“¡Amanda, ciérrale!” - Conacyt - | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 18 de Agosto, 2018
“¡Amanda, ciérrale!” | La Crónica de Hoy

“¡Amanda, ciérrale!”

Conacyt -

Briseida López Álvarez*

Doctora en Ciencias Ambientales.

Investigadora del Programa Agua y Sociedad de El Colegio de San Luis.

briseida.lopez@colsan.edu.mx

 

Algunos de nosotros recordamos con cierto cariño y añoranza el comercial televisivo en la década de los ochenta, que nos invitaba a cuidar el agua. “¡Ya ciérrale, te la estás acabando!”. Esta frase logró —a mi juicio— un cierto grado de concientización o llamada de atención a un problema que ya se percibía en esa época como un reto de la ciudad: el cuidado del agua.

El acceso a este vital recurso no depende sólo de la disponibilidad física (agua superficial o subterránea). En el caso de nuestro país es importante decir que según cifras del Centro Virtual del agua (2017), pasamos de tener una disponibilidad de agua por habitante de 18 mil metros cúbicos en 1950 a 3 mil 692 metros cúbicos en 2015, es decir, en 65 años se ha reducido esa disponibilidad casi en 80 por ciento, lo que deja actualmente a casi nueve millones de mexicanos sin agua entubada. Esto claro, tiene una relación directa con el incremento de la población del país; sin embargo, la disminución también se ha visto limitada de forma importante por la calidad.

Los cuerpos de agua superficial como ríos, lagos y mares, reciben descargas de aguas residuales sin tratamiento. En las Estadísticas del Agua en México edición 2016, se informó que en nuestro país se trató solo el 57 por ciento del agua que recolecta de los sistemas de alcantarillado municipales, mientras que el sector industrial trató casi el 71 por ciento.

Es conveniente decir que aunque el porcentaje de aguas residuales industriales que no son tratadas es menor, las sustancias tóxicas como mercurio, plomo, cadmio, níquel, cromo, arsénico, que las componen, son de mayor impacto ambiental que las aguas residuales domésticas. No obstante, es importante señalar que además de la materia orgánica,en la actualidad en los hogares se hace uso de una gran cantidad de productos de limpieza, detergentes, aceites y algo que pasa desapercibido, fármacos.  Es así que existen muchos ejemplos de la contaminación por descargas en ríos en todo el territorio mexicano que reciben aguas de desecho tanto doméstico, industrial y agrícola (fertilizantes, pesticidas, etc.). Ríos como el Lerma, Santiago, Balsas, Pánuco, Grijalva, Papaloapan son los grandes ejemplos de muchos más cuerpos de agua superficial que son afectados por las actividades humanas y que representan focos de infección para las poblaciones que están en contacto con éstos.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2017) reporta que en todo el mundo, 780 millones de personas carecen de acceso al agua potable, y 2 mil 500 millones a sistemas de saneamiento apropiados. Esto contribuye a la exposición a enfermedades de transmisión hídrica como fiebre tifoidea, cólera, hepatitis A, diarrea, giardiasis, amebiasis, filariasis, esquistosomiasis y balantidiasis, transmitidas por el agua contaminada.

En cifras de la OMS, las enfermedades diarreicas son la segunda mayor causa de muerte de niños menores de cinco años y ocasionan la muerte de 525 mil niños cada año. En nuestro país aún se siguen reportando muertes asociadas a enfermedades de transmisión y por el consumo de químicos patógenos (arsénico, nitratos o flúor). En México, la tasa de mortalidad en niños menores de un año por enfermedades diarreicas agudas, es de 7.5.

Ahora bien, se estima que en México se consumen algo así como 85 mil 664.6 millones de metros cúbicos anuales para diferentes usos. Los tres usos principales son el sector agrícola con el 68 por ciento, el uso público urbano con el 14.52 por ciento y la industria  con el 7.4 por ciento. Lo lamentable es que según el Centro Virtual del agua, la Ciudad de México y su área metropolitana es la ciudad que más agua desperdicia principalmente por las fugas en la red hidráulica, que han sido estimadas por la Comisión Nacional de Agua (Conagua) en un 38 por ciento. En el caso del sector agropecuario, Conagua afirma que 57 por ciento del agua que consume se pierde por evaporación a causa de la infraestructura de riego ineficiente, en mal estado u obsoleta.

La problemática del acceso al agua en calidad y cantidad, como ya se mencionó, no depende de la existencia en si misma, en muchas ocasiones depende de las capacidades tecnológicas y económicas de una población, incluso de condiciones culturales. Las poblaciones urbanas generalmente cuentan con cierta infraestructura hidráulica y sanitaria, no se puede decir lo mismo de comunidades rurales donde la carencia de ésta limita el acceso. Pero es también en la ciudades donde el reúso de aguas tratadas, aún no se ve como práctica totalmente aceptada. Se sabe que México es uno de los principales “reusadores” del agua en el mundo desde 1995, pero desde entonces a la fecha no se ha aprovechado al máximo la experiencia.

En distintas partes del mundo el uso de aguas tratadas en zonas agrícolas ha generado una reducción en la presión de este sector sobre el agua de primer uso, sobre todo en lugares donde el agua es escasa por cuestiones climáticas. Sin  embargo el beneficio de este tipo de agua debería ser de interés para la industria, centrales eléctricas, centros recreativos y usos municipales, como el riego de zonas verdes o el baldeo de calles, tal como lo asegura la FAO (2013).

Hoy queda en el recuerdo y como si fuera una lección no aprendida hace más de 30 años, la frase de aquel comercial “¡Amanda, ciérrale!”

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