“Disminuyamos nuestro consumo para lograr un desarrollo sustentable”: Julia Carabias | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 28 de Agosto, 2018

“Disminuyamos nuestro consumo para lograr un desarrollo sustentable”: Julia Carabias

“Disminuyamos nuestro consumo para lograr un desarrollo sustentable”: Julia Carabias  | La Crónica de Hoy

La producción de alimentos para los más de 7 mil 700 millones de personas que existen en el mundo ha alterado la mitad de superficie que ocupan los ecosistemas naturales terrestres y en el caso de México, el 96 por ciento de dichos ecosistemas tiene dueños: indígenas en condiciones de pobreza. Ambas reflexiones fueron comentadas la noche del lunes por la bióloga Julia Carabias Lillo en su discurso de ingreso a El Colegio Nacional.

En su lección inaugural que tituló Sustentabilidad ambiental y bienestar social, la también académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) alertó que aunque la crisis ambiental que hoy vivimos los humanos no es nueva, tampoco tiene precedentes por su alcance global, magnitud, velocidad y consecuencias.

“Somos cerca de 7 mil 700 millones de personas en el mundo y cada hora nacen 15 mil más. Consumimos con muchas asimetrías más recursos que en ninguna otra época de la vida humana, es decir, más consumidores, más consumo per cápita”, dijo.

Los humanos, añadió, dependen de la naturaleza para abastecerse de alimentos, agua, energía y minerales, al igual que los demás seres vivos; sin embargo, “no existe una conciencia colectiva y aún es escasa la individual que reconozca esa dependencia y actúe en consecuencia. Cuanto más urbanos somos, más distantes estamos de la naturaleza”.

En opinión de Carabias, una buena calidad de vida es imposible si los sistemas biofisicoquímicos no se mantienen funcionando de manera sana. “La producción de alimentos ha alterado  y transformado casi la mitad de superficie que ocupan los ecosistemas naturales terrestres, que mantienen la estabilidad de la vida en el planeta”, señaló.

Como ejemplo mencionó que las pesquerías ocupan la mitad de los océanos, que los flujos de agua dulce se utilizan como transportadores de desechos y son contaminados con agroquímicos que, a su vez, cuando desembocan en los mares y océanos producen zonas muertas, como ocurre en la desembocadura del Río Misisipi, en el Golfo de México.

Esa interferencia humana, destacó, está afectando el equilibro de la biosfera, la extinción de especies, el cambio climático, la deforestación y la desertización, la acidificación de los océanos, el estrés en el ciclo del agua, la reducción de la capa de ozono, el exceso de residuos sólidos, líquidos y químicos, y el exceso de aerosoles en la atmósfera.

Carabias precisó que ya se han rebasado los umbrales planetarios en cuanto a la pérdida de diversidad genética y que otros procesos naturales tendrán un futuro de riesgo porque hoy, sólo el adelgazamiento de la capa de ozono está en proceso de reversión.

CONSUMO SIN SATISFACCIÓN. Durante la lectura del discurso de ingreso de Julia Carabias a El Colegio Nacional estuvieron presentes el escritor y Premio Crónica 2015, Juan Villoro, y el coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), José Sarukhán, quienes reconocieron el trabajo de Carabias a favor de la protección de ecosistemas en Chiapas y en la Ciudad de México.

José Sarukhán, además de recordar a la académica de la UNAM como una joven organizando marchas para que la Reserva del Pedregal de San Ángel fuera protegida y estuviera libre de construcciones, coincidió con ella en la reflexión de que el tema ambiental debe estar ligado a asuntos económicos porque ambos “son indisolubles en el contexto social del desarrollo humano y representan problemas de gran complejidad”.

Al respecto, Carabias comentó que es posible la convivencia de desarrollo económico y sustentabilidad ambiental, siempre y cuando se internalicen los costos ambientales de la producción y de los mercados, se disminuya el exceso de consumo y se reoriente a productos ambientalmente amigables, se eliminen algunos subsidios para asignarlos al fomento de sistemas productivos ambientales y se establezca un límite de extracción de recursos.

Porque el actual sistema de producción mundial sólo demuestra que la extracción excesiva de los recursos naturales no ha servido para alcanzar la meta de bienestar.

“Aún viven en pobreza extrema 767 millones de personas en el mundo, además la distribución de la riqueza es inequitativa, cabe señalar que los países de la OCDE consumen 15 veces más recursos que los países en desarrollo”, dijo.

Hace cuatro años, en México, citó, poco más 60 millones de personas, es decir, más de la mitad de la población, vivía con un ingreso inferior a la línea de bienestar, y una quinta parte, casi 24 millones, tenía un ingreso que no alcanzaba para una canasta alimentaria.

“México se encuentra entre los países más desiguales del mundo y es el segundo más desigual de la OCDE”, apuntó. De seguir la explotación irracional de recursos naturales, en el 2030 el panorama será de pocas oportunidades y reducidas posibilidades de elección para los habitantes, agregó.

DUEÑOS POBRES. Un problema que preocupa a la bióloga es que los ecosistemas naturales están ubicados en terrenos que pertenecen mayoritariamente a comunidades indígenas que viven en condiciones de pobreza.

“La nación prácticamente no tiene terrenos de su propiedad, 96 por ciento del territorio ya está repartido. En contraste con la riqueza natural de los ecosistemas en donde se ubican dichas comunidades indígenas y campesinas, su población vive en condiciones de pobreza”.

Por ello considera que cualquier programa a favor del campo mexicano tiene que considerar que el 30 por ciento de la población rural vive en condiciones de pobreza alimentaria y 62 por ciento, en pobreza patrimonial.

“Elevar el crecimiento económico y aumentar el empleo en el medio rural puede lograrse sin transformar los ecosistemas naturales, mediante la extracción de recursos naturales respetando su revocabilidad  y diversificando su uso”, recalcó.

El que existan tierras con dueños ha sido un problema para declarar un sitio como Áreas Natural Protegida (ANP). “Cuando se establece una ANP no se modifica el tipo de tenencia de la tierra, mediante el decreto correspondiente se regula su uso haciendo prevalecer la conservación, por ello, los dueños de la tierra reaccionan ante las limitaciones que les impone un decreto de ANP”, detalló.

Eso se convierte en un problema, explicó, porque el Estado no se hace cargo de aplicar un tratamiento especial para los dueños mediante políticas de fomento productivo sustentable y de compensación por la conservación que les permita a los campesinos ser los custodios de los ecosistemas.

“Las ANP se han incrementado desde mediados de los años 90 pero aún no hemos alcanzado la representatividad de todos los ecosistemas mexicanos y su biodiversidad, algunos casi únicos como las selvas secas. Tampoco se ha logrado la eficiente protección”.

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