Cultura

Villa, bandolero, una crónica alejada del estigma contra El Centauro del Norte

Este libro describe los 16 años en los que Doroteo Arango fue salteador, pero también es la ruta de cómo se transformó en el gran Revolucionario, dice Jesús Vargas Valdés

Villa bandolero, de Jesús Vargas Valdés, es la crónica de los 16 años como forajido de Doroteo Arango, pero también es una ruta de cómo adquirió las capacidades para  convertirse en el general de la División del Norte, mediante la construcción de una gran red social en Chihuahua y Durango y el conocimiento de la orografía de esos estados.

“La ruta de Francisco Villa de 1894 a 1910 es una época donde él construye todos los elementos que le permitirán ser el importante revolucionario que honraba la lealtad y valentía y condenaba la traición y cobardía”, añade el historiador e investigador. 

A finales del siglo XIX y principios del XX, el adolescente Doroteo Arango era el típico ciudadano pobre de la etapa porfirista. “Es su primera identidad y tiene que interactuar con su familia y entorno. Tiene 16 años pero en él hay una diferencia: es un personaje muy precoz, crece muy rápido y en algún momento decide brincar el lugar donde se encuentra, porque no le es suficiente”, explica el investigador y egresado del IPN.

Y ahí, cuenta Vargas Valdés, entra el primer mito sobre Doroteo Arango: se dice que la decisión de abandonar su familia se da por impedir la presunta violación a su hermana por parte de un hacendado rico. No es cierto y eso fue algo que después Francisco I Madero desmentiría en una carta publicada en un periódico.   “La verdad es que Doroteo, como miles jóvenes abandonaron a sus familias por algún robo furtivo o para conocer la aventura y no quedarse como peones”.

Por esto, antes de 1910 no existía Pancho Villa, sino sólo Doroteo Arango y algunos de los sobrenombres que se ponía como “Alfredo”, “gorra gacha” o “fierona” con las cuales hacía sus negocios de vender vacas y mulas robadas. En este tiempo, Doroteo, primero  es cobijado y formado en el bandolerismo por Ignacio Parra. Después, él seguiría por su cuenta, añade el investigador. Y cuando fue general de la División del Norte,  muchos jóvenes se le unieron porque los emocionaba tener un caballo, una carabina y andar libres. Una de las causas de que se sumaran a la Revolución, eran las pocas oportunidades y la pobreza extrema.

En esta etapa, la banda de Doroteo era una más de otras que existían, y en ocasiones andaba solo. Por ejemplo, cuando se mueve del centro de Durango al norte del estado, su grupo roba vacas y mulas. Pero cuando está en  Chihuahua, combina el papel de bandolero con el de vendedor de ganado, y algunos hacendados le compran el ganado robado a bajo precio y así puede vivir.

Pero en su etapa de bandolero, explica Vargas Valdés, Doroteo Arango logra conocer la orografía de Durango y Chihuahua, ser un gran manejador de armas y un gran jinete, además de formar una gran base social, elementos que lo llevarían a ser un general importante de la Revolución Mexicana.

Y un punto importante, dice el historiador, es que cuando ya es Francisco Villa, es porque el mismo pueblo lo hace su líder. “La gente le tiene confianza porque él los mira de igual a igual. Esto le permite no cometer errores ni buscar la presidencia ni la riqueza. Este es el pensamiento social de Villa: oportunidades para todos”.

Sin embargo, el estigma como bandolero superó su historia. “Después del  triunfo de la Revolución Madero lo llama y le pide que se vaya a la vida privada. No lo quiere por bandolero, aunque no se lo dijo de frente y antes haya escrito una carta absolviéndolo. Y esto pesó en la biografía de de Villa, aun cuando fue el principal jefe revolucionario en la caída de la dictadura de Huerta”.

La vida de Villa se puede separar en varios bloques: su infancia a lado de su madre y hermanos con muchas carencias económicas; otro que va de 1894-1910 y el cual es su periodo como bandolero; 1910-1915, el revolucionario triunfante; de 1916-1920, el guerrillero resistiendo y por último de 1920-1923, viviendo en La Hacienda de Canutillo, en el municipio de Ocampo, Durango, un epílogo en su vida, sitio en el que con 300 hombre trata de hacer realidad algunos de sus sueños: convertir su propiedad en una zona de producción exitosa, para lo que consigue créditos para maquinaria, trata de establecer un banco con apoyo  de Adolfo de la Huerta, tiene planes para tender un ramal de ferrocarril y conectar la zona con Parral y otros puntos, además de que era con un buen gobernante para su empleados.

En este tiempo, añade Vargas Valdés,  se olvida de la milicia y se entrega al gobierno de manera inocente, porque espera su apoyo para realizar sus sueños. Pero el 20 de julio de 1923 muere en una celada. Y este el fin de Villa, para quien ser ranchero, era lo ideal.

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