Trump, uno más de los autócratas del planeta - Leopoldo Mendívil | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 20 de Agosto, 2018
Trump, uno más de los autócratas del planeta | La Crónica de Hoy

Trump, uno más de los autócratas del planeta

Leopoldo Mendívil

MR. ED WHITACRE,

EMBAJADOR NOMINADO DE

ESTADOS UNIDOS EN MÉXICO:

+El enemigo mortal de la

democracia es la autocracia

Otto Hermann Kahn

 

CIUDAD DE MÉXICO.Por si le respeta Trump el nombramiento que le dio para que venga a México a representarlo aquí, deseo proseguir el acercamiento a distancia que hace dos semanas inicié con usted por este conducto, aunque siento mucho que sea con malos comentarios sobre su posible nuevo jefe…

En una clásica actitud autocrática, durante las semanas pasadas el presidente Donald Trump se dedicó a desacreditar cualquier fuente de información que le disgusta, lo cual, en un país que presume su libertad de expresión, es francamente alarmante según lo expresan diversos medios de comunicación del país vecino.

El problema con Trump es que logra persuadir a un gran número de estadunidenses, quienes creen cualquier cosa que él o sus aliados dicen, no importa cuán distante sea de la verdad. Parece que la subversión ideológica ya rinde frutos, como enseguida va usted a ver:

En un mitin republicano realizado en Florida, los simpatizantes abuchearon al reportero de CNN, Jim Acosta, corearon que “CNN apesta” y le hicieron señas obscenas. Ya el hecho fue de consideración, pero lo grave fue que Eric Trump, el hijo del mandatario, subió el video de la agresión en su cuenta de Twitter con el hashtag #Truth (#Verdad) alabando tal conducta. Luego el mensaje fue retuiteado por el propio Donald Trump. Consecuencia: “El presidente no está violando una norma abstracta de la democracia; está promoviendo abiertamente el odio”, reportó el portal noticioso Vox.

Muy lejos está Trump de entender que la palabra de un Presidente —en cualquier país— tiene consecuencias; sigue comportándose como el empresario buleador que siempre ha sido. El pasado 1º de agosto tuiteó el siguiente mensaje al procurador general, Jeff Sessions: “Debe suspender de inmediato esta amañada cacería de brujas“, refiriéndose a la investigación que lleva a cabo el propio Sessions sobre la intromisión de Rusia en las elecciones estadunidenses de 2016. Más allá de que no se trata de una cacería de brujas, lo que preocupa a Trump es la visión legal sobre el delito de colusión, que no está tipificado en el código penal, pero todos los hechos alrededor de ella sí son delitos, empezando porque el equipo de una campaña presidencial no puede recibir o solicitar ningún bien o servicio de una entidad extranjera.

Pero el ataque a los medios que no le son afines no paró ahí. La secretaria de Prensa, Sarah Huckabee Sanders, hizo acusaciones incendiarias: afirmó que los medios entorpecieron la captura de Osama Bin Laden después del ataque a las Torres Gemelas, al dar a conocer que el terrorista utilizaba un teléfono satelital. “Es una patraña”, reviró el Instituto Brookings; como si Bin Laden no hubiera podido contratar otro teléfono satelital.

No es conveniente ni sano para ningún país que su presidente esté montado en una línea de ataque permanente hacia sus enemigos, reales o imaginarios. Trump llena la agenda pública de temas tóxicos que exaltan viejos agravios y los convierte en eje del diálogo social, al tiempo que replica una y otra vez todas las adulaciones que recibe. O sea, que sigue fomentando la polarización, otro de los elementos de la subversión ideológica.

Aún más, Trump no está por la libertad de expresión; lo que busca es propaganda gratis. Su presidencia se basa en retribuir a sus más devotos: nacionalistas blancos, nacionalistas cristianos, etnonacionalistas. Cree que EUA fue fundado como una nación blanca y cristiana; luego entonces, así debe ser gobernada. Su base republicana está dominada por el miedo a lo distinto y Trump es el apóstol perfecto que lo mismo ataca al fiscal Mueller que al FBI, los aliados internacionales, celebridades y atletas, migrantes, los medios y, sobre todo, a la verdad.

Veamos un elemento más de la subversión ideológica: la desinformación. Trump ha pervertido el concepto de las fake news. Si se lo tomara en serio, cuando un medio difundiera información falsa o imprecisa, tan fácil como pedir el derecho de réplica. Pero no, en lugar de brindar los datos correctos, la administración Trump se monta en su línea de ataque porque le reditúa una mayor lealtad entre sus seguidores. Para el presidente, fake news son todas las informaciones, artículos y opiniones que no están a su favor y las quiere echar abajo a base de calificativos porque no se ajustan a su mundo alterno.

¿Se dará cuenta Trump del buen servicio que hace a la subversión ideológica al diluir los valores más preciados de los EUA en medio de tantas diatribas?

Lo peor será que parezca proyectarse como el autócrata en jefe de cuantos existen en el panorama político actual del planeta…

 

 

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