Les falta agua, no la pagan e impiden obras para garantizar el servicio | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Martes 28 de Agosto, 2018

Les falta agua, no la pagan e impiden obras para garantizar el servicio

En algunas zonas de Iztapalapa, Tláhuac e Iztacalco, territorios que sufren escasez, los usuarios no pagan su recibo, tienen tomas clandestinas e impiden verificaciones y obras dirigidas a mejorar el abasto

Les falta agua, no la pagan e impiden obras para garantizar el servicio | La Crónica de Hoy

Hay un círculo vicioso provocado por los propios habitantes de delegaciones como Iztapalapa, y algunas zonas de ­Iztacalco y Tláhuac, en torno al uso del agua, que los ha dejado en situación vulnerable.

La marginación de la zona oriente de la CDMX, cuando de abasto de agua se trata, tiene varias razones: en muchas ocasiones resulta más caro cobrarles, que lo que deben. Y cuando se ha intentado hacer obras para regular el servicio, impiden cualquier tipo de trabajo, sin tomar en cuenta que cuidan una bomba de tiempo que estallará a sus espaldas.

Las tuberías viejas de la Ciudad de México (algo sabido por la administración actual y las anteriores), los capitalinos que no pagan el servicio, así como los altos costos de la operatividad —que hacen incluso más cara la cobranza que el monto a recuperar— son los principales problemas que enfrenta el Sistema de Aguas de la Ciudad de México (Sacmex) y que le impiden captar más recursos para mejorar el servicio, la infraestructura hídrica y evitar las dificultades que se presentarán en los próximos años.

La eficiencia de pagos en el oriente de la ciudad —es decir, la gente que paga— es muy baja.  Y la tarifa es también tan baja que la gente puede acumular recibos de pago durante tres años y deber únicamente 900 pesos.

Ernesto Blanco Sandoval, titular de la Dirección Ejecutiva de Servicios a Usuarios, explica que el Sacmex recibe al año un presupuesto de 6 mil 500 millones de pesos, que resultan insuficientes para mejorar aquello que garantizaría el suministro para toda la ciudad por varios años.

El problema, indica, se agrava a causa de los deudores; “hay gente a la que le facturamos 50 pesos (bimestrales), son 300 pesos al año; entonces una acción de cobranza nos sale más caro que los 300 que nos paga. Es tan barata el agua que no estamos provocando que la gente la cuide y al mismo tiempo las acciones resultan un dilema”.

Los habitantes de estos lugares, además, en muchos casos, están respaldados por un diputado u organización social que busca a toda costa evitar que manzanas enteras cumplan con el pago.

“Siempre sale un líder que cubre al grupo y siempre alegan la falta de agua, y es cierto que tiene mal servicio, pero también es cierto que sí les llega agua y además a precios verdaderamente bajos”.

Por el contrario, agrega, la ciudad tiene índices de recaudación decentes porque se tienen usuarios en el resto de la Ciudad que sí pagan a tiempo —facturas que llegan inclusive a los 20 mil pesos—, que permiten hacer obras que mejoran la distribución, y por otra parte los usuarios no domésticos (empresas, fábricas, supermercados, etc.)  también pagan en tiempo y forma.

Quienes no pagan, se presume, podrían estar incurriendo en otro tipo de faltas, como haber abierto tomas clandestinas, pues la agresividad con la que se comportan es un signo inequívoco de ello.

“En esos lugares hay grupos muy fuertes; hemos entrado a hacer revisiones y han atacado a las cuadrillas y no vamos a arriesgar a los verificadores; tenemos ubicadas muchas zonas donde suponemos que las hay porque al querer verificar nos sacaron a patadas, ¿cuántas habrán? No sabemos”.

La determinación es trabajar a distancia, es decir, enviar las facturas y esperar a que el ciudadano pague su recibo, pero esto también implica que si hay fugas en tuberías en el subsuelo, éstas no pueden ser reparadas y por tanto al domicilio no llega el líquido.

En la Ciudad de México, en promedio, aproximadamente el 80 por ciento de los usuarios paga, pero al seccionar la urbe, resulta que en la zona oriente hay manzanas en las que se registra un porcentaje del 50 por ciento; la mitad paga y la otra no.

Muchas obras para mejorar el servicio se realizan en la zona oriente, pero a decir de Ernesto Blanco, “es como tirar el agua y el dinero a un hoyo”.

El problema, afirma, no es gubernamental ni institucional; “debemos reconocer que esas ­zonas tienen un mal servicio, pero casi todas las obras van dirigidas a esos territorios y no se nota, porque seguimos entrando a una coladera donde la red está atacada porque alguien se conectó clandestinamente, o porque instalaron dispositivos para pagar menos, o porque el agua que llegó al tinaco se fue por una fuga en él… y se vuelve un ciclo vicioso porque el argumento es: ‘como el agua no me llega como yo quiero, no la pago’, y eso impacta en el servicio.

 “Resulta que cuando suministras más agua a estos sectores, el agua desaparece, porque tienen tomas clandestinas, porque tienen cisternas fisuradas o malas tuberías y no piensan meterle un peso, no es que no quisiéramos resolverlo, pero ése será el gran reto de la próxima administración”.

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