“Pesa más la pala que el lápiz”: Harumi Bellasetín | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 24 de Agosto, 2018

“Pesa más la pala que el lápiz”: Harumi Bellasetín

“Pesa más la pala que el lápiz”: Harumi Bellasetín | La Crónica de Hoy

Harumi Bellasetín Sánchez terminó el año pasado la carrera de comercio internacional en la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM); hoy es soldado del Ejército en el servicio de materiales de guerra…

No quiso arriesgarse al desempleo en el ámbito civil o a salarios miserables en actividades ajenas a su formación académica, como ocurrió con la mayoría de sus compañeros.

Aun antes de aprobar todas las materias, inició el proceso de reclutamiento militar. “Se abrirán vacantes para personal femenino”, le dijo una de sus tías, en activo. De mayo a agosto de 2017 aprobó los exámenes médicos, psicológicos, culturales y físicos.

“Siempre me ha gustado el deporte: correr, brincar, aventarme de las alturas. Fue un trámite largo, me la pasaba huellando, como dicen aquí, para causar alta”, narró. Al fin firmó contrato un día especial para la patria: el 16 de septiembre, e interrumpió el proceso de titulación en la UAEM.

“Si en un lugar se cierran las puertas, los jóvenes debemos abrirnos a otras posibilidades, ahí está el Ejército o la Marina, sólo es esforzarnos un poco más. En el curso de adiestramiento conocí a muchos chicos que desconocían a las Fuerzas Armadas, llegaron porque sus padres ya no les podían pagar la escuela, y ahora están trabajando duro para salir adelante. El chiste es no rendirse”, dice.

La milicia no le era desconocida. Don Alejandro, su padre, fue cabo del Ejército durante ocho años, pero un día su esposa, cansada de la lejanía marital, le dio a escoger: “El Ejército o tus hijos”. También su suegra presionó: “Quiero vivo al padre de mis nietos”. Él pidió su baja y desde entonces comenzó a dedicarse al diseño de muebles para tiendas departamentales.

Las nueve tías paternas de Harumi, en uno u otro momento de sus vidas, formaron parte del ámbito castrense: unas causaron baja, otras desertaron. Hoy, además de ella, sólo se mantienen activas una tía y una sobrina.

“Me gustaba ver las fotos de mi papá vestido de soldado”, refiere la chica con cierta nostalgia.

Luego de su graduación, encontró oportunidad de trabajo como cajera, en una tienda departamental. “Eran las vacaciones y necesitaba algo que me diera un poco de dinero, para no tener los bolsos vacíos, además de conocer otras áreas”, cuenta.

Aguantó menos de dos meses. Y ya no lo pensó más: las Fuerzas Armadas serían su destino…

“Me aceptaron en la Marina para realizar prácticas profesionales en el área de adquisiciones de la aduana marítima; cuando terminé, hice los exámenes para alta y entregué papeles, pero nunca me hablaron. Y poco después salió la convocatoria en el Ejército”.

El servicio de materiales de guerra abarca los procesos de adquisición de armamento, aparatos de comunicación y medicamentos, entre otros insumos.

En total, fueron aceptadas nueve mujeres, sólo tres con carrera civil: una ingeniera industrial, una odontóloga y Harumi, pasante de comercio internacional.

“Mi primer tarea consistió en redactar un oficio para solicitar  fusiles automáticos y municiones”.

Fue asugnada al Campo Militar de Temamatla, Estado de México. “Ahí no me desarrollé bien, no hacía nada relacionado con mi carrera; por eso hablé con mi teniente coronel, buscando un cambio positivo”.

La enviaron al Campo Militar de Santa Fe, donde se firman adquisiciones y requisiciones, trámites más relacionados con su perfil.

“Si estudié cinco años es para desarrollarme en esa área, no quiero ser una soldado más, sino crecer. Si estudias y te inscribes a los exámenes de promoción, es posible, pero hay que esperar un año. También puedes reclasificarte y subir de grado, hasta después de cinco años de antigüedad”.

Gana 12 mil 800 pesos al mes, más prestaciones de ley.

–¿Por qué ingresar al Ejército y no buscar un chance en el medio civil?

–Bien o mal pagada aquí tengo estabilidad laboral y económica. Los compañeros de generación que consiguieron trabajo ganan un poco menos y su horario es muy pesado, todo el día. Aquí a las 7:30 es el toque de diana para el pase de lista y chequeo de uniforme y a las 3:30 salgo franca. Como vivo hasta Valle de Chalco, me quedo en el alojamiento militar. Sí hay castigos, mucha disciplina, pero los horarios se respetan.

–¿Qué porcentaje de tus compañeros de Universidad encontraron trabajo?

–Treinta o cuarenta por ciento, el resto no trabaja o desarrolla labores diferentes al estudio para sobrevivir; muchas de las mujeres se embarazaron y están en sus casas.

–¿Por qué no ingresaste al Ejército desde antes?

–Influyó la familia materna, en la cual casi todos son licenciados. La regla siempre fue: tienes que terminar una carrera, la escuela es lo que te saca adelante; eso viene desde mi abuelita, quien siempre nos repetía: pesa más la pala que el lápiz.

–Y ya como soldado, ¿te han servido los estudios?

–Hay muchas personas que son tenientes, coroneles o generales, y me dicen: tu forma de hablar o de escribir es diferente, de algunos temas sabes más que nosotros, y eso es bueno. No me arrepiento de haber estudiado una carrera civil. Muchos dicen: ¿qué haces en el Ejército donde te gritan y te levantan a las 5 de la mañana? Ya sabía a lo que venía, por eso no me pesa.

El nivel de aprendizaje en la UAEM, dice, le dejó “un buen sabor de boca. La mayoría de mis familiares son egresados de UNAM y Poli, y muchos decían que sería pérdida de tiempo, que la UAEM no era buena, pero la escuela me demostró que los conocimientos dependen de las ganas individuales, el problema es cuando sales, porque el país no está listo para abrirle las mejores puertas a todos”.

Sin embargo, descarta volver a la vida civil:

“En el Ejército he salido de mi confort. Estaba acostumbrada a que, si me sentía mal, me traían de comer a la cama. Aquí hay que luchar. En el adiestramiento fue ganarse cada cosa, hasta la comida. Fue arrastrarse en el lodo, correr y recibir regaños, pero también aliento cuando ya no podías más. Son las cosas positivas, aunque hay otras difíciles.

–¿Cuáles?

–Adaptarse a la mentalidad de los otros. Trabajo con muchos hombres y creen que voy a andar con ellos, que me voy a acostar con ellos, pero mi pensamiento no es ese, sólo crecer como mujer y profesionista.

 

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