¿Y qué pasó con la justicia social? - José Fernández Santillán | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Viernes 31 de Agosto, 2018
¿Y qué pasó con la justicia social? | La Crónica de Hoy

¿Y qué pasó con la justicia social?

José Fernández Santillán

Hasta ahora, es decir, del 1 de julio, día en que ganó las elecciones presidenciales, a la fecha, lo que hemos visto y oído de Andrés Manuel López Obrador y su partido Morena, es su convocatoria a una consulta popular sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México o la base aérea de Santa Lucía. Otro tema que también ha estado en el candelero son los nombramientos de su equipo de trabajo. Entre los principales: Olga Sánchez Cordero, en Gobernación; Marcelo Ebrard, en Relaciones Exteriores; Carlos Urzúa, en Hacienda; Esteban Moctezuma, en Educación; Javier Jiménez Espriú, Comunicaciones y Transportes; María Luisa Albores González, en Desarrollo Social.

Igualmente, llamó la atención el anuncio de los 50 puntos que regirán su sexenio. Entre ellos destacan: la suspensión de los fueros y privilegios para funcionarios públicos; la reducción del salario del Presidente y de todos los funcionarios del gobierno federal; la cancelación de las pensiones de los expresidentes de la República; y que la residencia oficial de Los Pinos se transformará en un espacio de arte y cultura.

Ésta, podríamos decir, es la parte administrativa de lo que será su gestión al frente de la Presidencia de la República. Sin embargo, hasta donde alcanzan mis conocimientos, no ha habido ningún pronunciamiento acerca de cómo le piensa hacer para cambiar la tan criticada política económica neoliberal. En efecto, durante su campaña electoral acusó a la tecnocracia de haber implantado en México una estrategia que sólo benefició a los ricos y que dejó a más de la mitad de la población en la pobreza. Ése fue uno de los estribillos de los que echó mano con más frecuencia en sus mítines. Dicho de otra manera: que “la mafia del poder” (se entiende que esa élite está compuesta por grupos empresariales en contubernio con la clase política) se había adueñado del país para sacar jugosos dividendos.

¿Qué es lo que hizo esa mafia del poder? Pues imponer el canon del libre mercado, el laissez faire, entre cuyos más caros anhelos estuvieron las privatizaciones, el libre comercio, el despido masivo de personal que trabajaba en las instituciones gubernamentales, establecer privilegios fiscales para las clases altas en el entendido de que así, al favorecer la creación de riqueza, ésta se filtraría por goteo (trickle down) hacia las capas bajas de la población. Cosa que nunca sucedió.

Desde la época de Miguel de la Madrid (1982-1988) y con mayor fuerza desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se implantó lo que los tecnócratas llamaron “el modelo modernizador” para sustituir al odiado asistencialismo. El cometido fue adelgazar a un Estado obeso al que se le achacó el haber metido al país en un brete: crisis de las finanzas públicas, paternalismo, corrupción, ineficiencia, malos servicios, proteccionismo. Los siguientes sexenios siguieron a pie juntillas esa receta: Ernesto Zedillo (1994-2000), Vicente Fox (2000-2006), Felipe Calderón (2006-2012) y Enrique Peña Nieto (2012-2018).

Pese a la alternancia en el poder, la tecnocracia neoliberal se mantuvo incólume en los principales puestos de dirección de la economía nacional. Incluso, durante el actual sexenio, también metió su cuchara en el PRI con los resultados ya conocidos.

La ideología neoliberal tuvo un blanco polémico: el nacionalismo revolucionario. Los tecnócratas desmantelaron al Estado creado por el régimen de la revolución que, con todas sus deficiencias, trató de satisfacer las demandas populares establecidas en los diferentes planes redactados por los caudillos revolucionarios: reparto agrario, educación, salud, condiciones justas de trabajo y, sobre todo, justicia social.

Ese concepto, “justicia social” les causa escozor a los seguidores de Milton Friedman y el Consenso de ­Washington. No quieren oír hablar de él. Les parece una entelequia que camina junto con el populismo, el estatismo, el burocratismo y el asistencialismo.

No obstante, si por algo perdió el PRI fue por haber producido, junto con los gobiernos panistas, en los últimos treinta años, una brutal desigualdad social; o sea, una injusticia social. Ésa es una de las explicaciones de por qué la gente se volcó a las urnas para votar en favor de López Obrador.

Hay que salir del falso dilema entre asistencialismo y neoliberalismo; darse a la tarea de establecer una ideología política distinta que recupera la justicia social desprendida del burocratismo y del estatismo.

Ése es el reto que tiene por delante el tabasqueño: si quiere continuar con anuncios de tipo administrativo, adelante, lo puede hacer; pero también se esperan pronunciamientos de tipo ideológico-político y un deslinde drástico, inequívoco, respecto del neoliberalismo. Y, en consecuencia, una drástica toma de distancia frente a la clase política tecnócrata.

No me olvido de que el Presidente Electo anunció, durante el Quinto Congreso Nacional Extraordinario de Morena, la creación de un Instituto Nacional de Cuadros al frente del cual estará el caricaturista Rafael Barajas, El Fisgón y contará con un equipo de intelectuales y académicos, entre ellos Lorenzo Meyer, John ­Ackerman y Elena Poniatowska. La pregunta es: ¿qué tipo de ideología se va a difundir en esa escuela? Primero hay que tener claro qué sistema de ideas va a abanderar Morena.

 

jfsantillan@itesm.mx

Twitter: @jfsantillan

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