TLCAN: AMLO no come lumbre - Francisco Báez Rodríguez | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Lunes 27 de Agosto, 2018
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TLCAN: AMLO no come lumbre

Francisco Báez Rodríguez

El que se haya alcanzado esta semana un acuerdo comercial bilateral entre México y Estados Unidos obedece más a razones políticas en ambos lados de la frontera que a motivaciones estrictamente económicas.

Del lado estadunidense, los tiempos políticos determinan que el Congreso tiene que aprobarlo, y esto tiene que ser antes de las elecciones de medio término, que se realizarán el primer martes de noviembre, por la sencilla razón de que es probable que el Partido Republicano pierda en ellas la mayoría en la Cámara de Representantes.

Del lado mexicano, conviene que la firma del nuevo acuerdo se lleve a cabo antes de que el nuevo gobierno federal asuma sus funciones. No es una condición estricta, pero sí permitiría a AMLO iniciar su administración con un problema menos, y ya sin que la incertidumbre sobre el libre comercio penda como espada de Damocles sobre las decisiones de inversión. En ese sentido, Peña Nieto no le hereda a López Obrador un problema, sino una solución, aunque no haya sido la ideal.

Llegar a un acuerdo base con la administración de Trump significa para México poner fin a una larga etapa en la que la falta de certezas respecto a la relación económica con EU servía de pretexto para la especulación y de alimento a la volatilidad financiera, con efectos negativos para la economía. Es un alivio para los gobiernos, para los inversionistas productivos y para todos los agentes económicos positivos. A estas alturas, se le dificultará al personaje que ocupa la Casa Blanca relanzar su política proteccionista.

Falta, por supuesto, ver si Canadá resuelve sus diferendos con EU, y en cuánto tiempo lo hace. En ese sentido, hay que leer la actitud de Trump como las amenazas y chantajes típicos de su estilo de negociación. De hecho, el acuerdo bilateral alcanzado ayer hace más probable –y no menos– la existencia de un tratado con las tres partes. El tema del contenido local en automóviles y el de la cláusula de extinción eran los dos más peliagudos. Un tercer tema, el del famoso capítulo 19, sobre en qué tribunales se ventilan los diferendos entre los países, es en realidad el único punto de fuertes desacuerdos entre esos dos países.

El caso es que lo más probable es que al final Canadá y EU lleguen a su acuerdo y el TLCAN se mantenga (independientemente del nombre). En ello influye un dato crucial: Trump fue autorizado por el Congreso para negociar un tratado trilateral, no uno bilateral. Cierto, el Capitolio republicano puede dar una marometa y aceptar como legal lo que quizá no lo sea… pero también puede no darla.

Entonces, para que haya certidumbre legal, Canadá tiene que estar. Y eso lo sabe el gobierno estadunidense.

Existen varias lecturas sobre lo sucedido. En la versión que seguramente manejará el gobierno de EU, Trump logró dividir a las partes y lograr acuerdos favorables para sus empresas y sus trabajadores. Presumirá, en tiempos electorales, haber defendido empleos y trocado una mala negociación –el viejo NAFTA– en una buena (y por eso quiere cambiarle nombre). En realidad, sus victorias frente a México fueron menores: los cambios en las reglas de origen en el sector del automóvil y la eliminación del capítulo 19. A cambio, ahora las exportaciones mexicanas de alimentos no estarán sujetas a la estacionalidad. En cualquier caso, así sea en aspectos marginales, México cedió más que Estados Unidos. Con ello, se demuestra que la relación seguirá siendo asimétrica.

Si preferimos ver el vaso medio lleno, hay que destacar el entendimiento entre los negociadores del gobierno de Peña Nieto y el representante del presidente electo López Obrador. Esa actitud fue fundamental para que no hubiera obstáculos internos y sí un frente único ante la parte estadunidense. El equipo de AMLO apostó, sin irse por la deriva ideológica en el tema de los energéticos, a favor de sacar adelante el TLCAN. Evitó así torpedear un esfuerzo de meses. Son las ventajas de nombrar a gente profesional para los puestos clave.

Vale hacer notar que un elemento que dificultó en general las negociaciones fue el bajo nivel de los salarios en México. Provisiones como la que limitará la creación de empleos en la industria del automóvil mexicana no se habrían dado de existir una estructura salarial decente en nuestro país.

Hemos subrayado que México cedió más que Estados Unidos, pero lo principal es que el acuerdo pone coto a cualquier tendencia autárquica que pudiera haber nacido, de haberse descarrilado las negociaciones. El presidente López Obrador tendrá que seguir trabajando con una economía abierta, en principio jalada por las exportaciones, dejando para el discurso los devaneos nacionalistas y el regreso a políticas económicas anteriores al TLCAN.

La situación, entonces, permite apostar a un fortalecimiento del mercado interno sin cambios traumáticos en el esquema de crecimiento económico. Eso significa que no va a tirar al niño junto con el agua sucia.

Lo más significativo es que AMLO parece estar cómodo con esa situación. En contra de lo que suponen las voces más asustadizas, no va a comer lumbre en lo económico.

 


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