La guerra sucia contra Francisco está en marcha | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 27 de Agosto, 2018

La guerra sucia contra Francisco está en marcha

Alarma. La carta del exnuncio vaticano en Washington, pidiendo la renuncia del Papa por acusarlo (sin pruebas) de encubrir a un cardenal pederasta, es toda una declaración de guerra de los ultraconservadores de la Iglesia para derribarlo. Los cuervos regresan al Vaticano y, esta vez, entre ellos uno siniestro y conspiranoico, Steve Bannon; y otro, el nuevo amo de Italia, el ultraderechista Matteo Salvini

La guerra sucia contra Francisco está en marcha | La Crónica de Hoy

De regreso de Dublín a Roma, el papa Francisco dijo lo siguiente a los periodistas que lo acompañaban en el avión y que le preguntaron sobre la explosiva carta del arzobispo Carlo Maria Viganò, pidiendo su renuncia por encubrir a un cardenal pederasta. “Yo no diré una palabra sobre eso. Creo que la carta habla por sí misma y ustedes tienen las capacidades periodísticas suficientes para llegar a sus conclusiones”. Por último, con tono firme, pero también enigmático, añadió: “Cuando haya pasado el tiempo y tengan sus propias conclusiones, quizá hable más”.

A falta de una sentencia sobre el caso del polémico cardenal Theodore McCarrick, en manos de la justicia canónica, la acusación contra el Papa de quien fuera nuncio del Vaticano en Washington (de 2011 a 2016) es una auténtica declaración de guerra por parte del sector ultraconservador de la Iglesia católica.

Cuervos sobre el Vaticano. La primera señal de alarma se refiere al momento escogido por Viganò para pedirle a Francisco nada menos que abdique al trono de San Pedro. Fue publicada durante su viaje este fin de semana a Irlanda, país católico por antonomasia y zona cero del escándalo de pederastia en el seno de la Iglesia católica. ¿Por qué no publicó su carta en junio, cuando el Vaticano anunció que McCarrick ya no era cardenal y estaba siendo investigado por una denuncia de abuso sexual? Todo indica a que el arzobispo italiano aprovechó (o alguien le dijo que aprovechara) la visita del Papa a Irlanda en agosto, para soltar la bomba.

También no deja de ser llamativo que el arzobispo italiano eligiera medios ultracatólicos para hacer pública su carta y, sobre todo, que en sus nada menos que once páginas no presentase ninguna prueba concreta de sus duras acusaciones contra el Papa y su supuesto silencio para proteger al cardenal estadunidense.

Pero quizá la señal de alarma más importante sea el oscuro papel de Viganò en la renuncia de Benedicto XVI, cuyo noble intento de destapar los escándalos de pederastia y de corrupción al interior de los muros vaticanos (lo que nunca hizo Juan Pablo II), fue contraatacado con la filtración masiva de documentos papales, muchos de ellos íntimos. Uno de los involucrados en ese escándalo conocido como Vatileaks era Viganò.

La caída de Ratzinger fue considerada entonces una victoria de los “cuervos” vaticanos, los mismos que durante siglos han intrigado para evitar que el pontífice de turno ponga en peligro sus privilegios. Sin embargo, el tiro les salió por la culata con la elección del jesuita argentino Jorge Bergoglio, en julio de 2013.

Tras unos primeros años de estupor del sector ultraconservador, ante la ofensiva del “liberal” Francisco a favor de los pobres y contra los lujos de algunos “príncipes de la Iglesia” —que coincidió, además, con la buena química del Papa con Barack Obama—, la llegada al poder de Donald Trump dio un vuelco a la situación. Y con el magnate republicano llegó un siniestro personaje amantes de las teorías conspiratorias: Steve Bannon.

Aunque caído en desgracia, tras atacar a Trump junior, el exasesor de la Casa Blanca comparte con el presidente estadunidense su plan para instalar gobiernos populistas y conservadores en todo el mundo. Católico convencido, una de las obsesiones de Bannon es reinstalar un pontífice tradicionalista, pero para ello debe conspirar con los jerarcas de la Iglesia que opinan igual que él. Uno de ellos es el poderoso cardenal estadunidense Raymond Burke.

“Las declaraciones hechas por un prelado de la autoridad del arzobispo Viganò deben ser tomadas muy en serio por los responsables en la Iglesia, declaró ayer Burke, quien, ante el inaudito pedido de renuncia de un alto miembro de la Iglesia al Papa, declaró que Francisco “debe afrontar personalmente la cosa, aclarando su posición”.

Por tanto, el desafío contra Francisco es ahora abierto y cuenta, además, con otro enemigo a no muchos metros de donde duerme Bergoglio en el Vaticano: el ministro italiano del Interior, el ultraderechista Matteo Salvini, que comparte con Trump el mismo odio hacia los inmigrantes y desprecia a los que los defienden, muchos de ellos miembros de la Iglesia católica, tanto la de Estados Unidos como en la de Italia.

No es de extrañar, pues. que Bannon haya dicho que “el Papa y los curas defienden a los indocumentados porque necesitan llenar sus templos” o que Salvino haya declarado que, con quien se confiesa no es con el Papa latinoamericano, sino con su amigo: el cardenal Burke.

fransink@outlook.com

 

Imprimir