Alfonso Cuarón y el arte de materializar la memoria | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Sábado 01 de Septiembre, 2018

Alfonso Cuarón y el arte de materializar la memoria

El cineasta mexicano compartió con algunos medios mexicanos detalles de Roma, el filme por el cual fue ovacionado durante siete minutos en La Mostra de Venecia.

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Las primeras escenas de Roma, el nuevo filme de Alfonso Cuarón, dan la sensación de ser imágenes como las que uno puede llegar a tener cuando aprieta los ojos y comienza a recordar algo lejano en el tiempo. Quizás un hecho naturalmente insignificante, pero simbólicamente presente. En este caso, la película es un viaje a la memoria del director.

Las memorias de Cuarón son las de un homenaje a las personas que lo criaron. Es el retrato de cómo se fractura una familia. Es el derrumbe del matrimonio de Sofía (Marina de Tavira) y su esposo, un médico, que pasa a un segundo plano para centrarse en la historia de Cleo (Yalitzia Aparicio), una mujer indígena que se dedica al servicio junto con Adela (Nancy García) y quienes son las principales responsables de los cuatro niños de la casa.

Cleo es la primera en levantarse por las mañanas, para despertar a los niños y llevarlos a la escuela y la última en irse a la cama después de lavar los platos, mientras sus patrones desgastan su relación con discusiones a puerta cerrada.

“El punto de partida fue el proceso, el proceso tenía que ver con la memoria, y cuando tú te acercas a la memoria, lo haces desde el punto de vista de lo que eres ahora. Surgió justo después de Niños del hombre, pero se complicó por cuestiones personales. Aunque me parece que fue para bien porque en ese entonces tenía la semilla, pero creo que requirieron todos estos años para madurar lo que terminó siendo Roma”, explicó hace unas semanas el cineasta durante un encuentro con algunos medios mexicanos, entre ellos Crónica, antes de su viaje a Venecia.

“La idea siempre fue hacer esta película en blanco y negro, pero no un blanco y negro nostálgico, sino usar un lenguaje fílmico absolutamente contemporáneo”, apuntó. “Me parece bellísimo el blanco y negro fílmico de emulsión, pero aquí la idea era hacer un blanco y negro digital con una resolución inmensa”, agregó.

El filme se estrenó en La Mostra de Venecia el pasado jueves. La recepción fue increíble. Siete minutos de aplausos para Alfonso Cuarón y su elenco. La crítica se deshizo en elogios; afirman que es el Amarcord del director mexicano, su obra más grande hasta el momento; poética, feminista, sensible, inmensa. El aclamado crítico de cine Luis Martínez, en un hermoso texto, explicó que era un filme bellísimo y profundo. Describió a Roma como “un mar de laberintos, de espejos fracturados”, al momento de citar las últimas líneas del poema Cambridge, de Jorge Luis Borges: “Somos nuestra memoria, / somos ese quimérico museo de formas inconstantes, /ese montón de espejos roto”.

Y es que la reconstrucción del pasado para Cuarón fue lo más importante. A partir de ahí tuvo uno de los procesos creativos más complejos de los que se tenga memoria. Se filmó en 65 milímetros pero la mayoría de las personas que formaron parte del equipo técnico no conocían el guion. Sólo quien financió la cinta pudo revisar el libreto escrito por Cuarón. Luego fueron largas charlas con el equipo técnico y los actores.

“El 80 o 90 por ciento nace de memorias, eventos de los que yo fui testigo. Parte de la obsesión de esta película era reproducir a detalle estos momentos (…) La ciudad es un personaje y eventualmente te das cuenta qué es el país del personaje y que esto sólo es una familia que está fluyendo en ese contexto”, dijo el cineasta, quien con este filme vuelve a tener una película mexicana desde Y tu mamá también (2001).

Además de dirigir, producir y editar la película, en esta ocasión también debuta como director de fotografía ya que Emmanuel Chivo Lubezki no pudo acompañarlo debido a que se alargaron mucho los tiempos de preproducción. “Ya no te hagas y fotografíala tú”, le dijo Lubezki, y Cuarón le tomó la palabra porque nadie más podía tener la mirada que él quería proyectar.

La tarea de recrear la Ciudad de México fue una obsesión tan fuerte que lo llevó a hacer el set más grande de su carrera. En una de las escenas que la prensa pudo ver resulta sorprendente observar como Cleo camina entre la Avenida Insurgentes en cruce con Baja California de los años 70, y se pueden ver recreaciones del cine Las Américas, de los bancos Serfin, de los autos de la época, de los puestos y las vestimentas.

Y aunque replicar en un set un sector de la ciudad de México, fue una tarea titánica de la que se apoyó en Eugenio Caballero, su diseñador de arte, el escenario más complejo fue el de la réplica exacta de su casa donde creció: “Los mosaicos, las paredes, las columnas son tomadas de la casa original”, recordó. Para tener eso tuvo que recopilar los muebles repartidos por las distintas casas de su familia en todo el país. Cuarón explicó que la producción de Roma hace ver pequeña a la producción de Gravity.

