Avanza sistema de vales para libros en la FILIJ; programa federal, letra muerta | La Crónica de Hoy
Facebook Twitter Youtube Domingo 02 de Septiembre, 2018

Avanza sistema de vales para libros en la FILIJ; programa federal, letra muerta

Éxito. Aunque no hubo un programa de vales de cultura como se establecieron en los cambios a la ley, la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil ha demostrado con un proyecto propio la efectividad e impacto que podría tener tan sólo en el fomento a la lectura

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La entrega de vales de cultura a los sectores más vulnerables del país es un pendiente que tiene la Secretaría de Cultura y que la próxima titular, Alejandra Frausto Guerrero, deberá resolver. La obligación de la dependencia federal para asignar dichos vales quedó establecida en el artículo 8 de Ley General de Cultura y Derechos Culturales, sin embargo, a más de un año de su publicación, esa responsabilidad aún es letra muerta.

Aunque las autoridades no han presentado públicamente ningún proyecto, existe un programa en la Secretaria de Cultura (SC) que podría considerarse la única experiencia del sector en la entrega de un apoyo similar: vales de 100 pesos para la compra de libros durante la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ).

Crónica presenta una entrevista con Marina Núñez Bespalova, directora general de publicaciones de la SC —área encargada de organizar la FILIJ—, y reúne testimonios de algunos beneficiados con el vale de 100 pesos.

PROYECTO ÚNICO. Hace tres años la Secretaría de Cultura federal (SC) y la Secretaría de Educación Pública (SEP) iniciaron un programa piloto a favor de la lectura: la entrega de vales por 100 pesos para que estudiantes de educación básica compren libros durante la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ).

Sin embargo, este programa, que es calificado por los maestros de primarias y secundarias beneficiadas como exitoso y con miras a mejorar, no es ni será la base para la entrega de vales culturales a nivel federal. Así lo asegura Marina Núñez Bespalova.

—¿El sistema de vales de la FILIJ sirvió de modelo para definir el sistema de vales que la Secretaría de Cultura federal implementará en todas las actividades culturales?

—No es modelo de ningún otro programa, porque éste es un programa específico de fomento a la lectura diseñado para la FILIJ.

En junio de 2017, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, quedó legislado en el artículo 8 que la Secretaría de Cultura “coordinará y promoverá el programa de asignación de vales de Cultura con la participación del sector social y privado, de las entidades federativas, de los municipios y de las alcaldías de la Ciudad de México, para incrementar el acceso a la cultura de los sectores vulnerables”.

A la pregunta de si alguna área de la SC se ha acercado a su equipo para pedir asesoría sobre la implementación de vales de cultura, Núñez Bespalova respondió que no, porque su programa está enfocado sólo a la FILIJ.

Durante el año 2016 los organizadores de la FILIJ, feria que se realiza en el Parque Bicentenario (Av. 5 de Mayo 290, en la alcaldía Miguel Hidalgo de la Ciudad de México), entregaron 10 mil vales a niños de primaria, en 2017 asignaron cuatro mil a niños de secundaria y este año aún están evaluando la cantidad y si el precio de 100 pesos se mantendrá.

—¿Cuántos vales entregarán este 2018 y quiénes serán los beneficiados?

—La entrega de estos beneficios está unida al cierre del programa de visitas escolares que aún no se ha efectuado. Posterior a ello, haremos con la SEP la evaluación pertinente para la continuidad del programa que ha funcionado sólo como piloto.

—¿Mantendrán el costo de 100 pesos?

—Es un punto que aún hay que dirimir y que estará relacionado con la oferta editorial y las posibilidades presupuestales.

—¿Qué mejoras hubo en la entrega de vales del año pasado respecto al 2016?

—A partir de la experiencia de 2016, se creó el programa “FILIJ a la vista”, que completó la idea de promover la lectura en el público infantil y juvenil escolar. “FILIJ a la vista” no sólo explica qué es la FILIJ y quiénes participamos en ella (editores, promotores de lectura, talleristas, cuentacuentos, etc.), sino que hace un ejercicio de animación lectora con los alumnos de las secundarias que se visitaron, mostrándoles libros sobre distintos temas de su interés, guiando sobre lecturas periféricas y uniendo otras expresiones culturales con los libros.

“De esta manera no sólo se llevó oferta cultural a esas escuelas, sino que se inició un proceso largo de fomento lector. En 2017 prácticamente se usaron todos los vales que fueron entregados”, responde.

MÁS MEDIADORES Y DESCUENTOS. El año pasado quienes recibieron los vales de la FILIJ fueron estudiantes de 18 secundarias públicas de la Ciudad de México, específicamente de las alcaldías Miguel Hidalgo, Azcapotzalco, Cuauhtémoc, Iztapalapa y Milpa Alta.

Lo anterior en comparación con 2016, es un número pequeño ya que en esa ocasión los planteles beneficiados fueron 59 y no exclusivos de la capital, pues también se incluyeron a cinco escuelas del Estado de México y dos de Guerrero.

La cantidad de vales también se redujo, en 2016 se asignaron 5 mil 530 y en 2017, 4 mil;  no obstante, el uso de los vales mejoró ya que el año pasado sólo nueve no se utilizaron y durante 2016, fueron cuatro mil 470 no usados por dos motivos: porque los niños de entre 8 y 11 años de edad no supieron cómo gastarlos y porque los profesores no los recogieron.

Aunque Núñez Bespalova resalta la creación del programa FILIJ a la vista, la opinión del profesor Rogelio Nava, quien labora en la Secundaria General No. 308 Nochcalco, ubicada en el pueblo San Jerónimo Miacatlán de la alcaldía Milpa Alta,  es que se necesitan mediadores que expliquen a los jóvenes los diversos géneros literarios.

