Discriminación y tono de piel

Rosa Gómez Tovar

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) recientemente publicó los resultados de  la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) que capta actitudes, prejuicios y opiniones hacia distintos grupos de la población discriminados por motivos étnicos, etarios, de orientación sexual, entre otros.

Entre los principales hallazgos se identifica que el 23.3% de la población de 18 años y más considera que en los últimos cinco años se le negó injustificadamente algún derecho y que una de cada 5 personas declaró haber sido discriminada en el último año por alguna característica o condición personal, tono de piel, manera de hablar, peso o estatura, forma de vestir o arreglo personal, clase social, lugar donde vive, creencias religiosas, sexo, edad y orientación sexual.

Así también se hizo un análisis de profesiones y educación de acuerdo con el tono de piel, por ejemplo quienes se declararon con un tono de piel más obscura, el 33.5%, tiene educación básica incompleta, mientras que para el grupo con tonalidades más claras es del 18%.  En el mismo sentido, el 16% de la población con tonalidad más obscura cuenta con nivel de educación superior, cuando la proporción de las personas con tonos más claros es de 14 puntos porcentuales adicionales. Por el lado de las ocupaciones, los datos siguen siendo contrastantes, sólo el 2.8% de la población con tonalidad más obscura reporta ser funcionario, director(a) o jefe (o jefa), mientras que para tonalidades intermedias es el 4.4%, y el 6.1% cuando se habla de tono de piel más claro.

En este ejercicio, junto con el del Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI), también presentado por el INEGI el año pasado en junio se ha comenzado a reportar un conjunto de variables socioeconómicas relacionadas con el tono de piel. 

El desarrollo de más y mejores estadísticas nacionales  debe servir para  tener un verdadero mapa de la realidad nacional. De forma que tratar de visibilizar  la situación racial diferenciada permite hacer análisis sobre cómo la raza  puede seguir siendo un agravante de la situación económica  y social. Así que la única manera de dar cuenta de la forma en que aumentan o disminuyen las brechas raciales es a través de la estadística, en este caso sobre el tono de piel.

Nos debería llamar mucho la atención el que estos ejercicios sean tan recientes, pues no es un tema novedoso el que exista discriminación racial en nuestro país, que en muchos casos únicamente se ha concentrado en la población indígena, pero que también puede presentarse en otros grupos como los afrodescendientes o por tener un tono de piel moreno.

Sin duda hace falta incluir este tema en la agenda de debate público. Un ejemplo muy reciente de la falta de discusión de este asunto es una serie de fotos ligada a una campaña que hace un par de semanas fue duramente atacada en redes sociales.

Me refiero al hashtag #AsíVivimosElRacismo Que ha utilizado el Colectivo Coopera; en este caso, un grupo de participantes de un taller sobre racismo hizo carteles expresando una reflexión personal de lo aprendido en el taller. Sin embargo, algunas de ellas fueron violentadas en redes sociales por comentar asuntos sobre preferir lenguas extranjeras antes que aprender lenguas indígenas o sobre no aceptar el cabello chino —rasgo distintivo de raza negra— y relacionar a una persona de tono moreno con la delincuencia.

Visibilizar cualquier actitud racista, aún cuando no permita de forma directa mejorar la situación de educación u ocupación de quiénes sufren las consecuencias del racismo en la sociedad mexicana, sí permite generar un mayor debate sobre la necesidad de mayor igualdad en la política pública dirigida a eliminar la discriminación.  


rosagomeztovar@outlook.com

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