Ayúdale a tu hijo a que se comporte mejor | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 24 de Agosto, 2018

Ayúdale a tu hijo a que se comporte mejor

Prevención. El origen de la conducta de cualquier niño o niña podría estar en su salud intestinal, por lo que enriquecer la dieta del menor con probióticos y ácidos grasos esenciales ayudaría a mejorar su comportamiento y al mismo tiempo incrementar su potencial neuronal

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Antes de sentir impotencia ante la caótica conducta de los hijos, habría que evaluar la calidad de los alimentos que ingieren todos los días, ya que de éstos dependerá la respuesta que se tenga en funciones básicas neuronales que influyen en la conducta y desarrollo del menor.

Una de las múltiples relaciones que existen entre la calidad de los alimentos y conducta infantil, es que si el bocado es rico en nutrientes, será de fácil digestión, promoviendo per se la salud intestinal y con ello se tendrá acceso a los siguientes beneficios: 1) fortalecimiento del sistema inmunológico; 2) mejor desempeño neuronal; y 3) estabilidad emocional.

Por el contrario, si de manera recurrente los niños “se portan mal”, además de revisar su salud intestinal, entre otras cosas, habría que evaluar la capacidad auditiva, visual y estructura ósea, ya que cualquier alteración en estas áreas podría ser el factor que detone conductas inadaptativas que los adultos, al no comprender, intentarán corregir de manera poco o nada asertiva.

Para ilustrar lo anterior, habría que imaginar el caso de un estudiante de ocho años que, además de tener sobrepeso, todos los días ingiere un desayuno abundante en productos elaborados con harina y azúcar refinada, jugos naturales o procesados y una bebida láctea.

Casi como si fuera una regla, el estómago e intestinos de este menor pasará la mayor parte del día escolar inflamado, incomodidad que repercutirá en la conducta y aprendizaje, ya que dentro de las paredes gástricas habrá una serie de reacciones que dificultarán la oxigenación al cerebro, y el volumen ampliado del abdomen no lo dejarán estar en su pupitre con comodidad.

En consecuencia, la niña o el niño no estarán atendiendo al pie de la letra las indicaciones del docente, pudiendo distraer a sus compañeros y exponiéndose a ser foco de burlas, pues las reacciones químicas que se gestan dentro del estómago dan lugar a gases, flatulencias que ruborizarán al menor. En este sentido cabe destacar que es alta la probabilidad de que esto ocurra en las escuelas de México, pues el país ocupa el primer lugar en obesidad infantil, siendo uno de cada tres niños los que ya han iniciado el proceso degenerativo de las enfermedades del metabolismo.

Si además de las deficiencias en la alimentación, niñas y niños son expuestos a situaciones estresantes, entonces podrán también desarrollar otra alteración gástrica: “colitis nerviosa” o Síndrome de Intestino Irritable, padecimiento que hasta hace algunos años era exclusivo de los adultos pero que en diferentes medidas y proporciones, hoy afecta a la población en general.

De la cuna a la escuela. Desde el nacimiento, y por lo menos hasta el primer año de vida, la lactancia materna es el alimento que por excelencia contribuye a la cimentación del sistema digestivo, nervioso e inmunológico, lo que representa para un niño que exclusivamente haya recibido la leche de su mamá, la oportunidad de lograr una mejor maduración de su organismo.

Esto no quiere decir que todos los niños que hayan sido amamantados serán más inteligentes o que no se enfermarán en comparación con los menores que no recibieron este alimento, sino que tendrán más oportunidades para que su cuerpo trabaje de mejor manera.

Para subsanar esta carencia, en la dieta de los bebés que por alguna razón no tienen la oportunidad de ser alimentados con leche materna, puede recurrirse a complementos alimenticios de ácidos grasos esenciales.

Al respecto, la doctora Claudia Rojas, especialista en fitoterapia comentó que 80 por ciento del cerebro humano está conformado por ácidos grasos esenciales, por lo que si el bebé no está consumiendo leche materna se recomienda administrarlo en otra presentación y dosis alta; “esto es porque son importantes para el funcionamiento del sistema nervioso central”.

Además, la doctora Rojas explicó que los ácidos grasos que son suministrados de manera externa durante el periodo de lactancia, cuando no hay leche materna, ayudan a regular la microbiota intestinal, con lo que se fortalece el sistema inmunológico y se da el primer soporte al niño para lograr la salud intestinal.

Cuando el menor ve está en etapa escolar y presenta deficiencias en su salud gástrica, al tratamiento con ácidos grasos esenciales se le puede incluir la ingesta de probióticos, sinergia que mejorara las condiciones adversas que presente el estómago.

Una de ellas es el Síndrome de Intestino Irritable (SII) o colitis nerviosa, trastorno que aunque es más frecuente en adolescentes también puede condicionar el bienestar de los niños en edad pediátrica. Al respecto, el gastroenterólogo José Madrazo, pediatra miembro de la Asociación Mexicana de Gastroenterología, comentó que el SII es un padecimiento multifactorial y que entre las principales causas se encuentra la herencia, la dinámica familiar afectada, falta de socialización o aceptación, niños con expectativas muy altas o presión por parte de los padres de familia, entre otras.

Explicó que existen diferentes tipos y combinaciones de probióticos, algunos con indicaciones específicas como el que se utiliza para la colitis nerviosa (cepas Lactobacillus plantarum y Pediococcus acidilactici), los cuales pueden restablecer el funcionamiento intestinal de los pacientes jóvenes. Subrayó que pese a los beneficios de estos productos, es imperante que niños y adolescentes realicen actividad física. “Los papás deben ofrecer a sus hijos ambientes amigables, el niño o adolescente requiere vivir actividades propias de su edad, jugar, reír y divertirse”, concluyó.

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