“Me gustó mucho la experiencia de ir a la FILIJ. Me gustaría que dentro de la organización de la feria hubiera dos monitores que nos apoyaran por grupo, para que nos ayuden a hacer el recorrido y para que los alumnos vayan conociendo los diferentes tipos de lectura que ofrece la feria”, comenta el encargado de llevar a 150 alumnos de ese plantel a la FILIJ el año pasado.

Sobre el apoyo con los vales, Rogelio Nava señala que es una gran ayuda a pesar de que los alumnos bromeaban de ser muy poquito dinero. “Decían que era poquito, pero ya sabe cómo son los niños. También me gustaría que hubiera más descuentos para los alumnos, por ejemplo, si algún libro cuesta en una librería 200 pesos estaría bien que tuviera un buen descuento para los estudiantes”.

¿No había descuentos cuando fue?, se le pregunta. “Sí, en algunos stands había descuentos, pero en otros era el precio normal”.

En la Secundaria General No. 308 Nochcalco, explica, existen cinco grupos por grado y, en general, es un estudiantado procedente de familias de bajos recursos, además —añade— no existe una librería o biblioteca cercana a la escuela.

“La escuela cuenta con una pequeña biblioteca, en los alrededores; tenemos una pequeñísima biblioteca y a 20 minutos está una biblioteca grande para que vayan los alumnos”, señala.

Sobre la biblioteca escolar, Rogelio Nava asegura que este año apenas ellos compraron algunos libros para aumentar la oferta a sus alumnos, “pero faltan muchos más libros para tener una gran variedad de lecturas”.

MEJOR ORGANIZACIÓN. La experiencia de la maestra María del Socorro Méndez de la Secundaria Diurna No. 26 Francisco I. Madero ubicada en la colonia San Rafael de la alcaldía Cuauhtémoc, fue buena con los vales a pesar del “mal sabor de boca” que le dejó la organización de la FILIJ.

“He asistido de manera personal a la feria con mis hijos y esposo. Cada año vamos desde que estaba en el Centro Nacional de las Artes (Cenart). Desde hace unos años tenía la idea de llevar a mis alumnos hasta que el año pasado los directivos del plantel me dieron las facilidades”, platica.

Después de ponerse en contacto con los organizadores de la FILIJ vía correo electrónico, se le indicó a María del Socorro Méndez llevar a un grupo de 150 alumnos y llevó a los estudiantes de primer grado.

“Visitamos la feria pero no tuve una buena experiencia y se lo dije en su momento a los organizadores. Regresé con un mal sabor de boca. Decidí llevar a mis alumnos porque ya tenía la experiencia de ir como público y me había parecido excelente. Pero en esa ocasión creo que mi error fue programar mi visita el día de la inauguración”, opina.

La profesora llegó a la conclusión que en caso de acudir este año, agendará la visita en cualquier día, menos el primero.

“Estaba todo caótico, entiendo que fue parte de la organización y me pareció que fue una falta de respeto porque teníamos actividades programadas y no se llevaron a cabo. Nos llevaron a otros lados, por donde podían, la cuestión de logística de la FILIJ estaba mal, pero quiero pensar que fue por ser el primer día”, comenta.

¿Qué mejora propondría?, se le pregunta. “No organizar visitas de escuelas para el día de la inauguración. Repito, yo les hice saber a la FILIJ en su momento, me quejé, les mandé un correo y les sugerí que si por cuestión de logística es complicado, entonces que para la inauguración no programen visitas”, responde.

—¿Qué actividades ya no pudieron hacer sus alumnos?

—Teníamos asignados dos talleres, ninguno de los dos hicimos. Hicieron otras actividades que nos propusieron. Unos grupos sí hicieron un taller porque se adelantaron una hora pero el resto nos quedamos esperando, estuvimos en el Foro de Madera en donde presentaron cuentacuentos pero era para un público de edad menor. La idea de haber programado la visita es que sus actividades estuvieran enfocadas en los alumnos de las edades que yo llevaba.

Pese a ese incidente, añade, sus alumnos estuvieron contentos. “Fue una experiencia nueva y diferente. Hubo alumnos que no sabían que existía este tipo de actividades porque a veces no se le da la difusión que debería. Esa experiencia fue enriquecedora, me dijeron que pudieron comprar sus libros con los vales que les dieron”.

Sobre cómo sus alumnos eligieron los libros, la profesora Méndez platica que fue sin asesoría, únicamente ellos se basaron en sus gustos.

“Fue la parte buena de la experiencia, ellos buscaron sus libros, más que nada en este momento les interesan en los cómics y literatura coreana, estaban fascinados con eso. Les dije que eligieran a su gusto porque la lectura no la podemos obligar; sí, nuestra función es orientarlos pero primero parto de sus necesidades e intereses, ya con eso vamos despertando la curiosidad por la lectura”, indica.

—¿Cómo les repartieron los vales?

—Fue un vale por alumno y los maestros no sabíamos que les entregarían esos cupones. Después de programar la actividad nos enteramos de eso mediante un correo, ahí decían que nos iban a dar un cupón para que los alumnos pudieran comprar sus libros.

“Ésta es una manera de incentivar porque aunque dicen que los libros no son caros, sí lo son en su mayoría, entiendo que a veces los alumnos gastan el dinero en otras cosas pero el vale fue una buena manera de motivarlos. Recuerdo que unos me dijeron: con estos 100 pesos ya puedo completar, e incluso hubo quienes juntaron sus vales, más el dinero que llevaban y compraron un libro que se turnarían por semana. Vi que fue una herramienta que los entusiasmó mucho”, narra.

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