La herencia de Heberto Castillo

Javier Santiago Castillo

El pasado 23 de agosto el ingeniero Heberto Castillo hubiera cumplido noventa años, una partícula más en la inmensa línea del tiempo, pero una inmensidad cuando trasciende el tiempo al dejar huella en las almas de los seres humanos que buscan cambiar el mundo para beneficio de las mayorías marginadas.

Vivió sesenta y nueve años, durante los cuales vio el nacimiento y consolidación del antiguo régimen. Participó en la recuperación de nuestro petróleo, cuando, siendo un niño de diez años, fue entregar su alcancía para cooperar al pago a las compañías extranjeras. En 1961 fue fundador del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), al lado del General Lázaro Cárdenas. Se solidarizó con los ferrocarrileros en 1958 y los médicos en 1965. Fue actor y preso por el movimiento estudiantil de 1968. Participó en la fundación de tres partidos: Mexicano de los Trabajadores (1974), Mexicano Socialista (1987) y de la Revolución Democrática (1989). Buscó la unidad de la izquierda para lograr su acceso poder.

En este periplo dejó múltiples líneas trazadas para la acción política y, me atrevo a decir, para la vida misma: la verdad, la defensa de nuestros recursos nacionales, el socialismo y la acción política.

Para comentar su obsesión por la verdad tal vez debamos iniciar con la conclusión: la verdad, la verdad a secas no existe. Si asumimos que lo único permanente es el cambio, la consecuencia natural es que la verdad es relativa a un tiempo y a una circunstancia.

La búsqueda de la verdad en la vida social tiene que ser colectiva, libre de enajenación. “Es frecuente que las personas piensen que su mundo es el mundo” y decía “…que en el quehacer político ese fenómeno se presenta un día y otro también.”

En esa búsqueda de la verdad el hombre tiene que aceptar que es parte de la naturaleza y por eso debe buscar convivir con ella armoniosamente, porque cuando el hombre destruye su hábitat natural, se destruye a sí mismo. Esa visión integral sólo se logrará cuando los seres humanos se desenajenen, aceptando que son parte integrante de la naturaleza.

Anudada a la verdad está la responsabilidad de asumir los actos propios y no escudarse en lo que digan las mayorías. “Decir la verdad suele ser peligroso. Así ocurrió en 1968…y si te agarran te van a matar” le advirtió el General Cárdenas, pero persistió en la búsqueda de la verdad. Hay que leer el primer artículo del libro Si te agarran te van a matar, reeditado recientemente.Es una lección de vida.

Su visión sobre el socialismo o más bien a la sociedad que aspiraba, fuera construida por los seres humanos, tenía muy poca similitud con el socialismo realmente existente. Fue un crítico de ese socialismo. Afirmó que suprimir la propiedad privada, para crear la propiedad privada del Estado no era socialismo. Ese modelo económico inhibió la creatividad humana, lo que desembocó en un atraso tecnológico e incidió en la caída del Muro de Berlín, al no resistir el embate de la revolución cibernética frente a los países capitalistas.

Su visión era la de un “socialismo humanista” respetuoso de los derechos humanos y promotor de la democracia, que limitará la riqueza para abatir la pobreza. Ignoro si leyó a ese gran historiador inglés Eric Hobsbawm, pero coincidió de alguna manera con él, en que hay que voltear la mirada a los países nórdicos que tienen altos niveles de equidad social construidos sobre la vía de la una real equidad fiscal.

Diferenciaba con claridad los conceptos de propiedad del Estado y propiedad de la Nación. La propiedad del Estado tiene diversas formas de materialización y puede enajenarse. Pero, la propiedad de la Nación es inalienable, es patrimonio de los mexicanos todos y base de la existencia de la soberanía nacional.

Esbozó el concepto de “socialización del poder”, sin desarrollarlo detalladamente, pero se deduce con claridad que es la antípoda del ejercicio del poder personal y centralizado. Esa “socialización del poder” para que trascienda en el tiempo con solidez debe construirse institucionalmente y no a capricho del voluntarismo coyuntural.

También crítico el neoliberalismo, al manifestarse en contra de la visión que “…el Estado flaco, pequeño, chiquito, enano, es la necesidad fundamental por satisfacer para que la humanidad resuelva sus problemas, acabe con las enormes desigualdades entre pobres y ricos.”

Según él, la lucha política, la lucha social, la lucha electoral debieran ser las articulaciones de la vida de un partido revolucionario. Defendió la participación electoral como un instrumento de cambio, pero sin abandonar los otros territorios de acción, actuando siempre pacíficamente. Murió meses antes de la cristalización del principio del fin del antiguo régimen, en 1997, cuando el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados por primera vez en la historia.

Defendió la pluralidad y la toma de decisiones colectivas. Se pronunció draconianamente en contra de los caudillos: “la Lambisconería o el culto a la personalidad, como se le quiera llamar, no son buenos aglutinantes en ningún partido. Hay que decirlo y actuar en consecuencia. No hay dirigentes infalibles, los mejores colaboradores son aquellos que saben decir no... No hay que olvidarlo”.

Cometió errores, ni dudarlo. Sin embrgo, tenía una mirada estratégica del acontecer político, para comprender con claridad las coyunturas. Vislumbró la insurgencia electoral de 1988 y se empeñó en unir a la izquierda en el PMS y con generosidad declinó su candidatura a favor de Cuauhtémoc Cárdenas.

Durante las dos décadas de gobierno de izquierda de la Ciudad de México no se utilizaron sus inventos en la construcción, que producen ahorros económicos importantes. Tenía claro que aplicación de la ciencia y la técnica en el ámbito público genera beneficios sociales.

Junto con Benedetti, creo que él “...era de los hombres que son capaces de entender que el mayor error del ser humano, es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón”. Heberto Castillo fue un sembrador de ideas y acciones, científicas y políticas, que al decantarse en el tiempo lo han convertido en semilla. Nos dejó una herencia de una conducta vertical, de humildad y tenacidad sin aspavientos y soberbia. Para honrarlo no hay que mencionarlo en los discursos. Hay que desarrollar creativamente y aplicar sus ideas en la búsqueda ­inacabable de la verdad construida socialmente.

 


Profesor UAM-I
@jsc_santiago
www.javiersantiagocastillo.com

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