Ziad Doueiri y cómo un insulto puede dividir un país | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Miércoles 29 de Agosto, 2018

Ziad Doueiri y cómo un insulto puede dividir un país

El más reciente filme del cineasta libanés, que fue nominado al Oscar y triunfó en Venecia, llega a México después de impactar a los países árabes.

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"En Líbano una palabra fuera de lugar puede provocar el caos”, afirma el cineasta libanés Ziad Doueiri. Lo dice no sólo porque su más reciente película El insulto, tiene esa premisa, sino porque la semilla de este filme tiene una vivencia real: “Estaba en el balcón de mi casa regando las plantas, y sin querer derramé agua sobre un albañil. El tipo me lanzó un insulto, y entonces yo la lancé a él un insulto más grave", cuenta el cineasta en entrevista con Crónica.

“El intercambio de ofensas se prolongó unos segundos más, y ahí se quedó. Pero me di cuenta de que el asunto perfectamente podría haber ido a más y más rápidamente (…) Crecí en Beirut durante la guerra civil y he sido testigo de muchos incidentes en los que un simple intercambio de palabras genera enormes problemas”, cuenta el realizador.

Así como lo describe es como comienza el conflicto de su película. A partir de un descuido. Toni (Adel Karam), un cristiano libanés, se pone a regar las plantas de su casa sin prestar demasiada atención. El agua que malgasta termina desembocando en la cabeza de Yasser (Kamel El Basha), un palestino refugiado en Beirut que se encontraba en aquellos precisos momentos trabajando como jefe de obra en la misma calle de la casa del cristiano. Ambos se enredan en una discusión y Yasser, un tipo de naturaleza tranquila, acaba perdiendo los estribos e insultando a Toni. Herido en su orgullo, el cristiano decide demandar al palestino. El juicio se convertirá en un tenso espectáculo donde aflorarán intereses políticos, venganzas y una exposición de las heridas abiertas de un país con un pasado trágico.

¿En serio tienen tanto poder las palabras? Se le pregunta: “Sólo mire lo que está sucediendo en los Estados Unidos mientras hablamos. Las palabras están causando mayor escrutinio, grandes trastornos, conflictos importantes. Las palabras tienen una carga fuerte en estos días y tienen más importancia que las acciones reales. Hay un tabú y el fascismo es el resultado de todos los lados, a la izquierda, a la derecha, ateo, religioso, etc.”, expresó.

El cineasta incluso considera que las palabras positivas son abrumadoras: “Estoy amando cada minuto de este mundo. Es una locura. Por eso creo que los años de Obama fueron aburridos”, dijo.

Hace 20 años que debutó como director de cine después de ser camarógrafo de Quentin Tarantino. Su ópera prima West Beirut (1998) se convirtió en uno de los mejores relatos de la guerra civil libanesa (1975-1990). Ahora vuelve a abordar el conflicto, esta vez, desde sus consecuencias.

“Fui miembro del partido de izquierda que luchó durante la guerra civil. Mis padres eran duros militantes, muy involucrados en política y tenían una radio secreta. Hace dos años, cuando me propuse escribir la película, estaba haciendo memoria de lo que viví. Quería entender el ‘otro lado’, el lado cristiano. Entendí cosas que no había escuchado antes”, comentó.

Pero su regreso a casa no fue nada fácil. La película primero se enfrentó a la censura y a la presión de la campaña BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) que trata de incrementar la presión económica y política sobre Israel y países involucrados, pues consideraron que la película era un ataque contra los palestinos. “El gobierno finalmente aprobó la liberación sin censura porque fuimos respaldados por el primer ministro, Saad Hariri”.

El realizador recuerda que incluso hubo amenazas de muerte contra las personas que apoyaban la película, a pesar de ser la primera coproducción libanesa en ser nominada a los Oscar, a Mejor Película de Habla no Inglesa: “Sabía que Líbano había cambiado a la derecha, aunque ideológicamente desde la izquierda. La izquierda, sin embargo, se ha convertido en extremista, que quiere ejercer un comportamiento de intimidación, como la derecha solía hacer en Beirut hace mucho tiempo”, dijo.

Más allá de esta película, la campaña en su contra se deriva de un filme anterior. Días después de que estrenó a nivel mundial El insulto en la Mostra de Venecia del año pasado, en la que ganó la Copa Volpi a mejor actor para su protagonista, Kamel El Basha, fue detenido en Líbano, acusado de violar la prohibición de visitar Israel, país con el que Líbano está en guerra actualmente. ­Doueiri había grabado algunas secuencias en Tel Aviv para su película de 2013 El atentado, razón por la que ha tenido que presentarse ante un juez por haber cometido un acto de traición.

El insulto es mi respuesta a esos grupos. Hice un juramento a mí mismo para luchar contra los BDS de todas las formas que pueda, cuando y donde pueda”, confesó el cineasta.

El atentado, que es una adaptación de la novela homónima de Yasmina Khadra, fue prohibida en Líbano y los demás países árabes, en 2013. La película cuenta la historia de un cirujano israelí con ascendencia árabe cuya esposa perpetra un ataque suicida.

En respuesta al boicot, el público libanés respondió favorablemente, “el tema trae recuerdos de la guerra civil, que nunca fueron tratados o discutidos abiertamente después de que la guerra terminó en 1990. Cuando salió la película, fue principalmente boicoteada por la comunidad musulmana (izquierda) y muy aceptado por la comunidad cristiana. El protagonista de la película es cristiano libanés. Por supuesto, causó controversia, desafortunadamente, desde el lado izquierdo. Eran fascistas en sus tácticas y querían ser la policía del discurso”, dijo.

Doueiri se crió en la zona musulmana de Beirut, dentro de una familia de clase media-alta y progresista suní, acérrima defensora de la causa palestina; en 1982, siete años después del inicio de la guerra civil en Líbano, se marchó a estudiar cine a Estados Unidos, donde vivió durante casi dos décadas. Allí se convirtió en el primer ayudante de cámara de Quentin Tarantino, con quien trabajó en películas como Perros de reserva o Pulp Fiction. Tras casarse con una libanesa cristiana (de la que hoy se está separando), en 2011 se trasladó a París, donde reside en la actualidad, aunque viaja con frecuencia y pasa largas estancias en Líbano.

Finalmente, el resultado en la pantalla grande de El insulto para el espectador es una llamada de reconciliación para los países asiáticos en guerra; sin embargo, para el realizador se trata de una obra artística nada más: “No creo que el filme me haga ninguna conciliación porque nunca estuve traumatizado por la guerra civil, por el contrario, ciertamente tenía sentido para mí hoy. No me gusta vincular estos temas. La vida es vida, película es película, a veces puedo vincularlos, a veces no puedo. Pero veo mucho sobre mi pasado. Dejaré la conciliación para la audiencia”, concluyó.

 

Píe de Foto: Ziad Doueiri le dio a Líbano su primera nominación al Oscar. Adel Karam y Kamel El Basha , protagonistas del filme.

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