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Despertamos a una triste realidad: no somos un país tolerante a la diversidad

Alexandra Haas señaló que somos una sociedad en la que persiste la discriminación, en donde interviene sobre todo el aspecto, es decir, cómo nos vemos entre los mexicanos

Esta semana, a través de una encuesta en la que el INEGI tuvo por vez primera el control técnico, los mexicanos nos descubrimos mucho menos tolerantes de lo que sería deseable. Aun el resultado global es engañoso para mal, según se desprende de lo que Alexandra Haas, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), señala a Crónica durante una entrevista en su oficina.

El resultado oficial y llano es que uno de cada cinco adultos ha sido víctima de discriminación, en donde sobre todo interviene el aspecto, es decir, cómo nos vemos entre los mexicanos.

Lo engañoso de lo anterior es que si se lee entonces que sólo una quinta parte de la población tiene ese problema, estaríamos negándonos a ver el fondo: “En primer lugar lo que nos dice es que no hay igualdad, que somos una sociedad en la que persiste la discriminación, los casos de discriminación, y donde esto es estructural contra grandes grupos de personas. No se trata de minorías, sino que hay una mayoría discriminada: mujeres, indígenas, personas afro, personas de la diversidad sexual, personas con discapacidad, jóvenes; hay que darse cuenta que la mayoría de la población puede ser víctima de discriminación”, sentencia Haas.

Así, el “uno de cada cinco”que se difundió como resultado de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) sería matemáticamente exacto, pero no revelaría el problema enraizado en una sociedad, la mexicana, que en muchas ocasiones ha gozado de fama hospitalaria hacia el extranjero y que lleva décadas tratando de asumir que la condición multicultural que otorgan más de 60 grupos indígenas es un gran activo nacional.

Haas es una mujer joven, abogada formada tanto en universidades nacionales como en el exterior y fue elegida para encabezar el Conapred cuando estaba embarazada, un ruta que no está abierta para muchas mujeres que, justamente por discriminación, no son consideradas para un puesto por ser madres. Hass es ahora una de las funcionarias que debe buscar que esto y muchas otras cosas cambien.

La encuesta es un gran espejo, reflexiona Hass durante la entrevista, y llama a no desviar la vista y ver la imagen de nosotros mismos dada por la Enadis.

—Entonces, ¿tenemos que entender que la Enadis puede decirnos algo más profundo que el “uno de cada cinco”? —se le pregunta.

—El hallazgo es que no se trata de minorías, sino que es una mayoría discriminada y que no se vive lo mismo la discriminación cuando uno tiene una sola característica que cuando uno empieza a acumular características por las cuales se es víctima de discriminación. La Enadis permite ver esa acumulación de causas de discriminación y ver que si se es una mujer-indigena-trabajadora del hogar se va a estar más expuesta que si se es una mujer de una zona urbana sin esas características. Y otro hallazgo es que esto se da en todos los ámbitos de la vida pública y también de la privada. Se da en las instituciones públicas, en la escuela, en la familia y se da también en los servicios públicos. Eso es preocupante, es un llamado para todos los actores sociales y políticos sobre qué nos muestra este espejo que es la Enadis y cómo tenemos que actuar a partir de hoy.

—Los encuestados señalan que es su apariencia física lo que produjo que se les discriminara.

—Apariencia física puede englobar muchas cosas, como forma de vestir, también peso, altura, tono de piel, pero también género y pertenencia étnica. Hay estigmatizaciones y prejuicios vinculados a “apariencia” que detectamos o creemos detectar. No sorprende tanto que sea esto lo primero que está mencionando la gente. ‘Como te ven te tratan’ dice un dicho y refleja una realidad en este país: como te ven te tratan.

Una de las cosas que arroja la encuesta es la necesidad de hacer trabajo preventivo y la deconstrucción de prejuicios y estereotipos.

El trabajo de prevención es muy importante, pero también pasa por reconocer en primer lugar los errores que cometemos cuando hacemos generalizaciones, y también reconocer todo lo que pierde la sociedad: con la distribución del trabajo, por ejemplo, con hablantes de lengua indígena o discapacitados o mujeres que tienen peores trabajos; no sólo les estamos negando el derecho al trabajo en igualdad, sino también como sociedad, como economía, como país, estamos perdiéndonos del talento de muchísima gente simplemente por un prejuicio.

Y veamos la encuesta: la juventud, mucha gente piensa que los jóvenes son irresponsables, como si eso fuera una conclusión que podemos sacar por la edad. Nos estamos perdiendo del bono demográfico, hay en este momento mucho joven en edad de trabajar y lo que les estamos devolviendo es una imagen de sí mismos con un prejuicio y una generalización que se convierte en el “mejor no contrato a un joven porque creo que es irresponsable’.

Cuando se pregunta si se considera válido llamar a la policía si hay un grupo de jóvenes en una esquina, 64 por ciento de la población dijo que sí, que de alguna manera esto está justificado.

Tenemos toda esta serie de prejuicios que nos juegan una mala pasada como personas y como sociedad.

—Ya no hablamos sólo de cómo nos tratamos, sino de derechos.

—Eso es una de las innovaciones más importantes de la Enadis, se levantó percepción, pero también perfiles sociodemográficos y acceso a derechos, lo que permite ver la progresión entre el prejuicio, la práctica y luego el ejercicio del derecho.

—Si alguien argumentara que en el ámbito privado de una casa es válido elegir con quién queremos o no queremos compartir espacios, que allí no vale exigir que el ciudadano acepte convivir con un extranjero, o con alguien de cierta preferencia sexual o con un joven, que era mejor preguntar sobre ser vecinos y no, como en la Enedis, si uno estaría dispuesto a rentarle una habitación, ¿qué le diría usted?

—Yo creo que es válido preguntarnos cuáles son los determinantes de la encuesta, pero hay preguntas asociadas, como la exposición a la diversidad y allí sí vemos que a mayor exposición a la diversidad hay mayor tolerancia y mayor capacidad de aceptación.

Pues sí, la personas podrían diferenciar entre su ámbito privado y el ámbito público, pero lo que vemos es que cuando se anida un prejuicio (en lo privado) tiene reverberaciones hacia afuera. Alguien puede decir que en su casa no quiere a tales personas, pero que no le importa que estén en el ámbito público.… No es necesariamente cierto que uno puede dividir su prejuicio en privado y público.

Hace falta hacer una revisión más académica, más profunda sobre esto, pero no es un asunto menor, hay que discutirlo, pero al mismo tiempo creo que sí hay cierta resistencia a convivir en la intimidad con cierto tipo de persona, eso revela el prejuicio. Alguien puede afirmar que es tolerante y que los demás hagan lo que quieran pero no allí, pero cuando se le rasca un poco resulta que quienes piensan así creen que dos personas del mismo sexo que se casan están infringiendo un derecho.

—¿Qué le sorprendió de los resultados de la Enadis?

—Hay cosas que no son tan sorprendentes como el desconocimiento en torno al VIH o de las personas de la diversidad sexual, lo percibimos ya; pero sí sorprenden fuertemente la xenofobia y el tema de las personas jóvenes.

—¿Tiempos para tratar de cambiar todo esto?

—Es difícil especular, incluso se necesita hacer una reflexión con el INEGI para decidir cuándo volver a levantar la Encuesta. Esperaríamos a tener los resultados de la Enedis más trabajados.

—¿Esta Enedis hecha con INEGI, UNAM, Conacyt y CNDH es el mayor legado de su presidencia en la Conapred?

—La gestión termina en el 2019, hay tiempo de hacer muchas cosas.

 

 

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