Mancera: un inepto con suerte

David Gutiérrez Fuentes

A pesar de tratarse de un personaje gris, sin discurso político y sin una sólida carrera en el servicio público distinguida por ofrecer buenos resultados, Miguel Ángel Mancera será senador de la república. De corazón priista, obtuvo su escaño en la Cámara alta gracias al partido Acción Nacional y pronto será nombrado presidente de la bancada perredista en el Senado de la república, sin ningún mérito que respalde su nombramiento.

Mancera ha sido el Jefe de Gobierno peor calificado de la historia reciente de la Ciudad de México. El día de la votación arrasó a sus rivales: Beatriz Paredes y la señora Wallace. El triunfo desde luego se lo debió a las gestiones anteriores de AMLO y Ebrard, y al efecto AMLO, el mismo que le permitió a Ebrard retener la capital en el 2006 y regresar en el 2018 como secretario de Relaciones Exteriores del próximo gabinete.

Sin embargo, Mancera fue un pésimo jefe de Gobierno: elevó los índices de inseguridad en la ciudad y le entregó la plaza a un cártel inmobiliario que compró parques públicos para edificar condominios de lujo, obtuvo permisos para construir plazas comerciales sobre cuencas de ríos o sobre avenidas densamente transitadas. Gracias a este cártel se consolidaron cacicazgos en varias delegaciones y aumentó la cifra de nuevos ricos que hicieron fortunas de la noche a la mañana especulando con permisos de todo tipo y desviando recursos para fines políticos o incluso personales.

Mancera, además, se caracterizó por ser un político con nulas habilidades para polemizar. Llegó al Senado sin hacer campaña ni participar en ningún debate importante a favor del Frankestein tripartita que mantuvo por casi un mes en la sombra a Ricardo Anaya después de su rotundo y merecido fracaso. No me imagino a Mancera pronunciando un discurso en el Senado. Nunca tuvo empatía con los electores y se dejó influir por una serie de interlocutores siniestros sobre los que muy pronto empezaremos a conocer a detalle el negro historial de corruptelas que propiciaron el desplome perredista en su principal bastión.

Con mucho más pena que gloria llegará a su fin la última Asamblea de la CDMX a mediados de septiembre. Lo mismo sucederá unos meses después con el gobierno encabezado por el PRD. Numerosas solicitudes de información tramitadas de manera individual, por empresas y por asociaciones vecinales que nunca fueron resueltas ni gestionadas de manera satisfactoria, quedarán pendientes para el próximo Congreso y para el próximo gobierno chilango. La mayoría de ellas sientan un precedente de lo que no se debe hacer en la próxima gestión en materia legislativa y administrativa para conservar el poder ganado con toda legitimidad. Todo se reduce, por lo menos en esta ciudad, a una seria advertencia: cortar esa lastimosa y oscura complicidad con las empresas inmobiliarias y gobernar al lado, no al margen, de una ciudadanía caracterizada por su alto margen de participación política.

Una interpretación del inmerecido regalo para Mancera como coordinador perredista en el Senado, respaldado por la tribu de Los Chuchos, es que tenga como finalidad tender puentes de acercamiento con Morena y marcar una raya definitiva con su aliado natural: el PAN. Espero que esta especulación no pase de ahí. De lo que no tengo duda es de que Mancera tiene suerte, pertenece a esos políticos que hacen carrera gracias a que los dados, y no los frutos de su trabajo ni la eficacia ni desde luego la probidad en los puestos desempeñados, juegan a su favor en los lances donde hay hueso en juego.

 


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