No a la inviabilidad legal, duplicidad de funciones y engrosamiento burocrático

Marielena Hoyo Bastien

Segunda y última parte

 

Para como se están dando de complejas las cosas en el tema

 ambiental y su diversidad de asuntos pendientes y los por venir, partiendo simplemente del programa VAQUITA y del problema

que viene a ser y será la abundancia descontrolada de sargazo,

y luego…

 con las cientos de tortugas marinas aparecidas muertas

mostrando daños que hacen suponer, en algunas, origen

antropogénico, más la pérdida de tantos manatíes al sur del país,

sin que LA CAUSA real —a distancia de varios días y con tantísimo experto interviniendo— haya podido definirse, y mucho menos se vislumbren posibles responsables, a según cada esfera, mucho me

temo que los aluxes de la ya muy próxima Secretaria del ramo,

Josefa González-Blanco Ortíz-Mena, no le serán

 suficiente apoyo, así como tampoco su sola buena voluntad y disposición.

Va en serio…   

 

 

Y por lo que toca a los animales domésticos tampoco su futuro luce alentador ni su maltrato disminuye a pesar de ser delito. La crueldad del ser humano no tiene límites. Verán…

A punto de sentarme a escribir el presente texto de continuación, irrumpió mi inspiración el mensaje enviado por la MVZ Mercedes Paredes Pérez comunicándome dos muy lamentables situaciones, una tras otra, acontecidas en su entorno. La primera, el habitual abandono de un perrito blanco, pero que a diferencia, fue amarrado a una bolsa que contenía… ¡hágaseme el canijo favor!… su camita. ¡Desgraciados! La segunda… esa sí que definitivamente terminó con mi día, al tratarse del ahorcamiento de un perro dentro de la poblada Unidad Independencia, al sur de CDMX, en lo que los vecinos describen como “la pista”; lugar para mejor seña pegado al Teatro Independencia, cuya fachada da justo a una vía transitadísima a toda hora. O sea, a la vista de cualquiera. De hecho, una vecina alcanzó a percatarse del suceso, que cita llevado a efecto a la medianoche del pasado domingo, pero con todo y que corrió tras el siniestro personaje no le puso dar alcance. Seguramente quedará impune la violenta muerte del animal de raza criolla, talla grande, color dorado, corpulento y con buenas carnes, lo que indica que tenía hogar. Para terminarlo fueron utilizados su propio collar y correa. ¿Se imaginan? Por ello…

Es tiempo de que la autoridad competente desmotive drásticamente estas acciones, y...

Ya sobre lo comprometido, insisto en la conveniencia de que el próximo gobierno capitalino, a cargo de la Dra. Sheinbaum, acepte la propuesta de analizar pormenorizadamente y sin pasiones desbordadas, tanto la Ley de Protección a los Animales como la inconveniencia de que haya diversas oficinas trabajando en cuestiones similares, pero cada una jalando a su parecer y conveniencia, desperdiciándose así el recurso y confundiendo. Por ejemplo, están LOCATEL, el Consejo Ciudadano, la Secretaría de Seguridad Pública con la Brigada de Vigilancia Animal, a la que por cierto hay que reconocer legalmente; el área de zoológicos, las todavía Delegaciones, y ahora hasta la inoperante Agencia de Atención Animal y la PAOT. En el Sector Salud, igualmente hay una Norma Oficial Mexicana que específicamente obliga a que esas autoridades lleven actualizado el inventario de perros y gatos vacunados contra la rabia. Es un registro que incluso contiene nuestros datos personales y supuestamente identifica plenamente a los animales, por lo que sería un desperdicio de tiempo y recursos repetir la acción por medio y métodos diferentes, de pilón a costa monetaria del ciudadano, cuando incluso como tercera opción aparece LOCATEL, que ya cuenta con un registro vo-lun-ta-rio de animales de compañía. La información de aquellos atendidos en clínicas privadas se resolvería cruzando datos, y de esa forma se obtendría un universo efectivo de canitos y mininos con hogar y custodios responsables. Por otra parte, destinar el presupuesto de la “Agencia” para lograr un primer objetivo como sería levantar un inútil censo sobre perros detectados en espacios públicos, resultaría un verdadero despropósito, con si acaso, un futuro nada halagador para esos chuchos, sin omitir que difícilmente podrían distinguirse certeramente los ejemplares vagos, de aquellos abandonados y de los extraviados o de plano de los legítimamente callejeros. Seguiré sobre esto conforme pueda, porque otra vez se me terminó el espacio.

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