra altamente calificada. En cambio, las regiones con menores salarios se quedarían con los trabajadores menos calificados, creando una desigualdad en la productividad de las regiones.

Como un tema de competencia regional, la relación entre el salario mínimo estadunidense y el mexicano representó uno de los argumentos de la campaña de Trump contra el TLC, argumentando que el bajo salario mexicano representaba una situación competitiva poco favorable para los trabajadores estadunidenses. Durante la renegociación del Tratado en 2018, los representantes de Estados Unidos y Canadá han propuesto la creación de un salario mínimo común para la región de 15 dólares; sin embargo, no se ha llegado a un acuerdo sobre la medida.

Sin embargo, pocas veces el salario mínimo del decreto representa el ingreso del trabajador. En el sector formal, el IMSS registra a casi 34 mil 500 empleados que ganan el salario mínimo establecido en el tabulador de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos. Ésta es una fracción mínima de todo el empleo. Sin embargo existen 8.2 millones de empleados en el sector formal que ganan más de un salario mínimo y menos de dos, ante los cuales no aplica el tabulador y aún poseen ingresos bajos.

Ya que no podemos abatir por decreto ni la pobreza ni la desigualdad y que cualquier esfuerzo, por más atinado y efectivo, tomará años en revertir esto, por lo menos corrijamos esta aberración donde la remuneración mínima lo es tanto que ni siquiera alcanza para la canasta básica. Propongo que apoyemos eso... ¡mínimo!

 

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