Chavismo mágico - Fran Ruiz | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Jueves 30 de Agosto, 2018
Chavismo mágico | La Crónica de Hoy

Chavismo mágico

Fran Ruiz

Llegará un día en que alguien tratará de rodar una película o una serie sobre lo que está pasando en Venezuela… y fracasará en el intento. Pasará como con Cien años de Soledad, que por más que han querido llevar la novela a la gran pantalla nadie ha logrado atrapar ese universo nacido de la mente de García Márquez. La culpable de esta batalla perdida se llama realismo mágico.

Nicolás Maduro pretende algo mucho más surrealista: Llevar ese realismo mágico ficticio a la realidad.

Ésta es la verdadera desgracia que les ha caído a los venezolanos. Viven atrapados en un país irreal, gobernados por un presidente cuyo primer discurso fue confesar que a veces se le posa en el cuello un “pajarico” y le pía bajito al oído. Era (habrán adivinado) Hugo Chávez, reencarnado y emplumado.

Si bien es cierto que este realismo mágico real empezó con Chávez —a quien algunos siguen venerando en altares junto a Bolívar y a Jesucristo—, Maduro lo perfeccionó hasta límites insospechados. Fue él quien hace dos años tuvo la delirante ocurrencia de anunciar la creación de un Viceministerio de la Felicidad Suprema del Pueblo. Han leído bien: Felicidad Suprema del Pueblo.

Debe ser que, bajo el prisma del chavismo mágico, Maduro cree que las masas de desesperados que vemos desde hace dos años en los puentes fronterizos no son venezolanos que huyen de la miseria en su patria, sino colombianos, ecuatorianos o brasileños que intentan entrar en Venezuela para ganarse la vida en el país con mayores reservas de petróleo del planeta.

Cuando algún aguafiestas de su régimen (o quizá el mismo pajarico Chávez) le corrige y le informa de que son “venezolanos que no aguantan nada”, Maduro no se desanima. Al contrario: hace dos días tenía, casualmente, un avión preparado para volar a Perú y traer de regreso a 89 venezolanos,. A su llegada a Caracas, relataron en cadena nacional el maltrato que recibieron y lo “felices” que estaban de regresar a casa. Terminada la retransmisión, Maduro se dirigió a los otros dos millones y medio de venezolanos que huyeron de la pobreza, la violencia y la hiperinflación, para decirles que “dejen de limpiar pocetas (excusados) en el exterior y vengan a vivir a la patria”.

Dejándose llevar por la retórica de Trump, no pasa un día en que Maduro no ataque a los medios (muchos extranjeros) por difundir noticias falsas sobre la situación en Venezuela. “Vengan y paseen por nuestras calles para constatar que los venezolanos son felices. No se crean las campañas internacionales. Porque no es en Venezuela, sino en México, donde hay muchos desaparecidos, o en Colombia donde hay mucha crisis humanitaria”, declaró recientemente.

Mientras tanto, la realidad mágica venezolana nos sorprende cada día con una nueva ocurrencia de su protagonista principal. Después de que alguien le dijera a Maduro que cargar una montaña de billetes en una carretilla, para hacer dos horas de cola y acabar comprando una triste cebolla, no es precisamente lo que uno entiende por vivir feliz, decidió borrar cinco ceros a los nuevos billetes, en un intento inútil de evitar que la hiperinflación se coma lo poco que le queda de poder adquisitivo al pueblo.

Y en esta situación crítica, Maduro pretende ahora que los venezolanos estimulen la comatosa economía comprando “lingoticos” de oro, sin que, de momento, nadie se haya atrevido a decirle que cómo va a comprar el pueblo oro, si no tiene dinero para comer.

Pobres ingenuos. No saben los que se quejan que, en la Venezuela mágica de Maduro, la felicidad suprema no consiste en comer o salir a la calle sin temor a morir asesinado, sino en aprovechar el último apagón eléctrico para matar el tiempo observando el brillo del oro a la luz de la vela… si es que quedan aún velas en Venezuela.

 

fransink@outlook.com

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