Julia Carabias en El Colegio Nacional

Germán González Dávila

El ingreso de Julia Carabias, constructora clave de la institucionalidad ambiental en México, el 27 de agosto 2018 a El Colegio Nacional (ECN), es un merecido reconocimiento a su extraordinaria y ejemplar trayectoria; también un reconocimiento explícito de que la dimensión ecológica es indispensable para el desarrollo humano.

El doctor Sarukhán enfatizó que Julia «ha marcado un antes y un después en la historia de la política ambiental del país». Primera responsable para integrar la Semarnap —con P de pesca—, en gran contraste con algunos secretarios que la sucedieron, ella sí poseía el conocimiento sobre el tema y, con su formación sesentaiochera en política social, aseguró la participación de las organizaciones de la sociedad civil, así como del medio académico del que ella provenía. Fundó sus políticas en información científica confiable, de buena calidad y pertinente para los problemas que había que enfrentar. Construir una nueva Secretaría de Estado no es tarea fácil, más complicada cuando se trataba de integrar áreas hasta entonces independientes: agua, forestal, pesca y la actividad industrial —la agenda gris—, con base en la conservación y uso sustentable de los ecosistemas y siempre tomando en cuenta a los dueños de esos recursos —población fundamentalmente rural. Complicada hazaña, sembrada de situaciones espinosas y a veces intratables, constituyó un parteaguas en la historia de México para asumir la responsabilidad de Estado sobre la rectoría de los recursos naturales renovables.

En su Lección Inaugural, Julia envió un mensaje lleno de esperanza para hacer posible un futuro sustentable, amenazado por una civilización industrial consumista y depredadora: «A lo largo de la historia de la humanidad, las sociedades han enfrentado diversas crisis vinculadas con el medio ambiente, algunas causadas por alteraciones naturales de fenómenos físicos, como el drástico descenso de temperatura de hace casi 13 mil años, o las sequías mesopotámicas de hace más de 4 mil años, o bien aquellas producidas por la combinación de un manejo inadecuado de los elementos naturales con sequías extremas, como la que pudo haber causado el colapso del periodo Clásico Maya hace diez siglos. Aunque las crisis ambientales no son un fenómeno nuevo, la que vivimos en la actualidad, iniciada hace solo algunas décadas, no tiene precedentes, tanto por su alcance global, como por su magnitud, velocidad y consecuencias».

«Quienes estamos convencidos de la necesidad de actuar para encaminarnos hacia el desarrollo sustentable, dedicamos nuestros esfuerzos en la búsqueda de opciones compatibles entre el desarrollo económico y social y la conservación de la naturaleza; nos enfrentamos a contradicciones difíciles de salvar —espero que aún no imposibles—, las cuales, al menos en el corto plazo, complican el logro de objetivos loables. Siempre nos acompaña una pregunta: ¿es compatible el bienestar de toda la población con la conservación del patrimonio natural, base del desarrollo, respetando las tradiciones de las comunidades indígenas y campesinas dueñas de los territorios donde se encuentran los ecosistemas que proporcionan los bienes y servicios para dicho bienestar? ¿es posible superar las contradicciones que se presentan en la esfera de los derechos humanos y la preservación de un medio ambiente sano [...]? A diario nos respondemos que sí y por ello continuamos. Pero nos queda claro que, en el fondo, requerimos un cambio de cultura que genere nuevas actitudes frente a la naturaleza y el horizonte de ese reto se ve aún lejano».

Señaló seis grandes «nudos» claves cuya solución facilitaría el camino hacia la sustentabilidad e invitó a que ECN los aborde de manera interdisciplinaria (https://ceiba.org.mx/que-hacemos/blogs-opinion-editorial/julia-carabias-lillo/jcl-sustentabilidad-ambiental-y-calidad-de-vida/):

1. Contradicción entre crecimiento económico y sustentabilidad ambiental [la posibilidad de futuro].

2. Tensión entre uso sustentable de la biodiversidad y objetivos de bienestar social.

3. Conservación de la biodiversidad, base de nuestra vida, en el contexto de una lógica económica [de lucro y avaricia] que impone su deterioro y pérdida.

4. Paradojas entre la defensa de los derechos indígenas y la preservación del patrimonio natural [ecosistemas y sus servicios] de todos los mexicanos.

5. Ejercicio del derecho humano a un medio ambiente sano y a justicia social en un mundo de pobreza, desigualdad y deterioro ambiental inaceptables.

6. Desequilibrio entre el valor real [intrínseco] de la biodiversidad —como condición de toda vida en la Tierra— y su falta de valoración en la economía, los sectores productivos y los mercados.

 

* Coordinador Editorial del Centro Interdisciplinario de Biodiversidad y Ambiente.

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