¿Hasta las cortinas?

Pepe Capitalino

¿Hasta las cortinas?

Los procesos de entrega-recepción de las dependencias, ante la llegada de las nuevas administraciones, están en puerta. Y las oficinas de la Asamblea Legislativa que están en el zócalo capitalino ya están siendo desocupadas. Nos cuentan que computadoras, televisiones, teléfonos, escritorios y hasta las cortinas fueron sacados del edificio. Los guardias de seguridad aseguran que sacaron más cosas que las que cada diputado con su equipo llevó al sitio cuando comenzó la Legislatura. Peor aún, nos dicen, el problema no es que se lleven las cosas, sino que el resguardo lo tiene gente de base sindicalizada a la que se le cobrará cualquier cosa que falte cuando se revise el inventario. A los legisladores no les bastó trabajar poco y gastar mucho, al fin que es el año de Hidalgo...

Leonel Luna, eclipsado

Al que poco a poco se le está acabando el brillo y no sabe qué hacer, es a Leonel Luna. Nos cuentan, los que conviven con él, que el perredista está desesperado porque no le tocaron ni las migajas del pastel amarillo tras la fiesta electoral (que de resaca dejó un PRD reducido y golpeado). El que fuera delegado en Álvaro Obregón busca sobrevivir dentro de la política urbana y lo que no sabe es que los integrantes de Morena ya lo tienen eclipsado. A muchos, como César Cravioto, Víctor Hugo Romo y Beatriz Olivares, no se les olvida que durante la gestión de Luna como presidente de la Comisión de Gobierno, los trató, dicen, con la punta del zapato. El asambleísta está buscando, según su agenda, reuniones con perredistas y panistas; sin embargo, nos relatan, también quiere encuentros con los seguidores del mesías. Bueno, hasta dicen que ya ni su discípula Antonieta Hidalgo, delegada en Álvaro Obregón, le hace caso. No cabe duda de que la vida, incluyendo a la política, es una rueda de la fortuna. Y hay quienes se atreverán a cambiar de carro para mantenerse en la cima.

La mano que no mece, ahorca

El exjefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, pierde adeptos de cara a la siguiente administración, pues se dice que ahora, más que nunca, mete la mano en la administración chilanga. Hay quienes refieren que al Antiguo Palacio del Ayuntamiento marca hasta cinco veces al día a quien lleva las riendas de la administración de la Ciudad de México, José Ramón Amieva, para que se sigan haciendo las cosas a su manera. Y no sólo eso, los hermanos Serna, sus aliados, comentan algunos cercanos, también dan línea desde sus trincheras a los secretarios. Nos explican que incluso algunos colaboradores manceristas están hartos y aseguran no temerle al despido. El hartazgo llega a tales niveles que unos prefieren dejar sus cargos, que tener que hacer todo el proceso del acta entrega-recepción que pide Contraloría cuando hay cambio de gestión.

 

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