Punto 18 - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 10 de Agosto, 2018

PRESIDENTE ELECTO LÓPEZ OBRADOR:

+Quienes saben cuánto es suficiente, son ricos

Proverbio chino

Leí con cuidado los 50 puntos que usted ha propuesto para promover la austeridad y combatir la corrupción. Me llamó la atención el punto 18, referente a la cancelación de “fideicomisos o cualquier otro mecanismo utilizado para ocultar fondos públicos y evadir la legalidad y la transparencia”.

Aquí le tengo una noticia buena, una mala y una pésima, de acuerdo con la investigación hecha por FUNDAR Centro de Análisis e Investigación, una asociación sin fines de lucro.

La buena: Según la Encuesta de Presupuesto Abierto 2017, México se encuentra en el sexto lugar de entre los 115 países con más información presupuestaria disponible. Recordemos que en 2014 se aprobó la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública, un marco jurídico de avanzada por el cual queda prohibido reservar información relacionada con recursos públicos.

La mala: No contamos aún con instituciones operativas para cumplimentar las disposiciones legales y los fideicomisos se siguen manejando con gran opacidad, según revela el informe de FUNDAR, Fideicomisos en México. El arte de desaparecer dinero público. O sea, tenemos muy buenas leyes, pero no se aplican. Como decían los virreyes al rey de España: Se acata pero no se cumple.

La pésima: Los fideicomisos existentes manejan la friolera de 835 mil 477 millones de pesos, que equivalen al 15.82% de todo el presupuesto de 2018.

No sé cuándo se instituyó el primer fideicomiso; tal vez Luis Echeverría era el presidente que los puso, digamos, de moda. En teoría, son instrumentos financieros constituidos por un gobierno federal o estatal para apoyar determinados fines de interés público. Hasta ahí todo va bien: el gobierno busca un objetivo en particular —por ejemplo, un rescate ecológico—; destina un monto determinado de recursos para tal fin, constituye el fideicomiso y se ejerce el dinero. En teoría también, el fideicomiso debe desaparecer o cerrarse cuando ha cumplido con sus fines.

Pero… Siempre hay un pero en esto del manejo de los recursos. Primero, porque los fideicomisos están regulados por disposiciones de derecho público y privado como las leyes financieras y bancarias, así como la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. ¿A dónde nos llevan estos traslapes? A que aun cuando los fideicomisos ya son sujetos obligados por la Ley de Transparencia, el manejo de los recursos sigue siendo opaco, son pocas las cuentas que se rinden y en el peor de los casos, se pueden desviar recursos para otros propósitos.

FUNDAR hizo varios hallazgos en su investigación: 1) La información está disponible, pero no está desagregada por concepto del gasto, ni cómo repercutió en el logro de los objetivos. Además, está dispersa entre las distintas entidades que participan en el fideicomiso. 2) Una tercera parte de los fideicomisos están constituidos en bancos, mismos que se rigen por el secreto fiduciario. Lo mismo pasa cuando son constituidos en la banca de desarrollo. 3) La gran mayoría de los fideicomisos, al no ser considerados entes paraestatales, no tienen una estructura interna de vigilancia y control; es decir, se les ve “como simples contratos financieros”, a decir de FUNDAR. 4) Los montos de los fideicomisos aumentan año con año sin mediar explicación clara y amplia. “Para 2017, el monto aprobado fue por más de 42 mil millones de pesos, pero al cierre del año se ejercieron 310 mil mdp; se gastaron casi 268 mil millones más de lo aprobado por el Congreso”. En otros casos, las entidades federativas crean fideicomisos para trasladar ahí los recursos federales que no alcanzaron a ejercer; así son reportados como gastados y el gobierno estatal puede hacer uso discrecional de los fondos en el fideicomiso creado. 5) Para rematar, ignoran “las observaciones y recomendaciones hechas constantemente por la Auditoría Superior de la Federación” que busca limitar las fallas aquí enunciadas.

En su estudio, FUNDAR pone varios ejemplos de fideicomisos riesgosos por su opacidad. Nos llamó particularmente la atención el Fondo Mexicano del Petróleo, “cuyo fin es administrar los ingresos petroleros del Estado mexicano para transferirlos a otros fideicomisos. Dada su estructura, permite que estos ingresos sean administrados por particulares”. ¡Imagínese la discrecionalidad con que se puede mover tanto dinero!

Y como diría el ya mencionado Luis Echeverría: “Ahí se lo dejo como cosa suya, para su reflexión”.

 

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