Caminar, acto de rebeldía - Wendy Garrido Granada | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 28 de Agosto, 2018
Caminar, acto  de rebeldía | La Crónica de Hoy

Caminar, acto de rebeldía

Wendy Garrido Granada

Caminar ciudades y pueblos es uno de mis pasatiempos favoritos. Cuando se camina se contempla, se entiende y absorbe un lugar. Pasear y deambular sin mayor razón que observar es uno de los actos más liberadores que existen. Los famosos flâneurs del siglo XIX lo convirtieron en un acto poético e intelectual.

Pero caminar las calles, los parques, las plazas, los pueblos es una acción desafiante para las mujeres y personas vulnerables. Las ciudades han sido diseñadas y gobernadas por y para los hombres, como explica magistralmente la escritora y periodista Mar Abad en su artículo “Flâneuse: las mujeres aún tienen que conquistar las ciudades”.

Calles oscuras, banquetas estrechas o inexistentes, con bordes y hoyos, sin rampas, llenas de excremento, sin semáforos, sin cruces peatonales. Escalones y escaleras empinadas. Puentes antipeatonales y cruceros peligrosos. Son “esas barreras invisibles, de fronteras silenciosas que sentencian quién puede ir a un lugar y quién no”, dice Abad.

He caminado en algunas ciudades mexicanas y extranjeras. En cada una he notado diferencias abismales. Las calles de la Ciudad de México son particularmente hostiles. Hay lugares donde querer deambular y perderte es un acto heroico y hasta estúpido. Una batalla que desistes fácilmente si eres mujer y joven. Observas rápidamente como los hombres reclaman su espacio con gritos y chiflidos. Te advierten que no puedes andar, pasear y disfrutar, porque ellos son los dueños del espacio público.

Tu físico, la forma en que te vistes o caminas, no importan. Importa que eres mujer y estás en su zona. Te conviertes inmediatamente en la que los desafía. Porque andas sola. Porque caminas sin la compañía de un hombre, un protector. Eso es el acoso callejero. Cuando un hombre a través de las palabras no solicitadas, del chiflido, los ruidos y gritos busca intimidarte. Negarte la calle y el espacio público.

Las mujeres no sólo deben salir de sus casas como ruta para ir a otro lugar cerrado, la escuela, el trabajo, el supermercado. No tendrían por qué trazar rutas específicas para sentirse más seguras. Andar a prisa y alerta, sin bajar la guardia.

Es por eso que urbanistas, activistas y académicas han llamado a reclamar las calles. A desafiarlas. A conquistarlas. A repensarlas. A reconstruirlas. “El modo en que construimos no sólo refleja, sino que determina, quiénes somos y quiénes seremos”, dice la académica Laura Elkin en Flâneuse, Women Walk the City. “El ambiente es determinante, constitutivo; te convierte en la persona que eres y te lleva a hacer lo que haces”.

Por eso Elkin ha acuñado el término flâneuse, para recordarnos que las mujeres también podemos y debemos apropiarnos de los espacios públicos, de las calles. Tenemos que aprender a gozarlas y sentirlas. Sin olvidar que el sistema es voraz. Hay mujeres golpeadas, violadas y asesinadas por tener la osadía de salir solas a pasear su perro, trabajar, estudiar, a una fiesta, a caminar. Son por ellas, las víctimas de este sistema, que tenemos que replantearnos la reconstrucción del espacio público. Reflexionar, exigir, proponer y ejecutar nuevos sistemas que permitan que cualquier persona pueda convertirse en un flâneur o flâneuse.

Más espacios libres de violencia. Más espacios donde caminar no sea un acto heroico. Sin prisa, sin tiempo y sin angustia.

* También recomiendo leer este interesante artículo.

Zúñiga Elizalde, Mercedes. Las mujeres en los espacios públicos: entre la violencia y la búsqueda de libertad. Región y Sociedad [en línea] 2014, [Fecha de consulta: 27 de agosto de 2018] Disponible en: <http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=10230108004>

 


@wendygarridog
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