La crisis turca

José Fernández Santillán

Alguna vez Mijail Gorbachov—recordando el libro de Ernest Hemingway Por quién doblan las campanas—dijo, para describir la globalización, “Hoy cuando los campañas suenan, repican para todos”. Y es verdad: hoy lo que sucede en un lado del mundo repercute en cualquier parte; no hay quien se salve.

Es lo que está sucediendo con el conflicto entre Turquía y Estados Unidos, países que se han enfrascado en una disputa comercial que ha provocado una inestabilidad económica en todo el mundo. En México nos ha pegado en la equivalencia de nuestra moneda respecto de la divisa estadunidense: el lunes de esta semana “la moneda mexicana perdió…1.12 por ciento frente al dólar, lo que llevó al tipo de cambio a 19.1749 unidades, un nivel máximo de las últimas cinco semanas, según datos del Banco de México.” (Esteban Rojas, “Vuelve presión sobre el tipo de cambio…ahora desde Turquía”, El Financiero, 14-VIII-2018, p. 4).

La crisis turca también ha golpeado a las bolsas de valores en Europa sobre todo después de que el presidente norteamericano, Donald Trump, estableciera nuevos aranceles al acero y al aluminio de Turquía. La Comisión Europea (CE), que suele ser muy parca en sus declaraciones, afirmó que observa atentamente el desarrollo de los acontecimientos en vista del “potencial efecto” que esta situación puede traer para las entidades bancarias de la Unión Europea. A esto debemos añadir que la depreciación de la lira turca ha provocado un “efecto dominó”, no sólo en el Viejo Continente, sino también en diversos puntos del planeta.

Se prevé que los efectos más severos los sufran la monedas emergentes como el rand sudafricano y la rupia india (Alicia González, “Mucho más que una crisis emergente”, El País, 14-VIII-2018, p. 3). El nerviosismo se ha contagiado a países como Argentina que hace unos días se vio forzado a subir los tipos de interés de 40 a 45 por ciento.

El diferendo con Norteamérica ha hecho que en Turquía se registre una fuga de capitales extranjeros. Como reacción el banco central de esa nación anunció una inyección de liquidez para frenar la sangría que padece la moneda nacional. El presidente Recep Tayyip Erdogan denunció que Estados Unidos está “apuñalando por la espalda” a Turquía. La lira está en su momento más débil en los últimos quince años. “En la última semana la divisa ha perdido un cuarto de su valor y desde inicios de año pierde más del 40 por ciento. (El País, 14-VIII-2018, p. 3).

En un discurso pronunciado en el palacio presidencial de Ankara, Erdogan les aconsejó a los empresarios del país no ir corriendo a los bancos para comprar dólares. Anunció que su gobierno no tiene la intención de confiscar los depósitos en moneda extranjera. Según su parecer la crisis por la que atraviesa Turquía es producto de la confabulación de quienes “empezaron las protestas de Gezi [en 2013] y dieron el golpe de Estado traidor del 15 de julio [de 2016]” (Idem).

No obstante, en vez de tratar de apagar el fuego, Erdogan lo atizó al nombrar a su yerno, Berat Albayrak, como ministro de Finanzas. El resultado fue que miles de millones de liras salieron de la Bolsa de Estambul haciendo caer en 20 por ciento el valor de las acciones de los principales bancos, varios de ellos en manos de europeos.

El conflicto entre Turquía y Estados Unidos no es, simplemente, de carácter económico-financiero. Más bien, es consecuencia de un diferendo político. El presidente turco le exigió a la Unión Americana la repatriación de Fethüllah Güllen, (apodado afectuosamente ­Hodjaefendi) uno de los líderes de la rebelión contra su gobierno. Güllen es un teólogo moderado promotor del entendimiento entre las tres religiones monoteístas. En un principio apoyó a Erdogan; pero luego lo denunció por corrupción y dirigió la rebelión contra el autócrata. Desde entonces, Erdogan lo persigue al grado que Güllen tuvo que autoexiliarse en Estados Unidos.

Washington, en contrapartida, solicitó la liberación del pastor evangélico norteamericano Andrew Brunson, encarcelado en octubre de 2016 durante la ola de detenciones realizadas por el gobierno turco. Se le acusó de formar parte de un grupo terrorista y luego de espionaje e intento de derrocar al gobierno.

Podría darse la negociación e intercambio entre Güllen y Brunson, pero, como medida de presión, Trump está usando, precisamente, el alza de los aranceles a los productos turcos.

Trump parece solazarse en medio del caos: aparte de que ha puesto al mundo en vilo con el conflicto provocado con Turquía, muestra no haber entendido las consecuencias de afectar a un aliado estratégico de la OTAN en cuyo territorio se encuentra el Cuartel General del Mando Terrestre de esa organización, clave para las operaciones militares de los aliados en Medio Oriente.

Simplemente hay que ver el mapa: Turquía comparte frontera con Irán, Siria, Iraq, Bulgaria, Armenia, Azerbaiyán, Georgia y por mar con Rusia a través del mar Negro. Quiérase o no, Turquía es el muro de contención contra los afanes expansionistas de Vladimir Putin, así es que no hay que estirar tanto la liga al grado que termine por romperse.

Todos resentiríamos ese error.

jfsantillan@itesm.mx
@jfsantillan

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