La cuarta transformación, una propuesta filosófica

César González Madruga

El Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, se presentó en campaña bajo el eslogan “Juntos haremos historia” que titulaba a la coalición de los partidos que lo postularon como candidato (Morena, PES y PT), sin embargo, un cambio de historia no se reduce a un solo episodio, sino a una transformación de los axiomas colectivos aceptables que puede ser perfectamente comprendido en las palabras del filosofo mexicano Leopoldo Zea cuando señaló “cuando cambia la historia, necesariamente tiene que cambiar la filosofía, puesto que ésta no puede ser sino una filosofía de una realidad y esta realidad es histórica.

“Así, no es posible desligar la historia de la filosofía, ni la filosofía de la historia”.

Con esta tesitura la historia de la cuarta transformación de México requiere una forma de expresión conceptual con un contenido o realidad que le sea propia. Durante la época de la colonización, a pesar de la mezcla de la sangre de los conquistadores con los indígenas, la filosofía de los dominadores negó la plena humanidad de los latinoamericanos que “en nombre de la civilización se hablaba de razas degeneradas, esto es, mezcladas, híbridas. Pueblos disminuidos en su humanidad por lo que tenían de indígenas; pero también por haberse degenerado al mezclarse con entes que no podían justificar su humanidad… su filosofía” afirma Zea.

Pasaron los siglos y durante las distintas transformaciones históricas de México la filosofía se iba adaptando en paralelo al “logos” (principio racional del universo) de las transformaciones en Europa, mismos que fueron fracasando; por ejemplo, cuando los franceses hicieron su revolución basada en el “principio universal” de égalité —la igualdad—, tras llegar a países como Haití, los habitantes originarios eran considerados como una subhumanidad por lo que podían tratarlos de maneras deplorables, entonces, la igualdad no fue un principio universal.

Esto fue generando una serie de complejos y a su vez, búsqueda de una filosofía auténtica en México. Tal fue el caso de José Vasconcelos cuando hablaba de una raza síntesis de todas las razas, capaz de integrar el todo en uno, la raza cósmica o la más mestiza, que se sostenía en el dogma del amor, abriendo las puertas de México al mundo. Este esfuerzo fue truncado en lo que los pensadores actuales denominan la era del neocolonialismo, situada tras la caída del muro de Berlín y la necesidad de EUA de no ser marginado y sostenerse como imperio.

Sin embargo, en la actualidad el llamado de AMLO ha sido en el fondo, en aras de crear una filosofía clave en la historia de la filosofía. Esto se puede constatar en su discurso de la noche del 1 de julio cuando mencionó “daremos preferencia especial a los pueblos indígenas de México” o el llamado a la creación de una constitución moral.

Los valores ancestrales contaban con una cosmovisión de armonía con la naturaleza y el universo, donde el eje de la relación entre humanos y de humanos con la naturaleza vivía en la búsqueda de equilibrio, en términos occidentales podría nombrarse como una ecofilosofía; es decir, sabiduría para habitar el planeta.

La ecofilosofía tiene como axioma central el establecimiento de los límites que debe asumir la humanidad para vivir sin excesos y cohabitar en tiempo presente con las futuras generaciones, esto va desde la austeridad republicana gubernamental o la responsabilidad moral de los padres de familia a establecer limites dentro del hogar o los autolímites de cada individuo en su consumo y comportamiento. Esto implica cambios sustanciales en la educación (emanada de la constitución ­moral) para el fortalecimiento de una sociedad virtuosa, hoy viciosa. 

Son tiempos de cambios, de superar complejos, de renacer los valores ancestrales, ofrendar una nueva filosofía al planeta, y sirva para ello las distintas convocatorias del gobierno electo a participar en los diversos foros durante la transición.

 

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Twitter: @CesarG_Madruga

 

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