El recelo ensombrece al informe presidencial

Miguel Ángel Rivera

Hace seis años, a pesar del claro triunfo del PRI y de su candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, el Congreso de la Unión se instaló el 1 de septiembre en un ambiente de confrontación, en el cual el que debía ser el tema principal —el sexto y último informe del presidente panista Felipe Calderón Hinojosa— quedó en segundo término y el debate de los legisladores se centró en los resultados de las recientes elecciones federales, con la queja ­reiterada de los seguidores de Andrés Manuel López Obrador, supuesta víctima de un fraude continuado, que se inició en 2006.

Ahora, a punto de terminar el sexenio del presidente priista Enrique Peña Nieto, nuevamente su informe final también pasa a un segundo plano, ante la celebración de los seguidores de López Obrador, embelesados por una victoria todavía más amplia que la lograda por el PRI y sus aliados seis años antes.

El ambiente de confrontación de hace seis años dejó paso al triunfalismo, pues el partido de López Obrador, Morena, y sus aliados, gozan de amplias mayorías que les permiten hacer y deshacer en las cámaras de Diputados y de Senadores y está a unos cuantos votos —que seguramente se allegarán con toda facilidad— para hacer las reformas constitucionales necesarias para lo que llaman la cuarta transformación nacional, después de la Independencia, la Reforma y la Revolución de 1917.

En la sesión en la cual se instaló la Cámara de Diputados, los legisladores de Morena y aliados dejaron constancia de que no pondrán ninguna objeción a las propuestas de cambio del futuro gobierno. Los gritos de “es un honor estar con Obrador”, no dejan ninguna duda.               

Pero mientras eso llega, como sucedió desde Vicente Fox y Felipe Calderón, el presidente en turno, en este caso Peña Nieto, sigue prácticamente desterrado del Palacio Legislativo.

Le corresponderá al secretario de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, presentarse en el salón de protocolo de la Cámara de Diputados para entregar el texto del sexto informe de gobierno, y sus anexos, al presidente de la cámara, Porfirio Muñoz Ledo.

Allí otra paradoja en este escenario del informe presidencial: la documentación la recibirá el experimentado Muñoz Ledo, quien toda su vida ha pretendido ubicarse del otro lado, como titular del Ejecutivo, pero cuando militaba en el PRI fue rebasado por José López Portillo; luego pasó a la disidencia y contribuyó de manera central al surgimiento de un vigoroso Frente Democrático Nacional y del ahora alicaído Partido de la Revolución Democrática (PRD), donde fue relegado, durante 12 años, por otra figura que atrajo el fervor popular, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, para finalmente recalar en Morena, donde todo gira en torno a un solo sol: el presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Esta tarde, ya recibido el informe, diputados y senadores, en sesión de Congreso General, plantearán las posiciones de sus partidos frente a las principales carencias de la nación.

El lunes venidero, en Palacio Nacional, el presidente Peña Nieto tendrá el que tal vez sea su último gran momento como titular del Ejecutivo Federal al leer un mensaje a la nación ante cientos de invitados que representan a todos los sectores de nuestra sociedad.

Pero no todas las sombras se disipan: los maestros disidentes podrían arruinar la fiesta, pues no cejan en sus protestas contra la reforma educativa.

 

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