“No sólo era tratar de absorber la esencia de los lugares, sino era rodar en los lugares donde sucedieron estas historias. En una mayor parte lo logramos: filmamos en la calle donde crecí; hay una hacienda que fue la que yo visité alguna vez en mi infancia, se rodó en la México-Tacuba. Era muy importante el asunto de los lugares”, explicó el cineasta.

En este último lugar se recreó uno momento histórico: el Halconazo o Jueves de Corpus de 1971. Es decir, la memoria de Cuarón en Roma también permite mostrar la situación sociopolítica: es 1971, la figura de Luis Echeverría está ahí, así como las revueltas estudiantiles, la brutalidad del gobierno y la crisis de la desigualdad social.

“La película es tanto la historia de esta mujer en el contexto de este seno familiar como la historia de esta mujer en el contexto de este país donde vive”, explica sobre como refleja a la sociedad mexicana en ese tiempo. La mujer de la que habla es su nana Libo que encarna el personaje de Cleo y que actúa como el eje de toda la película. Habló mucho con ella, incluso durante el rodaje y la tuvo muy presente en todo el proceso creativo.

La película debía ser lo más parecido a sus recuerdos, por eso quien la interpretara debía tener no sólo un parecido físico, sino en su manera de ser. Primero buscaron en la capital y terminaron yendo al estado de Oaxaca por comunidades de la sierra, hasta que dieron con la estudiante de educación Yalitza Aparicio, quien pertenece a la etnia mixteca e interpreta a Cleo.

“Cuando conocí a Yalitza fue una cosa inmediata. Yo te puedo decir que Yalitza es quizá de los mejores actores con los que he trabajado en mi vida, en el sentido de cómo entiende emocionalmente cada momento”, dijo el director ganador del Oscar y luego la describió como una mujer con una “inteligencia casi aterradora”.

El cineasta espera que con esta película alcance a lograr un homenaje a la altura de lo que su nana significa para él: “Ella es parte del matriarcado que fue en mi casa. Quería entender ese proceso de la alquimia de la vida, en donde las familias no son de sangre, las familias se crean por lazos afectivos y hay que entender ese proceso también, y cómo incluso en las familias y en ese proceso dentro de la familia, se hereda esa perversa relación que existe en nuestro país entre clase y raza”, apuntó. “El tema, creo, es fundamental”.

Mientras que su familia de sangre provenía de una clase media citadina y tenía la piel blanca, su nana morena venía de uno de los estados más pobres del país: “Ella hablaba de una infancia muy dolorosa y de una infancia muy difícil y de niño me hablaba de conceptos que eran bien abstractos, como el concepto de morirse de frío o el concepto del hambre. Para mí el hambre era de que nos retrasamos una hora la hora de la comida; aquí estamos hablando de hambre verdadera, de carencias reales”, dijo.

En una de las escenas que se pudieron ver antes de Venecia está Cleo en la azotea acompañando a un niño travieso mientras en la radio suena “Te he prometido”, de Leo Dan. Ese niño es Cuarón viendo el cielo con ella mientras un avión atraviesa el cielo. También se ven, en otro momento, las promesas políticas que no cambian: “mejoraré la colonia, siempre y cuando voten por mí”.

En la película también se refleja racismo y clasismo. En una escena mientras los patrones bailan y beben en la sala, la servidumbre lo hace en el sótano. Hay whisky y licores importados en el primer nivel. Mezcal y pulque abajo, en la parranda popular. Cuarón muestra su preocupación al hablar de cómo permanecen intactas las relaciones de poder a pesar de los años:

“Creo que lo que es muy aterrador, por un lado, y es muy hermoso por otro, es que muchas de las cosas no cambian. Por un lado, la parte amorosa de un núcleo familiar y de un país, pero por otro están las inmensas llagas que pueden crear las familias y los países que se mantienen palpitando hasta nuestros días”, dijo.

Es ahí también donde Cuarón espera acertar en una conexión más allá de sus recuerdos. En el entablar un diálogo con las nuevas generaciones, que encuentren un mensaje que los haga reflexionar sobre esa representación del clasismo, la presión política y la represión a las protestas estudiantiles de junio de 1971, ocurrida a escasos tres años de la matanza de estudiantes en Tlatelolco en 1968.

“Yo admiro tremendamente a las nuevas generaciones. Las nuevas generaciones son vibrantes y creo que no han crecido con los miedos y con las claustrofobias que creció mi generación”, dijo el realizador, quien destacó el enorme potencial que tienen los jóvenes tras las más recientes elecciones presidenciales en México.

“Estamos viviendo la primera transformación —que tenemos fe, sea para bien—, que ha vivido nuestro país en décadas y décadas y eso es gracias al impulso de la nueva generación. Por supuesto también gracias al impulso de gente que ha hecho un trabajo por décadas, el 68, el 10 de junio (de 1971), el movimiento zapatista, que fue la llamada de atención más grande que hemos tenido en este país. Vamos a ver hacia dónde nos lleva esta transformación democrática”, agregó. “Ojalá sea verdaderamente democrática”, concluyó.

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