Morena y su democracia colérica

Juan Manuel Asai

Los activistas de Morena tienen mayoría en el Congreso. Son el nuevo partido hegemónico, casi único. El PRI del siglo XXI. Por su larga tradición de derrotas, el impulso natural de los activistas es actuar como oposición, aunque estén al mando. Gritos, amenazas, sombrerazos, consignas emanan de las inmensas bancadas de Morena. ¿A quién le gritan, a quién tratan de intimidar? En el presídium están Muñoz Ledo, Batres y Dolores Padierna, que de seguro también se sienten incómodos por no poder interpelar a nadie. Batres, que cuando era joven le lanzaba pedradas a los granaderos, se tiene que contener para no aventarle algo a Muñoz Ledo, aunque sean bolitas de papel.

El viejo Porfirio, azorado, pide a los suyos que no ­inauguren la etapa de la democracia colérica. Ahora son ellos los que tienen que llamar a la calma, pues tienen el control total del inmueble. No se sorprenda el lector que Morena, para celebrar la victoria, haga un plantón en San Lázaro. Eso les sale natural, lo de gobernar no.

 ¿Cómo llegamos a esto? Los ciudadanos quisieron machacar al PRI y tuvieron como resultado un PRI recargado. ¿Cuántos de los actuales senadores y diputados de Morena hubieran llegado al Congreso por sus propios méritos sin colgarse de AMLO? Casi ninguno. Los ­activistas de Morena saben que llegaron al Congreso por obra y gracia de Andrés Manuel. De modo que no fue tan raro, aunque sí penoso, que el otro día se la pasaran gritando que es un honor estar con Obrador, con lo que la división entre poderes de la Unión se ha esfumado. Ellos están ahí por él, ésa es la realidad.

Sus rivales tienen microbancadas. Su adversario más íntimo, el PRD, del que muchos de ellos se desprenden, es ahora un partido de la chiquillada. El problema real de las bancadas de Morena será mantener la calma y no comenzar a pelearse entre ellos. Pueden fracturarse, pues en su interior hay de todo. Una de las claves de la victoria de AMLO fue evitar, con destreza, cualquier definición ideológica durante la pasada ­campaña. Como el objetivo era sumar votos, metió al mismo saco a grupos con antecedes comunistas, con pastores evangélicos, devotos del Yunque, panistas vergonzantes, perredistas desleales, priistas, literalmente de todo, juntos y revueltos.

El problema se hará visible cuando tengan de instrumentar políticas públicas. Ya se vieron los primeros desacuerdos. Olga Sánchez Cordero, que será senadora unos meses, pues está designada como nueva secretaria de Gobernación, puso sobre la mesa propuestas de una agenda de izquierda como la interrupción legal del embarazo, la despenalización de las drogas, la muerte digna y las modelos familiares alternativos. Suena bien, pero para algunos grupos que acompañaron a Obrador en la campaña es un sacrilegio. Por eso surgió el CitizenGo México, que quiere detener a Sánchez y dice, con razón, que esos temas no fueron nunca temas de campaña. No lo fueron. La campaña se basó en la lucha contra la corrupción, austeridad y en la oferta de dinero en efectivo para todos, nada de aborto o matrimonios igualitarios.

Cuando esos temas suban a la tribuna, entonces emergerá el monstruo de las mil cabezas que hay en esas bancadas colosales. Mientras eso ocurre, Morena tratará de procesar su triunfo, asumir que ahora ellos tendrán en su mano todos los temas controvertidos de la agenda como los desaparecidos, los normalistas, la reconstrucción, las drogas, la relación con Trump, con Maduro, todo. Que alguien les recuerde que ganaron por paliza. Un gran poder genera una gran responsabilidad.


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@soycamachojuan

 

 

 

 

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